Ecuador ENDEMAIN 2004 Informe Final ENCUESTA NACIONAL DE DEMOGRAFÍA Y SALUD MATERNA E INFANTIL Part II

Publication date: 2005

10. Factores que influyen en la búsqueda de atención para el parto y las complicaciones obstétricas ] A nivel internacional se estima que dos de los factores más relacionados con la muerte o la supervivencia materna son el lugar del parto y las decisiones de la parturienta y su familia sobre dónde recurrir en caso de una complicación durante el embarazo, el parto o el puerperio. Se estima también que hay menos riesgo tanto para la madre, como para el recién nacido con un parto institucional que con uno domiciliario. Si bien en el Ecuador el 78.5 por ciento de los partos a nivel nacional se dan en establecimientos de salud, la tasa de partos institucionales disminuye hasta alrededor del 50 por ciento o menos en unas provincias (Cuadro 10.1) y hasta menos del 35 por ciento en algunos estratos poblacionales (Cuadro 10.2). El parto domiciliario a nivel nacional alcanza el 20.5 por ciento, lo cual revela notables limitaciones para una atención profesional adecuada (Gráfico 10.1). En el área rural, el parto domiciliario asciende al 38.2 por ciento y aún más en el área rural de la Sierra (44.8%). Son así mismo deficitarias las provincias de Bolívar (53.9%) y Chimborazo (47.3%), la población indígena (65.1%), las mujeres sin instrucción (58.4%) y las madres con 6 ó más hijos (48.5%). Lugar del parto, según área, grupo étnico y quintil económico El propósito de este capítulo es indagar sobre los factores que influyen en las decisiones de las parturientas y sus familias sobre dónde dar a luz y dónde recurrir en caso de una complicación percibida. Se trata de un módulo nuevo, incluido por primera vez en la ENDEMAIN 2004. Este módulo fue aplicado a mujeres que dieron a luz su último(a) hijo(a) a partir de enero del 2002. El capítulo se divide en cuatro secciones: la primera abarca temas pertinentes a los partos institucionales y la segunda a temas pertinentes a los partos domiciliarios. La tercera incluye datos relacionados con quiénes participaron en la decisión sobre dónde dar a luz y la intención de la mujer en cuanto al lugar en el que daría a luz en un próximo embarazo, si lo hubiera. La cuarta está dedicada a la búsqueda de atención al momento de percibir una complicación obstétrica. Esta sección tiene como propósito entender mejor las razones por las cuales las parturientas decidieron ir a un establecimiento de salud para dar a luz y sus apreciaciones de la atención recibida. Puesto que una mujer embarazada pudiera haber ido a un establecimiento de salud no solamente por voluntad sino por emergencia o presión familiar, se les preguntó las razones por las cuales fueron y, además, lo que les pareció bueno de dar a luz en el establecimiento seleccionado y lo que podría mejorarse. 10.1 Partos institucionales ]]] � Gráfico 10.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 203 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN Para no anticipar o pre-juzgar las posibles razones de haber escogido un establecimiento, se aplicaron estas preguntas en forma abierta, con opción de hasta tres respuestas. Luego de ingresar las respuestas textuales de las entrevistadas, se las codificó según el tema y, en el caso de tener muchos temas, se los agrupó en categorías más generales. Por ejemplo, en la pregunta sobre las razones por las cuales escogieron un establecimiento, se agruparon bajo la categoría “Factores económicos” respuestas como “Por la situación económica”, “En el hospital no se paga nada”, y “Lo que dan pañales y medicamentos gratis”. Para distinguirlas claramente del resto del texto a través del capítulo, estas categorías aparecen en cursiva, entre comillas (“ ”), y con la primera letra en mayúscula. A nivel nacional, la economía es la razón principal por la que las entrevistadas seleccionaron el establecimiento en el cual dieron a luz. Este factor fue expresado por 34.4 por ciento de las mujeres encuestadas (Cuadro 10.3). Dentro de la categoría de “Factores económicos” caben respuestas que dejan ver la importancia de recibir bienes y servicios, sin tener que pagar. Lo que sigue es “Confianza con el personal de salud o con el establecimiento”, expresado por un 23.2 por ciento de las encuestadas. Este factor destaca la importancia de la calidez y el trato humano a las parturientas; dentro de esta categoría entran respuestas como: “Le recomendaron amigos y familiares” e inclusive “Un familiar trabaja allí”. La percepción de la capacidad del establecimiento para manejar y resolver complicaciones y emergencias también parece ser un factor de selección importante, tal como indica el porcentaje de mujeres que señalan “Atención de emergencia”, “Seguridad en caso de una complicación”, y “Personal capacitado o experimentado”. Juntos, estos tres factores fueron manifestados como criterios de selección por un 34.5 por ciento de las encuestadas, llegando a ser de igual importancia que el factor económico. Se destaca también que, a nivel nacional, el 14.1 por ciento de las encuestadas se refirió a la “Atención de emergencia” como la razón por la cual fue al establecimiento en el cual fue atendida. No queda siempre claro si las que mencionan este factor tenían la intención previa de dar a luz en casa, pero algunas respuestas indican que el parto empezó en casa y terminó en un establecimiento solamente después de haber surgido una complicación, por ejemplo: “No pudo dar a luz con partera, le llevaron a emergencia”, “No avanzó a dar a luz en casa”. Es notable que “Factores económicos” es más señalado en las áreas urbanas que en las rurales y más en la Costa que en la Sierra (Cuadro 10.4). Además, se presenta mucho más fuerte entre las parturientas que dieron a luz en los establecimientos del MSP o los privados sin fines de lucro, que entre las que usaron otros públicos, o privados con fines de lucro (Cuadro 10.5). Los factores de “Confianza” y “Buena atención” también salen más en las áreas urbanas, mientras los de “Atención de emergencia” o “Más seguro en caso de una complicación” se dan en las áreas rurales. La confianza parece tener más peso entre las usuarias de los establecimientos privados antes que de los públicos; así mismo, parece tener una relación estrecha con el nivel de instrucción y quintil económico, y una relación inversa con grupo étnico y paridad. “Atención de emergencia” tiene más peso entre las parturientas con menor nivel de instrucción y dentro de la población indígena, lo cual tiene sentido ya que ambas están más propensas al parto domiciliario (Cuadros 10.2 y 10.5). En cuanto a lo bueno de haber dado a luz en el establecimiento al cual asistió, destaca claramente el “Personal pendiente, buena atención” enunciado por 57.9 por ciento a nivel nacional (Cuadro 10.6). Esta categoría comprende la percepción de una atención rápida, oportuna, de buena calidad técnica y con una preocupación constante por el bienestar de la parturienta y el recién nacido. En segundo lugar, pero a una distancia importante, viene “Amabilidad del personal y buen trato a las pacientes”, mencionado por un 17.0 por ciento de las encuestadas. Esta categoría se diferencia de la primera en el sentido de referirse más a las relaciones interpersonales y a la calidez humana, antes que a la eficiencia o la calidad técnica de la atención. Comentarios ilustrativos incluyen: “Tiene paciencia el médico” y “Le dan ánimo para estar tranquila en el momento del parto”. Como es de esperar, el bajo costo de la atención (Factores económicos) es más predominante en las áreas rurales que en las urbanas (Cuadro 10.7), pero varía considerablemente por provincias, alcanzando su mayor nivel en El Oro (23.1%), Carchi (20.8%) y Cañar (20.3%), y su menor nivel en Imbabura (6.8%), Loja (9.8%), Los Ríos (10.2%) y Cotopaxi (10.7%). Lo contrario se ve en cuanto al “Personal calificado”, considerado por el 12.0 por ciento en las áreas urbanas y 7.6 por ciento en las rurales, el mismo que a nivel provincial oscila entre 2.3 por ciento en Imbabura y 19.2 por ciento en Manabí. “Buen aseo” como factor positivo es más resaltado en la región Insular y la Sierra (15.1% y 11.6%, respectivamente) que en la Costa y la Amazonía (8.6% y 8.3%, en ese orden). Asciende a 20.7 por ciento en Chimborazo y desciende a 4.4 en Esmeraldas y a 4.9 por ciento en Cotopaxi. 10.1.2 Percepciones de lo bueno de dar a luz en el establecimiento en el cual fue atendida ] 10.1.1 Razones por las cuales decidió ir al establecimiento en el cual dio a luz ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 204 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS Como se aprecia en el Cuadro 10.8, el factor de “Personal pendiente, buena atención”, es ligeramente más elevado (62.8%) en los establecimientos de salud privados con fines de lucro, en comparación con el resto de los establecimientos. Además desciende a casi la mitad en las mujeres que no tienen ninguna instrucción (38.4%). La “Amabilidad del personal y el buen trato” ha sido mayormente percibida por las madres solteras y por las que tienen un solo hijo, en un 28.1 y 20.5 por ciento, respectivamente, a diferencia de las mujeres con 6 o más hijos que apenas alcanzan un 10.1 por ciento. “Factores económicos” les parecieron bueno a las mujeres que dieron a luz en un establecimiento del MSP en un 19.4 por ciento, así como también a aquellas que tienen 6 ó más hijos (27.3%). La importancia de este factor tiene un comportamiento inverso en relación a los quintiles económicos, puesto que en el quintil 1 (más pobre) inicia con un 19.6 por ciento y decrece a un 6.6 por ciento en las mujeres del quintil 5 (más rico). Por otro lado, el “Personal capacitado” es un factor que es más percibido en las mujeres que asistieron a dar a luz en establecimientos públicos diferentes al MSP, el mismo que incrementa su importancia en las mujeres con un mayor nivel de instrucción desde un 4.8 por ciento hasta un 13.0 por ciento. De las mujeres que dieron a luz a partir de enero del 2002, a nivel nacional, el 32.9 por ciento asevera que “No hay que mejorar nada, todo estuvo bien” con respecto a la atención que recibieron (Cuadro 10.9). Sin embargo, es preciso destacar que esta respuesta está muy relacionada con el tipo de establecimiento en el cual fue atendida la entrevistada; es mencionado por el 50.0 por ciento de las parturientas atendidas en establecimientos privados con fines de lucro y apenas 17.6 por ciento de las atendidas en establecimientos públicos que no sean del MSP (Cuadro 10.10). Entre los aspectos de atención que se debe mejorar, 18.9 por ciento de las encuestadas a nivel nacional, manifiesta la importancia de “Tener todo lo necesario” en cuanto a infraestructura, equipos, insumos y medicamentos, como por ejemplo: “Falta equipo para cesárea” y “No hay anestesia para el parto”. La “Mejor atención al paciente” tiene un peso casi igual, puesto que es expresado por 18.8 por ciento de las encuestadas, con expresiones como: “Que atiendan rápido al paciente”, “Que los médicos den más atención a los recién nacidos”, “Que los doctores permanezcan más en las noches”, “Que las enfermeras estén atentas y no durmiendo”, “Que den explicación para atender al bebé” y “Atender las inquietudes que uno tiene”. “Buen trato y amabilidad” es considerado, como un aspecto de atención que se debe mejorar, por 16.0 por ciento de las encuestadas a nivel nacional pero alcanza a 26.5 por ciento entre las mujeres atendidas en establecimientos privados sin fines de lucro y 19.8 por ciento entre las atendidas por el MSP (Cuadro 10.10). Así mismo, es mencionado por casi una tercera parte de las madres indígenas (27.6%). Comentarios representativos incluyen: “Preocuparse más de la atención en lo humano”, “Algunas enfermeras se portaban groseras”, “Ser más pacientes con las personas”, y “Mejorar el trato hacia las indígenas, no despreciarlas”. Cabe destacar que apenas 3.8 por ciento de las encuestadas atendidas en establecimientos privados con fines de lucro señala buen trato y amabilidad como una deficiencia en la atención. La Ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia (LMGYAI) de Ecuador garantiza a toda mujer ecuatoriana “Una atención básica y gratuita de salud, orientada a la reducción de la mortalidad materno-infantil”. Esta Ley comprende la prestación de servicios “Gratuitos y de calidad” durante el embarazo, el parto y el postparto, a través de los establecimientos del MSP. En este contexto, la cifra más sobresaliente en cuanto a gastos durante el parto es que el 28.0 por ciento de las mujeres atendidas por el MSP reporta haber pagado la atención y el 26.1 por ciento reporta haber tenido que comprar insumos o medicamentos (Cuadro 10.13 y Gráfico 10.2). El 44.7 por ciento de las entrevistadas atendidas por el MSP afirman no haber tenido que hacer ningún gasto, lo cual señala que la Ley de Maternidad Gratuita todavía no se cumple en la mayoría de los casos. Cabe destacar que el 79.2 por ciento de las atendidas por el MSP asevera estar conforme con el gasto, lo cual puede indicar que la mayoría de la población o no está al tanto de su derecho a la atención gratuita o realmente no espera recibirla a pesar de lo que garantiza la Ley. En el quintil económico más pobre, el 33.7 por ciento de las encuestadas reporta no haber hecho ningún gasto, mientras en el quintil 2 (segundo más pobre) la cifra alcanza el 28.4 por ciento. El Cuadro 10.14 muestra a nivel nacional la diferencia en gastos reportados y la conformidad con estos gastos de acuerdo al lugar del parto (institucional o domiciliario). 10.1.4 Gastos para la atención obstétrica ] 10.1.3 Aspectos que deberían mejorar en el establecimiento en el cual dieron a luz ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 205 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN Gastos para la atención del parto o para los insumos o medicamentos, según lugar del parto Con respecto al tiempo esperado para ser atendida, no se evaluó la cantidad de tiempo que esperó la mujer, sino la percepción que ella tuvo frente a ese tiempo, puesto que lo que para una puede ser mucho, para otra puede ser poco, aunque el tiempo real sea igual. Como se aprecia en el Cuadro 10.15, a nivel nacional el 13.2 por ciento de las entrevistadas percibió haber esperado mucho tiempo mientras el 77.0 por ciento reporta haber esperado poco tiempo o haber sido atendida inmediatamente. La región Insular, la ciudad de Quito y las provincias de Carchi e Imbabura son las que mayores porcentajes registran de percepción de mucho tiempo esperado para ser atendidas, con un 20.8, 19.5, 19.3 y 18.5 por ciento, en ese orden. En las provincias de Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y en la Amazonía, la percepción de las mujeres del tiempo esperado para ser atendidas es baja y se registran los más altos porcentajes de atención inmediata en el 75.1, 71.3, 69.4 y 67.3 por ciento respectivamente. Desde la óptica de características seleccionadas (Cuadro 10.16), las parturientas atendidas en establecimientos del MSP son las que más reportan haber esperado mucho tiempo (17.4%). Así mismo, más parturientas indígenas percibieron haber esperado mucho tiempo (19.8%) antes que las mestizas y las de otros grupos étnicos (12.9% y 12.4%, respectivamente). Esta sección abarca razones por las cuales algunas parturientas decidieron dar a luz en casa y lo que les pareció bueno de haberlo hecho. Igual que en la sección anterior, se aplicaron las dos preguntas para tomar en cuenta la posibilidad de que, a pesar de haber querido ir a un establecimiento de salud, una parturienta pudiera haber dado a luz en casa por falta de tiempo u otras razones fuera de su voluntad. De igual manera, se aplicaron preguntas abiertas para no limitar el rango o contenido de las posibles respuestas, y luego se las codificó y se las agrupó en categorías. Entre las encuestadas que dieron a luz en casa a su último hijo(a), la primera razón a nivel nacional fue “Por costumbre”, mencionada por un 37.4 por ciento de las parturientas (Cuadro 10.17 y Gráfico 10.3). De las mujeres que contestaron así, la gran mayoría no aclaró más lo que para ellas significa “Por costumbre”, siendo comentarios típicos: “Somos acostumbradas a dar a luz en casa”, “Costumbre de todas las mujeres de la comunidad”, “Por que siempre la familia da a luz en casa”, y “Tradición”. Una minoría agregó que no le hacía falta otro tipo de atención, manifestando, por ejemplo, que no consideró necesario ir a un establecimiento de salud porque durante el embarazo no tuvo problemas. 10.2.1 Razones por las cuales decidió dar a luz en casa ] 10.2 Partos domiciliarios ]]] 10.1.5 Percepción del tiempo esperado para ser atendida ] 26.1 38.4 � Gráfico 10.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 206 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS La respuesta “Por costumbre” se evidencia más frecuentemente en las áreas rurales que en las urbanas y más en la Sierra que en otras regiones del país (Cuadro 10.18). A nivel provincial, es más señalada en Bolívar (57.1%), Cotopaxi (56.5%), Esmeraldas (51.3%) y Chimborazo (50.0%) y menos en Guayas y Carchi (15.4% y 17.2%, respectivamente). También, guarda una fuerte relación con el grupo de edad, siendo expresada dos veces más por mujeres de 35 a 49 años de edad que por las de 25 años o menos (Cuadro 10.19). La correlación con nivel educativo es inversa, puesto que es señalado por casi 53 por ciento de las mujeres sin instrucción y va bajando sucesivamente con cada estrato educativo hasta llegar al 26.2 por ciento de las mujeres con secundaria completa o más. La correlación con paridad es similar. El 29.0 por ciento se refirió a “Factores económicos” (“No tenía dinero para ir a una clínica u hospital”, “Más barato”, “Por la pobreza, no hay plata”) como motivo para haberse quedado en casa. Se evidencia una relación directa con el grupo de edad e inversa con nivel educativo. Además, es mencionado por un 9 por ciento más de las parturientas mestizas (32.7%) que las indígenas (23.7%). Se estima por un 25.8 por ciento de las encuestadas, la existencia de “Barreras para llegar” al establecimiento de salud, sean físicas o sociales, como un motivo para dar a luz en casa: aquí se encuentran expresiones como: “Era de noche”, “Estaba lloviendo y no había transporte”, “No entraba carro en invierno”, “Vivía muy lejos”, “No me quisieron mandar al hospital mi familia”, y “No había quien me lleve”. Como es de esperar, este factor se destaca más en áreas rurales, siendo más afectadas las provincias de Cañar, Imbabura, Carchi y Bolívar. Asimismo es más expresado por mujeres indígenas y otras, que por mestizas. Casi igual importancia tiene un “Mal concepto del establecimiento”, lo cual opina un 24.6 por ciento de las encuestadas. En esta categoría entran una variedad de factores distintos: maltrato por parte del personal de salud, vergüenza de ser examinada por muchas personas o no tener privacidad (en la casa “No hay mucha gente en el momento del parto”), miedo de algún procedimiento o posible percance (“Hacen tacto”, “Dicen que les parten la barriga”, “Dicen que se roban los niños” “Temor que le desgarren en la vagina”), miedo de tener que esperar mucho (“Dicen que los médicos no atienden rápido”) o falta de confianza en el personal o en el establecimiento. Es notable que el “Mal concepto del establecimiento” es mencionado con mucha más frecuencia en las áreas urbanas (50.5%) que en las rurales (19.8%) y mucho más en la Costa (40.3%) que en la Sierra (18.4%) o la Amazonía (17.7%). Parece alcanzar su mayor nivel en las provincias de Guayas y Carchi (53.9% y 41.4%, respectivamente), pero hay que tomar en cuenta que en estas provincias existen muy pocos casos de partos domiciliarios. Cabe resaltar, que este factor, influye más en las mujeres del grupo étnico “otro” (36.1%) seguida por las mestizas (27.2%), y parece tener menos importancia para las indígenas (17.5%). Una minoría (10.5%) asevera sentir “Más seguridad y confianza en casa”, ya sea por la presencia de sus familiares o por las ventajas que encuentra en su entorno: “Está acompañada de esposo”, “Ayuda la mamá”, “Tenía una partera conocida”, “Tiene seguridad en la casa por lo íntimo, no le ven ajenos”, “Confianza con la familia”, “En el campo es más tranquilo para dar a luz”. Este factor se manifiesta casi tres veces más en la Costa (18.5%) que en la Sierra (6.8%) y tiene un peso especialmente fuerte en las zonas rurales de la Costa (20.3%). También es más significativo en las mujeres del grupo étnico “otro” con un 18.4 por ciento, que corresponde a etnia negra o blanca, seguidas por las mestizas (10.3%) e indígenas (8.9%). Razones por las cuales se decidió dar a luz en la casa � Gráfico 10.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 207 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN Al momento de hablar de lo bueno de dar a luz en casa, los temas de confianza, buen trato, e inclusive prácticas culturales, se vuelven mucho más importantes. A nivel nacional, de las mujeres que dieron a luz a su último(a) hijo(a) en casa, un 43.9 por ciento expresa “Confianza en el ambiente, en los familiares y en la partera” (Cuadro 10.20). Algunas manifiestan que en el establecimiento de salud les dejan solas, mientras en la casa están rodeadas de familiares que brindan apoyo emocional. Otras apuntan al parto como un evento central en la vida familiar: “Estaban todos reunidos y pendientes del bebé”. También dicen que el parto se da más rápido en casa y “Con más delicadeza”. Finalmente destacan la importancia de la confianza que tienen en la partera que es una persona conocida. La “Confianza” es más predominante en las provincias de Imbabura (70.6%), Esmeraldas (60.3%) y Pichincha (51.9%). Prosigue el tema de “Buen trato de familiares y de la partera”, enunciado a nivel nacional por el 23.5 por ciento de las mujeres con partos domiciliarios. De acuerdo a las respuestas obtenidas de las encuestadas, se ve que hay dos aspectos del buen trato: uno tiene que ver con la partera, el otro con la atención familiar. En cuanto al primero, califican la partera de “Buena”, “Pendiente”, y “Más comprensiva”, también dicen que ayuda más con el dolor y “Le acomoda bonito para dar a luz”. En cuanto al segundo, hacen contraste con la atención que piensan poder recibir en un establecimiento de salud: “Nadie me habla ni me trata mal”, “Mi esposo me cuida, cocina, me baña, todo”. El “Buen trato” es más expresado en Cañar y Azuay (43.5% y 43.3%, respectivamente) y en menor magnitud en Guayas y Carchi (5.1% y 6.9%, en su orden). Así mismo es más mencionado por las mujeres divorciadas/separadas/viudas (44.8%) y las solteras (32.7%) que las unidas (18.1%) y las casadas (21.9%). En cuanto a la importancia de “Confianza” y “Buen trato”, se observa, relativamente poca variación según edad, nivel de instrucción, estado civil, paridad y estado socioeconómico (Cuadro 10.22). Se nota un pequeño aumento en el porcentaje entre las encuestadas caracterizadas como grupo étnico “otro”. El factor de “Practicar costumbres, tradiciones” es mencionado por el 15.1 por ciento de las mujeres con partos domiciliarios. Dentro de esta categoría entran: la posición del parto (“Hay como hacer fuerza, tiene donde cogerse”, “Da a luz a rodillas, acostada no puede”) comida sana (“Le dan de comer gallina”), aguas aromáticas, y factores del entorno casero (“En la casa no se levantan pronto, mientras que en el hospital sí”, “No llega el viento”, “Es caliente en la casa, en el hospital frío”). Se puede ver que el “Practicar costumbres” parece ser más trascendente en las áreas urbanas que en las rurales de la Costa, mientras se da lo opuesto en la Sierra. Predomina este aspecto en Guayas con el 23.1 por ciento, comparado al 15.1 por ciento a nivel nacional. Es quizás inesperado que se le refleje poco en Imbabura (2.0%) y Chimborazo (5.0%) a pesar de tener estas provincias una población indígena muy considerable. Se nota que es más significativo entre las mujeres de 35 años en adelante que en los grupos de edad de 34 años para abajo, y también en el grupo étnico “otro” (24.5%) comparado a las indígenas y las mestizas. Es notable la incidencia entre divorciadas, separadas y viudas (26.1%). La categoría de “Prácticas del hospital que no les gustan” es enunciada por el 14.5 por ciento y abarca tres temas. El primero tiene que ver con miedo de procedimientos médicos tales como la cesárea y la episiotomía innecesaria. El segundo está relacionada con la separación de la madre y el bebé (en la casa “Le dan inmediato a la niña”) y el tercero con la falta de privacidad (“No muestra el cuerpo a los doctores”, “Que no le toquen otras personas”, “Ahí hay mucha gente, el parto no es película”). Sobresale más en las áreas urbanas de la Costa (30.0%); sin embargo un mayor porcentaje las señala en Chimborazo (32.5%) que en cualquier otra provincia, seguido por Guayas (28.2%). Las mujeres que tienen 6 ó más hijos, son quienes otorgan mayor valor a la ausencia de prácticas desagradables del hospital en un 21.4 por ciento. Aunque economía fue el segundo factor más importante en cuanto a por qué dar a luz en casa (Cuadro 10.17), tiene menos trascendencia al momento de relatar lo bueno de haberlo hecho, alcanzando el 29 por ciento en la primera instancia, pero menos del 15 por ciento en la segunda. Finalmente, cabe resaltar que un 11.3 por ciento asevera que “No hay nada de bueno” de haber dado a luz en casa, pudiendo ser quienes se vieron obligadas a hacerlo por problemas económicos o porque existieron circunstancias o barreras que les impidieron llegar a un establecimiento de salud. Las encuestadas de Imbabura y Esmeraldas son las menos propensas a decir “Nada de bueno” en cuanto al parto en casa. Así mismo, existe una mayor tendencia en las mujeres mestizas, a decir que “No hay nada de bueno”, con más del doble el porcentaje (14.8%) en relación con las mujeres indígenas (7.2%) y casi cuatro veces comparado a las de otras etnias ( 3.6%). La misma relación se da en cuanto a grupos de edad; alrededor del 12.5 por ciento de las menores de 35 años contestan así, comparado con 4.0 por ciento de las de 35 años en adelante. 10.2.2 Percepciones de lo bueno de dar a luz en casa ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 208 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS Entre las encuestadas con partos domiciliarios, la mayoría fue atendida por parteras tradicionales (47.0%) o por familiares (43.0%). Una notable proporción (7.3%) reporta haberse atendido por si sola, lo cual afecta la calidad de la atención. Hay muy pocos casos de atención por otros prestadores de servicios occidentales o tradicionales (Cuadro 10.23). En cuanto a quién participa en la decisión sobre dónde dar a luz, la parturienta y su esposo o pareja parece tener el mayor peso, puesto que esta combinación es expresada por 30.5 por ciento de las encuestadas (Cuadro 10.24). El 28.3 por ciento reporta que el esposo, conviviente o pareja tiene influencia en la decisión, y el 19.1 por ciento que la parturienta misma decide, mientras el 18.0 por ciento nombra a la madre de la parturienta y el 11.2 por ciento a otro familiar. Según se informa, la suegra interviene en el 6.3 por ciento de los casos. Sin embargo, es preciso destacar que las categorías no son mutuamente excluyentes, es decir, la encuestada pudo haber seleccionado varias personas que intervinieron en la decisión. Parece ser lo más común que influyan varios miembros de la familia, ya que cuando se separan las categorías para que sean con respuestas exclusivas, hay un descenso en el porcentaje de encuestadas que menciona cada una. Así mismo, un 24.8 por ciento de las encuestadas señala solamente la pareja (parturienta y esposo / conviviente) como fuente de influencia sobre la decisión de dónde dar a luz, mientras el 20.0 por ciento menciona únicamente el esposo o conviviente y el 13.7 por ciento solamente la parturienta. Es notable que, cuando se trata de una sola fuente de influencia, el esposo o conviviente parece intervenir en más oportunidades que la parturienta misma. Como es de esperar, la intención expresada sobre dónde dar a luz en un próximo embarazo está estrechamente relacionada con el lugar del último parto (Cuadros 10.1, 10.2, 10.25 y 10.26). El porcentaje de las encuestadas que expresan la intención de dar a luz tanto en casa como en un establecimiento de salud ha decaído, comparado a las cifras del último parto, debido al grado de indecisión respecto a un posible futuro embarazo, tal como indica el 13.2 por ciento que contesta “Depende / indecisa” o “No sabe / No responde” (Cuadro 10.25). Al igual que sucedió con las cifras del último parto, la intención de dar a luz en casa si volviera a embarazarse es más marcada en la Sierra rural (31.2%) y en la Amazonía (26.2%); tiene su menor acogida en la región Insular (0.0%) y en las ciudades de Quito y Guayaquil (3.5% y 3.8%, respectivamente). A nivel provincial, se observa que las encuestadas de Bolívar (42.8%) y Chimborazo (40.2%) muestran la mayor intención de dar a luz en casa, seguidas por las de Esmeraldas (35.2%) y Loja (32.7%). Las de El Oro en la Costa y Carchi en la Sierra, muestran la mayor decisión a favor del parto institucional en caso de volver a embarazarse (88.3%, en ambos lugares). Optar por un parto domiciliario en el futuro parece tener un decremento entre grupos de edad sucesivos, ya que este deseo se expresa en 6 por ciento menos en mujeres menores de 35 años que en las de 35-49 años (Cuadro 10.26). Se observa también una estrecha correlación entre paridad y lugar preferido para un futuro parto: el 38.3 por ciento de las gran multíparas (6 ó más hijos) muestra la preferencia por un parto domiciliario; esta cifra desciende paralelamente al número de hijos, hasta llegar a 9.8 por ciento de las primíparas. Se da la misma relación con la educación y el estado socioeconómico: a medida que aumenta el nivel de instrucción y el quintil económico, aumenta también el deseo de ser atendidas en un establecimiento de salud. En contraste, más de la mitad de las mujeres indígenas expresa la intención de optar por un parto domiciliario en el futuro (53.5%), mientras esta tendencia es mucho menos marcada entre mujeres de otros grupos étnicos. A nivel internacional, se sabe que hay cinco complicaciones obstétricas más asociadas con la muerte materna, siendo estas: la hemorragia, la hipertensión inducida por el embarazo (pre-eclampsia y eclampsia), la sepsis, el parto 10.4 Dónde recurrir en caso de una complicación obstétrica ]]] 10.3.2 Lugar dónde daría luz en el próximo embarazo, si lo hubiera ] 10.3.1 Quién(es) participó(aron) en la decisión sobre dónde dar a luz ] 10.3 Quiénes participan en la decisión de dónde dar a luz, e intenciones sobre dónde dar a luz en caso de volver a embarazarse ]]] 10.2.3 Persona o agente de salud que le atendió en casa ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 209 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN obstruido o prolongado, y las complicaciones post-aborto. Ya que estas son imprevisibles en la mayoría de los casos y pueden conducir rápidamente a la muerte, se ha desarrollado lo que se conoce como “el modelo de las tres demoras”, las mismas que impiden que la parturienta con una complicación reciba una atención médica oportuna: 1) la demora por parte de la parturienta o su familia en reconocer que hay una complicación y que es preciso buscar atención médica; 2) la demora en llegar a un establecimiento de salud con capacidad resolutiva; y 3) la demora en recibir atención adecuada una vez llegada al establecimiento. Las preguntas relacionadas a las complicaciones obstétricas en la ENDEMAIN 2004 tenían como objetivo recopilar información sobre una parte de la primera demora: la decisión sobre dónde recurrir primero al momento de percibir una complicación. Si la embarazada o parturienta va directamente a un establecimiento de salud, se pueden resolver hasta las complicaciones más graves en más de 90 por ciento de los casos, con tal que el establecimiento brinde un servicio adecuado. Caso contrario, si la parturienta o su familia demoran en ir, buscando primero la atención de proveedores tradicionales o intentando resolver el problema con remedios caseros, puede ser que fallezca antes de llegar, o inclusive, que muera dentro del establecimiento mismo por haber llegado muy tarde. A continuación se presentan datos de dos eventualidades distintas: una complicación percibida durante el embarazo y una complicación percibida durante el parto. En la primera instancia, se les aplicaron las preguntas a todas las mujeres que dieron a luz a su último(a) hijo(a) a partir de enero de 2002. En la segunda, se les aplicaron solamente a aquellas que tuvieron partos domiciliarios, puesto que, al surgir una complicación durante un parto institucional, la parturienta ya estaría dentro de un establecimiento de salud. Cabe destacar que con estas preguntas, no se pretende determinar tasas de complicaciones específicas, ya que sería casi imposible formular preguntas capaces de permitir un diagnóstico confiable. A nivel nacional, se observa que tres de cada cuatro mujeres (75.8%) que afirmaron haber identificado algún problema grave durante el embarazo, reportan haber acudido en primera instancia a un establecimiento de salud o donde un personal de salud, ya sea dentro o fuera de su casa (Cuadro 10.27 y Gráfico 10.4). Esta proporción se presenta mayormente en las mujeres que residen en el área urbana con un 82.6 por ciento y a nivel de provincias en El Oro (91.7%), Manabí (88.5%), y Guayas (84.2%). La segunda opción al momento de percibir un problema de salud, y con una gran diferencia de la primera, es quedarse en casa y/o usar remedios caseros; a nivel nacional, el 16.5 por ciento manifiesta haberlo hecho. Esta opción es más mencionada en las mujeres del área rural (25.6%) y en las provincias de Chimborazo y Bolívar (34.4% y 33.3%, respectivamente). La alternativa de quedarse en casa, está asociada íntimamente con ciertas características sociales como son el nivel educativo y el nivel económico de la madre (Cuadro 10.28); prevaleciendo en aquellas mujeres que no tienen ninguna instrucción y en los quintiles más pobres de la población; y disminuyendo a medida que estos niveles avanzan. Así mismo, tienden a recurrir primero a remedios caseros un porcentaje más alto de mujeres indígenas (41.8%), parturientas que dieron a luz en casa (41.6%) y grandes multíparas (33.3%). Hay una leve tendencia acudir a personal de salud tradicional entre los mismos estratos sociales. Se observa que muy pocas recurrieron a una farmacia o botica (1.9%), aunque esto ocurre con un poco más frecuencia en la Amazonía (5.1%) y en la provincia de Bolívar (4.3%). En cuanto a las complicaciones percibidas durante el parto, se encuentra que la principal alternativa manejada por las mujeres que tuvieron su último parto en casa, es la de quedarse en casa y/o usar remedios caseros, en un 45.7 por ciento y, en segunda instancia, la de acudir donde un personal tradicional al 31.2 por ciento (Cuadro 10.29 y Gráfico 10.4). La tendencia de quedarse en casa o recurrir a remedios caseros se nota más en mujeres de 35-49 años (56.6%), indígenas (58.4%), analfabetas (53.3%), solteras (53.4%) y más pobres (53.9%). En otras palabras, a nivel nacional, menos de 10 por ciento de las mujeres que percibieron una complicación durante un parto domiciliario acudió en la primera instancia a un establecimiento de salud. En áreas rurales el porcentaje desciende a solo el 7.3 por ciento, y baja aún más en mujeres de 35-49 años (5.6%), indígenas (5.3%), analfabetas (4.3%), y grandes multíparas (2.3%). Estos datos son muy preocupantes, ya que se sabe a nivel mundial que muchas muertes maternas se dan en casos de partos domiciliarios que se complican y que no son referidos oportunamente a un establecimiento de salud. 10.4.2 Dónde recurrió primero si percibió una complicación grave durante el parto ] 10.4.1 Dónde recurrió primero si percibió una complicación grave durante el embarazo ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 210 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS De acuerdo a la distribución geográfica, se ve que hay más tendencia a recurrir a remedios caseros en la Sierra (52.8%) y la Amazonía (51.4%), mientras que en la Costa, la primera opción es acudir donde un agente tradicional (46.3%), pero en todas las regiones menos de 15 por ciento reportó haber ido primero a un establecimiento de salud. Sin embargo, hay que tomar en cuenta la muestra reducida de partos domiciliarios tanto en la Costa como en la Amazonía. Toda esta situación se encuentra directamente vinculada con las condiciones sociales de la parturienta y principalmente con el nivel económico y de instrucción de la madre (Cuadro 10.30), puesto que a medida que mejora su situación económica y alcanza un mejor nivel de instrucción, aumenta la tendencia a acercarse a los establecimientos de salud o al personal de salud para la atención de las complicaciones percibidas durante el parto. Y Acciones realizadas al percibir complicaciones durante el embarazo y el parto � Gráfico 10.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 211 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 212 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 213 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 214 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.3 � Cuadro 10.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 215 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 216 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.6 � Cuadro 10.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 217 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 218 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.9 � Cuadro 10.10 NOTA : En este cuadro se presenta solamente las razones mencionadas por el 10% o más del total de mujeres entrevistadas. 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 219 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.11 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 220 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 221 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.13 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 222 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.14 � Cuadro 10.15 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 223 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 224 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.17 � Cuadro 10.18 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 225 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.19 � Cuadro 10.20 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 226 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.21 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 227 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.22 � Cuadro 10.23 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 228 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.24 � Cuadro 10.25 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 229 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.26 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 230 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.27 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 231 FACTORES QUE INFLUYEN EN LA BÚSQUEDA DE ATENCIÓN � Cuadro 10.28 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 232 PARA EL PARTO Y LAS COMPLICACIONES OBSTÉTRICAS � Cuadro 10.29 � Cuadro 10.30 11. Mortalidad Infantil y en la Niñez ] Las tasas de mortalidad infantil y mortalidad en la niñez se ubican entre los principales indicadores del nivel de desarrollo económico y social alcanzado por un país. Esta afirmación obedece a que el descenso de estas tasas está condicionado por el aumento en los niveles de educación de las madres, el nivel de urbanización, el acceso a los bienes y servicios, así como a los servicios de salud, incluyendo la calidad de los mismos. Al igual que en las encuestas anteriores, en la ENDEMAIN-2004 se obtuvo la historia de todos los nacimientos de cada una de las mujeres entrevistadas. Para cada nacimiento se obtuvo: la fecha de nacimiento, el sexo del niño, si está vivo o muerto, y si había muerto la edad al morir. Esta información permite estimar tasas de mortalidad para grupos de edad y períodos exactos. Para el presente análisis la mortalidad infantil (defunciones antes de un año cumplido), se divide en dos rangos de edad: la neonatal (0 a 28 días) y la postneonatal (de 29 días a 11 meses cumplidos). Las defunciones ocurridas de los 12 a los 59 meses cumplidos se clasifica como mortalidad en la niñez y las defunciones de menores de 5 años (0 a 59 meses) como mortalidad en menores de 5 años. La tasa de mortalidad infantil estimada para el período de 5 años entre julio de 1999 y junio de 2004 es de 29 muertes por mil nacidos vivos, casi igual a la tasa estimada para los 5 años previos a la ENDEMAIN-1999 (Cuadro 11.1). La mortalidad neonatal y postneonatal también se mantuvieron casi a los mismos niveles registrados por la encuesta anterior. La estabilidad en el nivel de mortalidad en los últimos 5 años interrumpe la tendencia de las últimas 4 encuestas entre 1987 y 1999 cuando la mortalidad infantil descendió de 58 a 30 muertes infantiles por 1.000 nacidos vivos (Gráfico 11.1). Entre las dos últimas encuestas la mortalidad en la niñez se redujo de 9 a 5 muertes por cada 1.000 niños(as) que sobrevivieron su primer año de vida, continuando la tendencia entre 1987 y 1999 cuando esta tasa bajó de 25 a 9 muertes por 1.000 nacidos vivos. Tendencia de la tasa de mortalidad infantil y en la niñez (ENDESA-1987 y ENDEMAIN-1989 a 2004) El Cuadro 11.2 muestra la tendencia de las últimas 3 encuestas con respecto a mortalidad infantil, según área de residencia, región y nivel de instrucción de la madre. La mortalidad en las áreas rurales mantiene su reducción de 52 entre 1989-1994 a 40 entre 1994-1999 y 32 entre 1999-2004, pero no hay un cambio en la mortalidad para � Gráfico 11.1 11.1 Niveles y tendencias de la mortalidad ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 MORTALIDAD INFANTIL Y EN LA NIÑEZ 233 áreas urbanas y posiblemente ha subido en los últimos 5 años de 22 a 28, no siendo esta diferencia significativa. Las regiones Sierra y Costa mantienen sus tasas a casi el mismo nivel de las encuesta de 1999 y 2004 (de 26 a 27 en la Costa y de 34 a 35 en la Sierra). De igual manera las tasas según nivel de instrucción de la madre son muy semejantes en estas dos encuestas. Los Cuadros 11.3 a 11.6, Gráficos 11.2 y 11.3 presentan diferenciales en la mortalidad según varias características. La mortalidad en todas las edades menores de 5 años es mayor para hijos(as) de madres indígenas que para hijos(as) de mestizas y lo es también para hijos(as) de madres sin instrucción. Casi no se observa una diferencia en mortalidad infantil según el quintil económico de los hogares, y la diferencia no es muy pronunciada para mortalidad en la niñez (Cuadro 11.3). Los valores en la mortalidad postneonatal son notables también en hijos(as) de madres indígenas y de sin instrucción. Tasa de mortalidad infantil, por provincia (Período 1994- 2004) El Cuadro 11.4 presenta diferencias para los últimos 5 años, según sexo del hijo(a), edad de la madre cuando nació, orden de nacimiento del hijo(a) y intervalo desde el nacimiento previo. Generalmente, se observa las diferencias esperadas basadas en la experiencia con otras encuestas en Ecuador y otros países. Lo más sorprendente es la diferencia en mortalidad infantil para hombres y mujeres (34 contra 25). Como es de esperar, la mortalidad es mayor para hijos(as) de madres de menor y mayor edad (36 si tiene menos de 20 años y 74 si tiene 40 o más años) y para niños(as) cuyos orden de nacimiento es mayor (49 si es orden 7 o más). Las diferencias según intervalo entre nacimientos no son muy pronunciadas. Estas diferencias indican que una reducción de los nacimientos en edad temprana o muy avanzada, la disminución de la paridad y un aumento de los intervalos intergenésicos, son factores que pueden contribuir al descenso de la mortalidad infantil. Como se ha visto en el capitulo 6 sobre fecundidad, no se evidencian cambios en fecundidad en los últimos 5 años, por lo que no deben esperarse reducciones en mortalidad infantil basados en estos factores. En el Cuadro 11.5 se presentan los diferenciales de la mortalidad infantil, neonatal y postneonatal, según algunas características del embarazo y del parto. Para estas características sólo se incluyen los nacidos vivos que ocurrieron entre julio de 1999 a junio de 2004. Se observan mayores niveles de mortalidad infantil para nacidos vivos de mujeres que no tuvieron atención prenatal y entre aquellos cuyo nacimiento fue atendido en casa. Se evidencia que � Gráfico 11.2 11.2 Diferenciales de la mortalidad ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 234 MORTALIDAD INFANTILY EN LA NIÑEZ los nacidos vivos cuyo peso al nacer no fue reportado y los que pesaron menos de 5.5 libras, tienen mucho más riesgo de morir antes de cumplir el primer año de edad que los que pesaron 5.5 libras o más (49 y 46 comparados con 18). Los nacimientos prematuros están asociados con mucho mayor riesgo de una muerte neonatal (109 por 1.000 comparado con 12 por 1.000 para nacimientos a tiempo), igual que la mortalidad infantil que sube drásticamente a 124 por 1.000 nacidos vivos si el parto fue prematuro. Considerando la calificación dada por la madre sobre el tamaño del niño(a) cuando nació, también hay mayor riesgo para niños pequeños o muy pequeños. Mortalidad infantil, según características seleccionadas Finalmente, el Cuadro 11.6 presenta estimaciones de mortalidad infantil y en la niñez para las provincias y regiones. Para este Cuadro se utiliza un período de 10 años (julio de 1994 a junio de 2004). Usando un período de 10 años en vez de 5 años aumenta la confianza en las tasas. La tasa de mortalidad infantil estimada para el período de 10 años es de 32 muertes infantiles por mil nacidos vivos. Las provincias que registran los mayores niveles de mortalidad son Imbabura (49), Cotopaxi (41), Bolívar (40), Chimborazo (40), El Oro (42) y Cañar (46). La mortalidad de menores de 5 años, que para el período es de 37, es notoriamente elevada en Imbabura (63), Cotopaxi, Bolívar, Cañar y El Oro (entre 51 y 52). En esta sección se incluye el análisis de la mortalidad, cuya estimación resulta al combinar la mortalidad neonatal temprana (muertes en los primeros 7 días de vida) con datos sobre los hijos que nacieron muertos después de completar el sexto mes del embarazo (mortinatos). El denominador para el cálculo de las tasas de la mortalidad perinatal lo constituyen los partos de embarazos viables (nacidos vivos o nacidos muertos) que ocurrieron en el período de julio de 1999 a junio de 2004. Los datos del Cuadro 11.7 indican que la tasa de mortalidad perinatal del Ecuador es de 28 por mil partos y que los nacidos muertos representan el 53.6 por ciento de dicha estimación. La tasa de mortalidad neonatal temprana de 13 (0 a 7 días) representa el 76.5 por ciento de la tasa de mortalidad neonatal (17 por mil), lo que indica la importancia de la mortalidad neonatal temprana como componente de la mortalidad infantil. Las diferencias en la mortalidad perinatal según área de residencia y nivel de instrucción son menos marcadas que las diferencias según la edad de la madre al momento del parto. Según la edad de la madre al momento del parto, el menor riesgo de muerte perinatal se observa en madres menores de 30 años y el mayor riesgo en las de 30 años o más, y especialmente en mujeres mayores de 40 años. 11.3 Mortalidad perinatal ]]] � Gráfico 11.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 MORTALIDAD INFANTIL Y EN LA NIÑEZ 235 Para las muertes que ocurrieron en los cinco años antes de la entrevista se le preguntó a la madre si había declarado el fallecimiento en el Registro Civil. El Cuadro 11.8 presenta el porcentaje de muertes de niños(as) menores de cinco años de edad, en el período julio de 1999 a junio de 2004, que las madres reportaron como registrados. En total, las madres reportaron que el 68.0 por ciento de las muertes fue registrado. Esta cifra desciende al 57.4 por ciento si el niño murió durante los primeros 7 días de vida. Estos hallazgos indican que las estadísticas vitales probablemente subestiman el número de muertes en niños menores de cinco años en el país, con un sub-registro especialmente alto para las muertes neonatales. El Cuadro 11.9 presenta el porcentaje de nacimientos que la madre declaró haber inscrito en el Registro Civil, según la sobrevivencia del hijo. Sólo el 84.9 por ciento de los nacimientos fueron inscritos y esto desciende al 39.9 por ciento si el niño murió. Se ha demostrado que la mortalidad infantil continúa siendo relativamente alta en el Ecuador, particularmente en niños(as) de madres que viven en el área rural, en los de madres indígenas y en los niños(as) de madres con menor nivel de instrucción. También se evidencia que los niños(as) de madres de edades muy jóvenes o avanzadas, de alta paridad y con intervalos intergenésicos cortos, tienen mayor riesgo de muerte. Esto indica que el evitar los nacimientos en edades avanzadas y muy jóvenes y la disminución de la paridad alta, así como la ampliación de los intervalos intergenésicos puede bajar las tasas de mortalidad en los niños(as) de forma significativa. En este sentido, la planificación familiar ofrece beneficios importantes para la salud de la madre y mayor sobrevivencia en los niños. Debido a la reducción pasada en la mortalidad postneonatal, la mortalidad neonatal ahora es responsable por más de la mitad de la mortalidad infantil, y la mortalidad neonatal temprana es un componente importante de la mortalidad neonatal. La mortalidad neonatal está más asociada a lo que pasa en el embarazo y parto, que a las condiciones de la vivienda. Aun cuando hay segmentos de la población en los cuales todavía se puede disminuir la mortalidad neonatal mediante la mejoría en las condiciones de vida, es necesario hacer notar que no se puede esperar continuar la disminución de esta mortalidad sólo por estos mecanismos. Es necesario el desarrollo y aplicación de estrategias de salud pública a los componentes de mortalidad neonatal, tales como solucionar y prevenir la sepsis neonatal, traumatismo al nacer, anomalías congénitas, y bajo peso y prematurez. Algunas de estas causas de muerte podrían evitarse con el incremento del espaciamiento de nacimientos y la educación dietética, así como también con el fomento del uso oportuno de servicios prenatales de calidad y el control de recién nacido, además de la atención del parto a nivel institucional, y el aumento técnico del acceso a cesáreas de emergencia. Sin embargo, la prevención de la mayoría de causas de mortalidad neonatal requeriría intervenciones más costosas a largo plazo, tales como inversión en instalaciones físicas y equipos para hospitales pediátricos y obstétricos a nivel terciario a nivel regional y provincial.Y 11.4 Registro de las muertes ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 236 MORTALIDAD INFANTILY EN LA NIÑEZ 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 MORTALIDAD INFANTIL Y EN LA NIÑEZ 237 � Cuadro 11.1 � Cuadro 11.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 238 MORTALIDAD INFANTILY EN LA NIÑEZ � Cuadro 11.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 MORTALIDAD INFANTIL Y EN LA NIÑEZ 239 � Cuadro 11.4 � Cuadro 11.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 240 MORTALIDAD INFANTILY EN LA NIÑEZ � Cuadro 11.6 � Cuadro 11.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 MORTALIDAD INFANTIL Y EN LA NIÑEZ 241 � Cuadro 11.8 � Cuadro 11.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 242 MORTALIDAD INFANTILY EN LA NIÑEZ 12. Lactancia materna y nutrición ] En este capítulo se presentan los resultados relacionados con la lactancia materna, el estado nutricional de los niños y niñas menores de 5 años (0 a 59 meses), y el estado de nutrición de las madres en edad reproductiva. La lactancia materna es un determinante importante de la probabilidad de sobrevivencia de los niños(as). La leche materna es el alimento más completo que un infante puede consumir, ya que incluye todos los nutrientes que éste necesita en los primeros meses de vida y está exenta de contaminación (McCann et. al. 1984). Además de alimento propiamente dicho, es un medio de transmisión de los anticuerpos que contribuyen al mecanismo de defensa inmunológica del niño. También el contacto temprano y continuo con la madre desarrolla el sentido de seguridad y afecto en el niño. La norma establecida internacionalmente es lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad y lactancia prolongada hasta cumplir los dos años de edad. En este capítulo se analiza el inicio y la duración de la lactancia, así como los patrones de alimentación complementaria. También se presentan otros indicadores usados por la Organización Mundial de Salud (OMS) para evaluar la situación de las prácticas de la lactancia materna. Esta es la primera encuesta ENDEMAIN que incluye una clasificación del estado nutricional de los niños(as) y las madres, basado en mediciones antropométricas de peso y talla. Esta información permite calcular tasas de desnutrición basadas en comparaciones con valores internacionales de referencia. En el Ecuador la lactancia materna es una práctica generalizada, ya que se inicia en el 96.7 por ciento de los recién nacidos. Existe poca variación en esta práctica según las características presentadas en los Cuadros 12.1 y 12.2. El inicio de la lactancia inmediatamente después del parto, produce una descarga de oxitocina, la cual causa contracciones del útero que aceleran el alumbramiento de la placenta y contribuyen a la disminución del sangrado postparto. Además, si el niño es amamantado en forma temprana, ingiere calostro, que por su alto contenido en inmunoglobulinas, contribuye a su protección contra varios tipos de agentes infecciosos y otros organismos dañinos (McCann et. al. 1984). En los Cuadros 12.1 y 12.2 se muestra la proporción de niños(as) que inician lactancia dentro de la primera hora y dentro del primer día después del parto. Se observa que el 26.4 por ciento de las madres empezó el amamantamiento en la primera hora y el 73.6 por ciento en el primer día. La proporción de madres que inician la lactancia durante la primera hora es mayor en la Sierra que en la Costa (31.7% contra 20.4%) pero no existe una gran diferencia en aquellas que lo inician durante el primer día. Considerando los quintiles económicos, las mujeres más pobres tienden a iniciar más temprano que la mujeres de los quintiles más altos. Según lugar del parto, las madres que tuvieron el parto en un establecimiento del MSP inician más temprano que las madres cuyo parto ocurrió en un establecimiento del IESS o en una clínica u hospital privado. Además del tiempo transcurrido antes de iniciar la lactancia, se les preguntó a las madres si había recibido orientación o consejería sobre la lactancia durante el embarazo o después del parto. En total, el 41.2 por ciento recibió consejería, proporción que varía entre 48.3 por ciento en áreas urbanas y 31.8 por ciento en áreas rurales. Según el Cuadro 12.2, la proporción de madres que recibieron orientación sobre lactancia, es mayor en mujeres que atendieron su parto en un establecimiento de IESS, en la Junta de Beneficencia o en el Patronato San José, pero esta consejería parece no haber afectado el inicio temprano de la lactancia. La duración promedio de cualquier lactancia materna mide el total en meses que el niño lactó del pecho, sin tomar en cuenta otros alimentos. Según ENDEMAIN-2004 la duración promedio de la lactancia materna total es de 16.2 meses, con un incremento en 0.7 meses respecto a 1999 (Cuadro 12.5). La lactancia completa mide el número en 12.2 Duración promedio de la lactancia materna total, completa y exclusiva1 ]]] 12.1 Iniciación de la lactancia materna ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 243 1 Para los últimos hijos nacidos vivos, la duración promedio de lactancia materna está basada en una pregunta a la madre para determinar si “está dándole pecho actualmente”. Para los penúltimos y antepenúltimos (y desde luego los que murieron), se asume que no están lactando actualmente. Para este cálculo, todos los nacidos vivos en los 60 meses antes de la encuesta están incluidos en el denominador y los que fueron lactados en el numerador. Para el cálculo de la proporción lactando, clasificada por mes cumplido de edad (0-59 meses), todas estas proporciones son sumadas para estimar la duración promedio de lactancia. Este método se llama el “current status mean method“. Para calcular duraciones de lactancia exclusiva y lactancia completa se usó adicionalmente información sobre los alimentos que le dio al niño entre las seis de la mañana del día anterior y las seis de la mañana del día de la entrevista. meses de la lactancia materna junto con otros líquidos pero sin el uso de otras leches. Esta tiene una duración promedio de 4.1 meses, mostrando un incremento de 0.4 meses entre 1999 y 2004. La lactancia materna exclusiva mide el número de meses de lactancia sin el uso de otras leches ni otros alimentos. En el Ecuador la lactancia exclusiva es de 2.7 meses y con un incremento de 0.5 meses entre 1999 y 2004. La duración de lactancia total, completa y exclusiva es más alta en el área rural que en la urbana, particularmente mayor en la Sierra que en la Costa (Cuadro 12.3 y Gráfico 12.1). Las madres indígenas exhiben una mayor duración en los tres tipos de lactancia materna comparada con otros grupos étnicos (Cuadro 12.4). Mientras la duración de cualquier lactancia desciende con el nivel económico de la madre (de 17.1 meses para el quintil más pobre a 13.2 meses para el más rico), la lactancia exclusiva tiene un patrón en forma de U, con una mayor duración entre las mujeres más pobres (3.4 meses) y las más ricas (3.1 meses). Duración promedio de lactancia materna completa, según características seleccionadas El Cuadro 12.6 presenta las razones para dejar de lactar sus niños(as) mencionadas por las madres, según la edad del niño(a) al destete. En total, el 65.3 por ciento declaró que fue “fin del destete”, y ésta es la respuesta más común para todos los niños(as) que terminaron de recibir pecho con 4 o más meses de edad. Para niños(as) menores de un mes, el 28.0 por ciento de las madres informó que ella se enfermó. Para niños(as) terminando con 1 a 3 meses de edad, el 23.3 por ciento de los niños(as) no quería lactar y el 27.1 por ciento manifiesta que tenía poca leche. Se recomienda la lactancia exclusiva hasta los seis meses de edad y la lactancia total hasta los dos años de edad. La edad de introducción de otros alimentos y líquidos y los tipos de comida introducidos son cruciales para el balance nutricional, el crecimiento y desarrollo del niño(a), así como para la prevención de la diarrea y otras infecciones. La introducción de alimentos es un factor que también afecta la producción de leche materna y la duración de la amenorrea posparto. Los datos del Cuadro 12.7 muestran la distribución porcentual de los niños(as) menores de cinco años de edad, de acuerdo al tipo de alimento que recibieron en las últimas 24 horas, clasificado según la edad actual. El 51.8 por ciento de los niños(as) de 0 a 2 meses de edad recibe lactancia materna exclusiva, pero al pasar al grupo de 3 a 5 meses cumplidos, el porcentaje se reduce considerablemente hasta el 27.7 por ciento. Al llegar al grupo de 6 a 8 meses, la cifra logra sólo el 4.6 por ciento. Los suplementos más comunes durante los primeros dos meses de edad son otras leches (26.0%) o agua solamente (16.9%), pero ya en el grupo de 3 a 5 meses se añaden los purés o alimentos sólidos (26.1%) y otras leches (19.0%). La mayoría de los niños(as) sigue recibiendo leche materna hasta los 12 y 14 meses. 12.3 Alimentación complementaria y práctica del destete ]]] � Gráfico 12.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 244 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN En 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomendó un listado de indicadores para evaluar la adecuación de las prácticas de la lactancia materna en una población. Los indicadores son útiles para resumir los hallazgos de las encuestas nacionales y hacerlas comparables con las de otros países. Una de las recomendaciones fue la lactancia exclusiva para todos los niños menores de cuatro meses. En el 2001 se recomendó extenderla hasta los seis meses de edad. Los datos de la segunda columna del Cuadro 12.8, indican que el 4.3 por ciento de los niños menores de seis meses no están recibiendo leche materna. Los porcentajes más altos en esta condición se observan en el área urbana, los de madres con nivel de instrucción superior, los de los quintiles cuatro y cinco, y entre los de madres que trabajan fuera de su casa. En el Ecuador, sólo el 39.6 por ciento de los niños menores de seis meses reciben lactancia exclusiva (Gráfico 12.2). Ésta es más frecuente en el área rural (53.9%), para los de madres del quintil más bajo (50.7%) y para los niños(as) de madres que no trabajan (39%). El porcentaje que recibe lactancia exclusiva es mucho mayor en la Sierra que en la Costa (52.9% contra 25.4%) y más del doble para niños(as) de madres indígenas que para niños(as) de madres mestizas (71.6% contra 34.5%). La complementación alimentaria a la lactancia ocurre más temprano que lo recomendado. La lactancia materna predominante es la que conlleva el consumo de agua u otros líquidos (excluyendo otras leches). El 18.4 por ciento de los niños(as) menores de seis meses de edad recibe lactancia predominante. Al acumular estos porcentajes con los de la lactancia exclusiva, se puede mencionar que el 58.0 por ciento de los menores de seis meses de edad reciben lactancia completa. El resto no está siendo lactado o recibe otros alimentos no recomendados para los niños(as) en esas edades. Es recomendado que a los seis meses de edad todos los niños(as) inicien la complementación alimentaria. Como se muestra en la séptima columna del Cuadro 12.8, el 76.5 por ciento de los niños(as) de seis a nueve meses recibe la alimentación recomendada, notablemente la etnia indígena alcanza en este indicador el 91.7 por ciento. Lactancia exclusiva (0-5 meses), según características seleccionadas � Gráfico 12.2 12.4 Indicadores de la OMS ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 245 La OMS recomienda que, de ser posible, la lactancia continúe al menos hasta que el niño(a) cumpla dos años de edad. Las tasas de lactancia continuada de 12 a 15 meses y de 20 a 23 meses (columnas 8 y 9 del Cuadro 12.8), reflejan la medida en que las madres se adhieren a esta recomendación. Entre los niños(as) de 12 a 15 meses de edad, el 62.0 por ciento está siendo lactado con cualquier tipo de lactancia y el 22.7 por ciento entre los que tienen de 20 a 23 meses de edad. A todos los niños(as) de las mujeres entrevistadas, de 0 a 59 meses de edad, se les tomó una medida de peso y talla en su lugar de residencia. Los resultados fueron comparados con los valores de referencia internacionales del NCHS/CDC/OMS (con base en niños(as) estadounidenses). Se utiliza como punto de corte menos dos desviaciones estándar (<-2.0 DE), por abajo del promedio, que es el valor actual y universalmente utilizado para construir los indicadores antropométricos de desnutrición. Los menores que se encuentren por debajo de ese límite se consideran desnutridos. Además está informado el porcentaje de niños(as) con menos de tres desviaciones estándar (<-3.0 DE) el mismo que está clasificado como desnutrición severa. La referencia internacional es una curva normal estándar. En esta curva sólo el 2.3 por ciento de los niños en una población está normalmente ubicado por debajo de la -2 DE. Por tanto, estos indicadores son sólo puntos de referencia para fines de comparación entre estudios y entre poblaciones para ver el impacto final en el estado nutricional, luego de intervenciones que promuevan el sano crecimiento. Estos indicadores no deben ser usados para la vigilancia y promoción sistemática del crecimiento de cada niño. Por ejemplo, habrá niños(as) (muchos de ellos genéticamente altos) por arriba de ese punto que también podrán estar desnutridos, ya que tienen un historial de pérdida de crecimiento, pero al momento de la medición no han sobrepasado ese límite convencional. El proceso de desnutrición se inicia desde que el niño no gana el peso esperado para su edad, no importa si está por arriba o debajo de – 2 DE. Para esto, los valores clave son el peso anterior y actual del niño. Los datos de las primeras dos columnas de los Cuadros 12.9, 12.10 y 12.11, contienen el indicador talla para edad para los niños de 0 a 59 meses de edad. Cuando la relación de talla por edad está por debajo de –2.0 DE representa un retardo en la estatura (desnutrición crónica), que puede ser consecuencia de una mala dieta o de la incidencia de infecciones. El valor observado de la desnutrición crónica a nivel nacional es de 23.2 por ciento, lo que indica que por cada 100 niños menores de cinco años, existen 23 niños que están sufriendo condiciones adversas en su crecimiento, condiciones que generalmente están asociadas a una situación precaria social y económica. Dentro de este grupo, el 5.9 por ciento cae por debajo de –3.0 DE en la población de referencia. Este grupo está clasificado con desnutrición crónica severa. La desnutrición crónica en el área rural (30.7%), es 81 por ciento más alta que en la urbana (17.0%) y el indicador de la región Sierra (32.0%) es casi el doble que el de la Costa (15.7%) (Cuadro 12.9). La Amazonía presenta un 22.7 por ciento de talla baja, mientras la Insular presenta un 5.8 por ciento. Todos los dominios en la Costa tienen niveles menores de talla baja que los dominios de la Sierra. Un hallazgo sorprendente es que el porcentaje en Quito (30.2%) es mayor que el porcentaje del resto urbano de la Sierra (19.3%). Considerando las provincias, las que tienen valores más altos son Tungurahua, Bolívar, Cañar, y Chimborazo, en las cuales cerca del 40 por ciento de los niños(as) están clasificados con desnutrición crónica (Gráfico 12.3). Hay cuatro provincias en dónde más de 10 por ciento están clasificados con desnutrición crónica severa: Cotopaxi, Bolívar, Cañar, Azuay y Chimborazo. Cabe mencionar que en el dominio Sierra rural, el 12.1 por ciento está clasificado con desnutrición crónica severa. 12.5.1 Desnutrición crónica (Talla baja) ] 12.5 Desnutrición crónica, global y aguda en menores de cinco años de edad ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 246 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN Desnutrición crónica (talla para edad), por provincia (Niños(as) de 0 a 59 meses de edad) Con relación al nivel de instrucción de la madre, se puede mencionar que la desnutrición de los niños(as) cuyas madres no tienen educación formal es tres veces mayor (38.1%) que la estimada para los niños(as) de madres con instrucción superior y más de dos veces que la estimada para niños(as) de madres con instrucción secundaria (Cuadro 12.10). La desnutrición crónica está muy relacionada con el nivel económico del hogar. El porcentaje para el quintil económico bajo (30.0%) es mayor que para el quintil intermedio (17.3%) y mucho más que del quintil alto (11.4%) (Gráfico 12.4). El porcentaje para hijos(as) de madres indígenas (46.7%) es mucho mayor que para los otros grupos étnicos, los cuales varían entre 14.0 y 21.2 por ciento. Esto es consistente con el porcentaje alto para el dominio Sierra rural y para las provincias de la Sierra que tienen altos porcentajes. Cabe destacar el particularmente alto porcentaje de hijos(as) de madres indígenas clasificados con desnutrición crónica severa (16.9%). El porcentaje con baja talla para edad aumenta con la edad del niño (Cuadro 12.11). Asciende del 3.1 por ciento entre los niños(as) menores de 6 meses a 28.5 por ciento entre los que tienen 12 a 23 meses y se mantiene aproximadamente en este nivel entre los 24 y 59 meses de edad. El problema de la desnutrición crónica es mayor entre los niños(as) que no fueron pesados al nacer (34.0%) y los de bajo peso al nacer (32.1%), el cual es consistente con los datos según clasificación de la madre y el tamaño del niño al nacer. También, la desnutrición crónica es más alta para niños(as) con intervalos íntergenésicos cortos y órdenes de nacimiento alto. No existe diferencia significativa según el sexo de los niños. � Gráfico 12.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 247 Desnutrición crónica (talla para edad) en menores de 5 años, según características seleccionadas La tercera y cuarta columnas de los Cuadros 12.9, 12.10, 12.11 y Gráfico 12.5, contienen el indicador peso para la edad, que caracteriza la desnutrición global (bajo peso). Este indicador refleja principalmente baja talla para edad cuando se encuentra poca desnutrición aguda. Los resultados muestran que en el Ecuador, el 9.4 por ciento de los niños(as) menores de cinco años presentan bajo peso para su edad y el 1.3 por ciento está clasificado como desnutrición global severa. Las diferencias ya mencionadas para desnutrición crónica (baja talla para edad) están repetidas para desnutrición global (bajo peso para edad), pero los diferenciales no están tan pronunciados para la desnutrición global. Por ejemplo, en el Cuadro 12.10 la diferencia en desnutrición crónica para hijos(as) de mujeres indígenas y mestizas es de 25.2 puntos porcentuales (46.7% contra 21.2%), mientras la diferencia para desnutrición global es de 6.6 puntos porcentuales (15.3% contra 8.7%). 12.5.2 Desnutrición global (Bajo peso) ] � Gráfico 12.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 248 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN Prevalencia de bajo peso para edad, por provincia. (Niños(as) de 0 a 59 meses de edad) Los datos de la quinta y sexta columnas de los Cuadros 12.9, 12.10 y 12.11 contiene el indicador bajo peso para talla, que representa delgadez o emaciación. Al contrario, cuando este indicador es alto representa obesidad. En el país, sólo el 1.7 por ciento de los niños(as) menores de cinco años de edad tiene un valor de peso para talla que está por debajo de –2.0 DE, porcentaje que es menor al esperado en la población de referencia (2.3%), lo que refleja que no existe mayor problema de emaciación en el Ecuador. El porcentaje con bajo peso para la talla asciende del 2.1 por ciento entre niños(as) de 0 a 5 meses a 4.5 por ciento entre los que tienen 12 a 23 meses, pero desciende a 0.5 por ciento entre los de 48 a 59 meses de edad. El Cuadro 12.12 muestra que el Ecuador tiene valores en los tres indicadores antropométricos semejantes a otros países de la región. La baja talla para la edad para Ecuador (23.2%) es un poco menor que el valor de las últimas encuestas en Perú y Bolivia, 25.4 y 26.5 por ciento, respectivamente, pero mayor que Colombia (13.5%) y El Salvador (18.9%). Todos los países tienen menos que 2.3 por ciento con bajo peso para la talla, lo cual indica que no hay mayor problema de desnutrición aguda. Para la evaluación de los datos nutricionales de los niños menores de cinco años de edad, en el Cuadro 12.13 se muestran varias estadísticas que describen la distribución de los puntajes z para la encuesta. Los valores extremos de los puntajes z (por ejemplo menos de – 4.0 DE o más de 4.0 DE) no son aceptables biológicamente y es usual que reflejen un error en la medición del niño(a), en el registro o en el ingreso de datos. El Cuadro 12.13 y Gráficos 12.6 y 12.7 muestra que muy pocos niños presentan valores inaceptables para la encuesta, indicando que la medición en general fue conducida cuidadosamente. Todos los análisis nutricionales presentados en esta sección excluyen los niños(as) con estos valores extremos. 12.5.5 Evaluación de la calidad de los datos antropométricos ] 12.5.4 Comparación con otros países en la región ] 12.5.3 Desnutrición aguda ] � Gráfico 12.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 249 El promedio de los puntajes z en la población de referencia es 0.0. Los promedios de los puntajes z para la encues- ta, mostrada en el Cuadro 12.13, son mucho menores que cero para talla para edad y peso para edad, pero muy cercano a cero el de peso para talla. Este resultado es consistente con los mostrados al principio de esta sección, donde se plantea que una proporción significativa de niños(as) presenta desnutrición crónica o global, pero no aguda. En la población de referencia, la desviación estándar de los puntajes z es 1.0. En esta encuesta, las desvia- ciones estándar son alrededor de 1.0 para los tres indicadores. Este es un resultado importante porque una desviación estándar considerablemente arriba de 1.0 indica que las mediciones no fueron hechas con precisión. Generalmente, se consideran aceptables las desviaciones estándares por debajo de 1.4. En resumen, los datos de nutrición a través de los indicadores antropométricos resultan ser de alta calidad para esta encuesta. Distribución porcentual de los puntajes-z para los tres indicadores antropométricos Indicadores antropométricos Promedio del puntaje Z por edad en meses Niños de 0 a 59 meses de edad � Gráfico 12.7 0 10 20 -6 -4 -2 0 2 4 6 Puntaje z Po rc en ta je Referencia WHO/NCHS/C DC Talla para edad Peso para edad 0 10 20 Peso para talla � Gráfico 12.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 250 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN El estado nutricional de la mujer antes del embarazo es uno de los determinantes de la culminación del parto y del bajo peso al nacer de los hijos. Los riesgos de parto prematuro son menores en mujeres con buen peso antes de la gestación. Así mismo, la ganancia de peso durante la gestación es un buen indicador del grado del desarrollo del niño(a), pero para ella es importante conocer su peso de base. Este conocimiento es esencial debido a que mujeres delgadas necesitan ganar más peso durante la gestación que mujeres con peso normal, para asegurar un embarazo viable y mejores posibilidades de sobrevivencia para los hijos(as). En general, el peso antes de la gestación es un buen dato pronóstico para el bajo peso al nacer y de mortalidad infantil. La prevalencia de obesidad sigue aumentando en Latinoamérica y es un problema importante de salud pública en todo el mundo. La obesidad aumenta los riesgos de muchas enfermedades serias, incluyendo diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, y algunos cánceres. Watkins et. al (2003) han notado que el riesgo de defectos de nacimiento (defecto de tubo neural, espina bífida, defectos de corazón y otras anomalías) sube con la presencia de obesidad materna pregestacional. El índice de masa corporal (IMC) permite medir la delgadez y obesidad controlando la talla. El IMC usado en este análisis es definido como el cociente del peso en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. El IMC con valor menos de 18.5 indica bajo peso, 18.5-24.9 indica límites de peso normal, de 25.0-29.9 señala sobrepeso y un IMC de 30.0 o más determina obesidad. Los Cuadros 12.14 y 12.15 demuestran la distribución porcentual de IMC para mujeres quienes tuvieron al menos un(a) hijo(a) menor de 5 años de edad al momento de la encuesta, excluyendo las embarazadas en ese momento. Generalmente, no se observa mayor problema de bajo peso (1.9%) pero 40.4 por ciento de las madres estaban clasificadas con sobrepeso y otro 14.6 por ciento como obesas, de modo que 55.0 por ciento tienen un peso más que normal para su talla. Enfocando en obesidad, la prevalencia de este problema es mayor en áreas urbanas que rurales (16.4% contra 12.1%) y es mayor en la Costa que en la Sierra (16.5% contra 12.4%). El porcentaje de obesidad aumenta sistemáticamente con la edad de la mujer de 4.8 por ciento para las de 15-19 años a 25.0 por ciento para las de 35-39 años de edad. La obesidad es más común en las madres mestizas y las blancas (15.1% y 17.9%, respectivamente) que en las madres indígenas (7.4%). La talla de la mujer de edad reproductiva es importante porque se encuentran asociaciones entre la talla materna y el peso del niño al nacer, la supervivencia infantil, las complicaciones del embarazo y parto, y la mortalidad materna, (PAHO 1991; Goodhart et al. 1980). Se considera que el punto de corte para la determinación de los grupos de riesgo fluctúa entre los 140 y los 150 centímetros como valor critico. En los Cuadros 12.16 y 12.17 se presentan los resultados para las mujeres que tuvieron al menos un hijo(a) menor de 5 años de edad. Se presentan, por características seleccionadas, el promedio de la talla y el porcentaje de mujeres por debajo de 145 centímetros. La estatura promedio de las mujeres con hijos(as) menores de cinco años es de 151.2 centímetros, y se encuentra el 13.8 por ciento con una estatura menor de 145 cm. Enfocando en el porcentaje con estatura menos de 145 centímetros, hay mayor presencia de este problema en la Sierra que la Costa (17.0% contra 10.5%) y especialmente en las provincias de Azuay, Bolívar, Chimborazo y Cotopaxi (Cuadro 12.16). La estatura promedio y el porcentaje con menos de 145 cm. están relacionados con las características seleccionadas en el Cuadro 12.17. Las mujeres con educación superior tienen en promedio 6.5 centímetros más de talla que las mujeres sin educación, y las mujeres en el quinto quintil económico 3.9 cm más que mujeres en el primer quintil. Hay evidencia que las cohortes de mujeres nacidas más recientemente son más altas que las cohortes nacidas en el pasado. La talla promedio ha subido 2.9 centímetros entre las mujeres de 45-49 y las de 15-19 años de edad. Mientras el 12.6 por ciento de madres mestizas tienen estatura menor de 145 centímetros, el 28.9 por ciento de las madres indígenas tienen este factor de riesgo. Y 12.7 Estatura de las madres ]]] 12.6 Índice de masa corporal de las madres ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 251 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 252 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 253 � Cuadro 12.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 254 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 255 � Cuadro 12.4 � Cuadro 12.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 256 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.6 � Cuadro 12.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 257 � Cuadro 12.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 258 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 259 � Cuadro 12.10 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 260 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.11 � Cuadro 12.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 261 � Cuadro 12.13 � Cuadro 12.14 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 262 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.15 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 38.3 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN 263 � Cuadro 12.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 264 LACTANCIA MATERNA Y NUTRICIÓN � Cuadro 12.17 13. Salud del niño(a) ] La primera sección del presente capítulo examina la toma de peso del niño al nacer o en los primeros siete días; la segunda examina la inscripción de los nacimientos en el Registro Civil, de los nacidos vivos en el período julio de 1999 a junio de 2004. La siguiente describe los hallazgos sobre el uso del control del recién nacido. Las dos secciones posteriores contienen los hallazgos de los principales indicadores sobre la prevalencia y el tratamiento de la diarrea y las infecciones respiratorias (IRA), que son las dos causas más frecuentes de morbi-mortalidad de la niñez, especialmente a partir del período post-neonatal. También se examina la inmunización de los menores de 5 años, y la participación del padre en asuntos relacionados con la salud y bienestar de los niños. Para recolectar información sobre los temas, exceptuando el primero, se seleccionó aleatoriamente a un hijo de la entrevistada que nació vivo en el período de julio de 1999 a junio de 2004, quien además debía cumplir con las condiciones de ser menor de 5 años y vivir con ella en el período de la encuesta. La toma de peso al nacer o en los primeros 7 días, significa el inicio de la vigilancia del crecimiento y desarrollo del niño. Permite decidir en el postparto inmediato, el riesgo del recién nacido: si es de bajo peso, señala una conducta definida y si además tiene historia de prematurez, su manejo es de extremo cuidado. En los Cuadros 13.1 y 13.2 se evidencia que la toma de peso al nacer o en los primeros 7 días fue del 80.6 por ciento. La oportunidad de ser pesado es mayor en el área urbana (91.8%) y en la provincia de El Oro (93.6%). Las provincias de Bolívar, Loja, Imbabura y Cotopaxi tienen los porcentajes más bajos (menos del 65%). Los niños de madres más jóvenes, con mayor instrucción o nivel económico, y con nacimiento ocurrido en un establecimiento de salud, tienen las mayores oportunidades de ser pesados (Cuadro 13.2). Por ejemplo, los niños de madres con instrucción superior tienen una cobertura prácticamente total (97.5%), pero menos de la mitad de los niños de madres sin educación formal (48.4%) son pesados. También el porcentaje de niños que fueron pesados se relaciona en forma inversa con el orden de nacimiento, de tal manera que los niños de primer orden tienen mayor probabilidad (87.8%) de ser pesados que aquellos del sexto o mayor orden de nacimiento (57.8%). Para indagar sobre la inscripción de los nacimientos ocurridos en el período de julio de 1999 a junio de 2004, a las madres se les preguntó si después de haber nacido el niño seleccionado había sido inscrito en el Registro Civil. Adicionalmente, para los niños que murieron después, a las madres se les preguntó si el fallecimiento también fue inscrito en esa institución. En los Cuadros 13.3 y 13.4, se observa que el 84.9 por ciento de los hijos fue inscrito en el Registro Civil. El porcentaje inscrito fue ligeramente mayor en el área rural que con respecto a la urbana (85.3% contra 84.6%), y varía del 96.3 por ciento en la provincia de Chimborazo, al 73.4 por ciento en Los Ríos. La probabilidad de ser inscrito disminuye en la medida que aumenta el orden de nacimiento, del 88.1 por ciento entre hijos del primer orden al 79.2 por ciento entre hijos del sexto o mayor orden de nacimiento (Cuadro 13.4). No se observan mayores diferencias según nivel educativo o el económico de la madre, aunque en ambos casos los datos indican que a mayor nivel aumenta también la probabilidad de registrar el nacimiento (Gráfico 13.1). De los 102 hijos que murieron en un período después de su nacimiento vivo, el 68.0 por ciento de las defunciones fue inscrito en el Registro Civil, cifra que asciende al 80.7 por ciento en el área urbana y se reduce al 52.2 por ciento en la rural (datos no presentados). 13.2 Inscripción de los nacimientos ]]] 13.1 Toma de peso ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 265 Nacimientos no registrados en el Registro Civil, según área y quintil económico El control del recién nacido es la oportunidad continua para la aplicación y fortalecimiento de las acciones iniciadas en el neonato, como la toma de peso al nacer o en los primeros 7 días. Este proceso de vigilancia debe asegurar al niño, especialmente durante los primeros dos años de vida, la posibilidad real de ganar el peso apropiado para su edad y mantener un estado nutricional saludable. La lactancia materna exitosa, la introducción apropiada de otros alimentos, la suplementación con micronutrientes, la vacunación, la prevención contra enfermedades comunes como la diarrea y las infecciones respiratorias agudas (IRA), que son causas detonantes del proceso de desnutrición, así como el estímulo psicomotor y afectivo, son elementos claves que deben ser promovidos y garantizados a todo niño. Según las normas del MSP, el primer control debe realizarse durante el transcurso del primer mes de vida y mantenerse periódicamente hasta cumplir los 5 años de edad. Los datos de los Cuadros 13.5 y 13.6 indican que el 93.6 por ciento del total de niños fue llevado para el control por lo menos en una oportunidad y que el 75.5 por ciento estaba sano en ese momento. El 17.6 por ciento concurrió por primera vez estando enfermo. Independientemente de la condición de salud al momento del primer control, el 45.3 por ciento fue inscrito durante el primer mes de vida, tal como lo indica la norma, mientras que el 34.1 por ciento esperó que transcurriera el primer mes para llevarle. Otro 13.8 por ciento se presentó a control después de los primeros 2 ó más meses de vida. El cumplimiento de esta norma sobre la inscripción precoz varía del 50.1 por ciento en el área urbana al 39.6 por ciento en la rural. Se observa que en un extremo se encuentra la provincia de Carchi con el 58.3 por ciento de cumplimiento y en el otro con 29.0 por ciento la de Bolívar (Gráfico 13.2). En las provincias de Cotopaxi, Bolívar, Chimborazo y Loja, es más evidente la práctica de inscribir a los niños en el transcurso del segundo mes (un mes cumplido). 13.3 Control del recién nacido ]]] � Gráfico 13.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 266 SALUD DEL NIÑO (A) Control del recién nacido durante el primer mes de nacido, por provincia. (Nacidos vivos de julio 1999 a junio 2004) La inscripción precoz no varía con el sexo del niño, pero se encuentran diferencias atendiendo al nivel de instrucción o económico de la madre (Gráfico 13.3). El 35.8 por ciento de los niños del nivel económico bajo es llevado en el trascurso del primer mes de vida, pero esta cifra asciende al 60.0 por ciento entre quienes pertenecen al nivel alto (Cuadro 13.6). Similar diferencia se encuentra entre madres que no tienen educación formal y las que tienen instrucción superior (30.8% contra 61.9%). Llama la atención que sólo el 29.0 por ciento de los niños de la población indígena concurren a su primer control durante el primer mes de vida. Control del recién nacido durante el primer mes de nacido, según características seleccionadas � Gráfico 13.3 � Gráfico 13.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 267 Los establecimientos del Ministerio de Salud Público (MSP) son la principal fuente de atención del primer control de recién nacido, ya que en éstos se atendió al 74.1 por ciento de los niños (Cuadros 13.7 y 13.8). La proporción restante está repartida por el 17.4 por ciento que recibió el control en clínicas y por médicos privados, en el IESS (2.7%) o en otros lugares (5.6%). El uso de los establecimientos del MSP para este servicio cambia del 85.6 por ciento para quienes residen en el área rural al 64.8 por ciento para los de la urbana, y del 90 al 93 por ciento en las provincias de Chimborazo y Bolívar, respectivamente, a menos del 70 por ciento en Pichincha, Guayas y El Oro. Por su parte, los médicos privados tienen su mayor participación con este servicio en el área urbana (23.6%) y en las provincias de El Oro (32.3%) y Guayas (24.6%). Como es de esperarse, el uso de los establecimientos del MSP está relacionado inversamente con el nivel educativo o económico de la madre, mientras que se encuentra lo opuesto en el uso de los servicios de médicos privados (Cuadro 13.8). También destaca la atención por médicos privados cuando el niño estaba enfermo en el momento del primer control. En los países en desarrollo, como es el caso del Ecuador, la deshidratación por diarrea es una de las principales causas directas de muerte en niños menores de 5 años. Además, es una de las causas más frecuentes que desencadenan el proceso de pérdida de la velocidad de crecimiento, que si no es corregida oportunamente, conduce a cuadros progresivos de desnutrición, lo que a su vez, propicia las condiciones para que prospere la morbilidad y mortalidad en la niñez. Para estimar la prevalencia de la diarrea y evaluar su tratamiento, primero se preguntó si el niño seleccionado había tenido diarrea en las últimas dos semanas, incluyendo el día de la entrevista. Para los casos que respondieron afirmativamente, se continuó preguntando sobre las condiciones en que se había desarrollado la enfermedad y el comportamiento de la madre en cuanto a su tratamiento. Los datos en los Cuadros 13.9 y 13.10 muestran que el 21.7 por ciento de los niños menores de 5 años de edad había tenido diarrea durante las dos semanas previas a la entrevista. La prevalencia en el área rural resultó ser un poco mayor que en la urbana (23.0% contra 20.6%). Según la provincia de residencia, la cifra varía del 12.3 por ciento en Imbabura al 29.4 por ciento en Azuay. Después de esta provincia, las otras tres que presentan las prevalencias de diarrea más altas son: Bolívar (28.3%), Loja (26.7%) y El Oro (25.9%). Al clasificar la prevalencia de la diarrea de acuerdo a la gravedad de los síntomas identificados por la madre, se encuentra que el 3.0 por ciento tuvo diarrea sin llegar a la deshidratación, el 12.5 por ciento presentó síntomas asociados a deshidratación no grave y el 6.3 por ciento síntomas asociados con deshidratación grave (Gráfico 13.4). Los síntomas asociados con algún grado de deshidratación tienden a ser más mencionados en el área rural y en las provincias de Bolívar, Azuay y El Oro. La prevalencia de diarrea no presenta mayor diferencia por sexo del niño, pero resulta ser más frecuente entre niños de 6 a 23 meses de edad (Cuadro 13.10). También se observa que en general, la prevalencia de la diarrea presenta una relación inversa al nivel de instrucción de la madre, en el sentido que desciende del 27.7 por ciento entre niños cuyas madres tienen estudios de primaria incompleta al 16.9 por ciento de madres que tienen instrucción secundaria completa. Según nivel económico no se observa una tendencia definida, aunque la probabilidad de tener un episodio de diarrea tiende a ser mayor en el nivel económico bajo. Se observa que la prevalencia de diarrea es mayor en la población indígena y negra, en comparación con las otras poblaciones. Con respecto a la gravedad de la diarrea, se observa en el Cuadro 13.10 que los síntomas asociados con algún grado de deshidratación tienden a ser más mencionados para los niños de 6 a 23 meses de edad, para niños cuyas madres tienen poca educación formal y para niños cuyas madres son del nivel económico bajo. 13.4 Prevalencia y tratamiento de la diarrea ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 268 SALUD DEL NIÑO (A) Prevalencia de diarrea por clasificación de la enfermedad, según área de residencia En general, el episodio de diarrea duró en promedio 4.2 días (Cuadro 13.11). Este hallazgo permite afirmar que en el Ecuador prevalecen las enfermedades diarreicas agudas. Los niños con mayor duración de episodios de diarrea se encuentran entre los de 0 a 5 meses de edad, los de madres indígenas (5.2 días, en cada caso), y entre los de mujeres que tienen bajos niveles de instrucción formal (5.4 días). Otro indicador de la gravedad de la diarrea es el número de episodios de diarrea o evacuaciones por día. En promedio, este número por día fue del 4.6 evacuaciones, cifra que no varía mucho según las características presentadas en el Cuadro. En el Cuadro 13.12 se puede apreciar que el 91.4 por ciento de los niños que tuvieron diarrea recibió alguna forma de tratamiento. Para los niños que recibieron tratamiento, los más frecuentes fueron las medicinas de plantas (44.2%), antidiarreicos (42.2%), antibióticos (35.5%) y “otros remedios caseros” (33.3%). Se observa que el 30.7 por ciento de los niños recibió suero oral y el 26.5 por ciento suero casero; otro 16.0 por ciento recibió purgantes. El uso de suero oral y suero casero no presenta una tendencia definida de acuerdo a las características presentadas en el Cuadro. Se observa que la presencia de síntomas asociados con algún grado de deshidratación parece ser un factor determinante para la administración de sales de rehidratación oral y de suero casero durante el episodio de diarrea, ya que la proporción que recibió dichos tratamientos aumenta con la gravedad de la diarrea, del 13.4 y 10.8 por ciento entre los niños sin deshidratación al 35.5 y 32.0 por ciento entre niños que presentaron síntomas asociados a la deshidratación grave. El uso de antibióticos resulta ser mayor en el área urbana, en la Costa y entre niños de 0 a 5 meses de edad. Se aprecia una tendencia creciente al uso de antidiarreicos con la edad de los niños, y lo contrario con respecto al uso de antibióticos. El 38.8 por ciento de niños con síntomas asociados a deshidratación grave recibió antibióticos, contra un poco más de un tercio entre niños para quienes no se percibió síntomas asociados a deshidratación, o ésta no fue grave. En el mismo Cuadro 13.12, se observa que el 59.9 por ciento de las madres se consultó con alguien a raíz del último episodio de diarrea. Esta proporción es mayor en el área urbana que en la rural (66.1% contra 53.1%) y, en general, aumenta con el nivel educativo o económico de la madre. También se observa que el porcentaje que se consultó con alguien aumenta con la gravedad de la diarrea. El 50.3 por ciento de las madres consultó en un establecimiento del MSP, el 27.7 por ciento con un médico privado, el 13.1 por ciento en una farmacia y el 3.5 por ciento con familiares o amigos (Cuadro 13.13). El porcentaje de madres que se consultó en el MSP aumenta en la medida que el nivel educativo o económico disminuye, mientras que el porcentaje que se consultaron con un médico privado aumenta con la educación o nivel económico de la madre. Es interesante notar que, en la medida que aumenta la gravedad de la diarrea, también se incrementa la participación del MSP en el tratamiento de esta enfermedad. A las 84 madres que no se consultaron con alguien para aliviar la diarrea de sus hijos, se les preguntó la razón principal. El 56.2 por ciento respondió que “no lo consideró necesario”, el 18.2 por ciento “por descuido” y el 11.1 por ciento “por falta de dinero” (datos no presentados). Otro 4.1 por ciento se informó que “estaba demasiado ocupada”, mientras que el 3.3 por ciento dijo que “no había atención en el Centro de Salud”; otro 2.8 por ciento citó la distancia a una fuente de ayuda. � Gráfico 13.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 269 Para efectos de indagar sobre los hábitos o comportamientos de la población ante los casos de diarrea, independientemente de que reportaran que habían hecho algo para aliviarla, a las madres se les preguntó si habían modificado la cantidad de líquidos y la comida sólida que normalmente le dan al niño. Los datos del Cuadro 13.14 muestran que el 54.8 por ciento aumentó la cantidad de líquidos, el 39.0 por ciento la mantuvo igual y para el 5.6 por ciento de los casos fue disminuida. El porcentaje que reportó haber aumentado la cantidad de líquidos resulta mayor en el área urbana que en la rural y se incrementa en la medida que aumenta la edad del niño. Según la gravedad de la diarrea, se observa que el porcentaje de madres que aumentó la cantidad de líquidos asciende del 28.7 por cientos entre niños sin deshidratación al 62.3 por ciento entre los que tenían síntomas asociados a deshidratación no grave, pero desciende al 52.5 por ciento entre niños con deshidratación grave. Este último hallazgo indica que para el 47.5 por ciento de los niños con síntomas asociados a deshidratación grave, la cantidad de líquidos no fue aumentada. Con respecto a la comida sólida, sólo el 4.8 por ciento de las madres aumentó la comida, el 44.2 por ciento la mantuvo igual y el 48.7 por ciento la disminuyó. La probabilidad de reducir la cantidad de comida fue mayor en el área urbana (53.2%) y entre niños cuyas madres tienen más alta instrucción, y aumenta en la medida que es mayor la gravedad de la diarrea. En los países en desarrollo como es el caso del Ecuador, la infección respiratoria es otra de las principales causas directas de muerte en niños menores de 5 años. En general, las infecciones respiratorias causan pérdida del apetito y desgastes que pueden asociarse directamente al inicio o empeoramiento de un proceso de desnutrición. Por lo tanto, las infecciones respiratorias no sólo son relevantes como causa de enfermedad y muerte, si no que también son factores desencadenantes y sostenedores de los procesos que conducen a la desnutrición. Además, estas infecciones son la razón más frecuente de consulta externa pediátrica y de hospitalización. Para estimar la prevalencia de las infecciones respiratorias y evaluar su tratamiento, con una secuencia similar al módulo para diarreas, se formuló una serie de preguntas para indagar si el niño seleccionado había tenido infección respiratoria en las últimas dos semanas, incluyendo el día de la entrevista. Para los casos que respondieron afirmativamente se continuó preguntando sobre las condiciones en que se había desarrollado la enfermedad y el comportamiento de la madre en cuanto a su tratamiento. Los datos en los Cuadros 13.15 y 13.16 muestran que el 42.3 por ciento de los niños menores de 5 años de edad había tenido infección respiratoria durante las últimas dos semanas previas a la entrevista (Gráfico 13.5). El porcentaje que tuvo infección respiratoria cambia del 45.7 por ciento en el área urbana al 38.3 por ciento en la rural, y varía de un 56.5 por ciento en la provincia de Guayas a un 20.7 por ciento en Imbabura. Al clasificar la prevalencia de las infecciones respiratorias de acuerdo a la gravedad de los síntomas identificados por la madre, se encuentra que el 7.8 por ciento tuvo sólo tos o resfriado, el 6.7 por ciento tos o resfriado junto con una enfermedad grave, el 10.4 por ciento sibilancias, el 9.0 por ciento neumonía y el 8.3 por ciento neumonía grave. Acumulando estas últimas dos cifras se puede mencionar que los síntomas asociados con algún grado de neumonía representan una prevalencia del 17.3 por ciento, cifra que varía del 16.3 por ciento en el área urbana al 18.6 por ciento en la rural, y de un 8.1 por ciento en la provincia de Imbabura a un 26.7 por ciento en Bolívar. Se puede apreciar que las provincias de Manabí, Los Ríos y Loja también tienen una prevalencia relativamente alta de síntomas asociados a una neumonía (del 21.2% al 26.2%). Según la edad del niño, la prevalencia de infecciones respiratorias varía del 37.0 por ciento entre niños de 0 a 5 meses de edad al 47.7 por ciento entre los de 6 a 11 meses (Cuadro 13.16). También se observa que en general, la prevalencia de las infecciones respiratorias no presenta una tendencia definida de acuerdo con el nivel de instrucción de la madre, aunque la probabilidad de haber tenido una infección es menor entre niños cuyas madres no tienen educación formal o tienen instrucción superior. Según nivel económico, la prevalencia desciende ligeramente del 43.3 por ciento entre niños del nivel bajo al 39.5 por ciento entre aquellos del nivel alto. La prevalencia de las infecciones respiratorias resultó ser muy similar en ambos sexos y contrario a lo esperado, es más baja en la población indígena. Los síntomas asociados a neumonía grave fueron reportados en menor proporción en la medida en que sube el nivel educativo o económico de la madre, bajando del 12.0 por ciento entre niños cuyas madres tienen poca educación formal al 3.1 por ciento entre aquellos cuyas madres tienen instrucción superior, y del 9.3 por ciento en el nivel económico bajó al 4.0 por ciento en el nivel alto. Del total de niños que tuvieron infección respiratoria, la misma duró en promedio 7.3 días, lo cual puede identificarse como una infección respiratoria aguda (Cuadro 13.17). La duración de la enfermedad no varía mucho según área de residencia o edad de los niños, pero disminuye en la medida que aumenta el nivel de instrucción de la madre, de 8.3 días en niños de madres sin instrucción a 6.9 días en niños de madres con instrucción superior. 13.5 Prevalencia y tratamiento de las infecciones respiratorias ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 270 SALUD DEL NIÑO (A) Prevalencia de infecciones respiratorias, por clasificación de la enfermedad, según área de residencia En el Cuadro 13.18 se observa que el 89.4 por ciento de las madres hizo algo para aliviar o curar la infección respiratoria y otro 58.3 por ciento consultó con alguien sobre la infección respiratoria de su niño. La proporción que hizo algo para aliviar la infección cambia del 85 por ciento, si la duración de la IRA fue de 0 a 3 días, al 94.9 por ciento si duró más de 10 días. La proporción de madres que consultaron con alguien asciende del 47.2 por ciento para niños cuya infección respiratoria duró de 0 a 3 días al 73.4 por ciento para quienes la infección duró 10 ó más días. Según la clasificación de la infección respiratoria de acuerdo a los síntomas asociados a la gravedad, el porcentaje que consultó desciende del 69.5 por ciento entre los casos clasificados como neumonía grave al 37.9 por ciento para quienes tuvieron sólo tos o resfriado. Como se mencionó anteriormente, el 89.4 por ciento de los niños que tuvieron infección respiratoria recibió algún tratamiento. Aún cuando existe la posibilidad de que el tratamiento sea combinado, el más frecuente fue algún remedio para calmar la tos (63.2%), seguido por alguna medicina para bajar la fiebre (51.6%) y algún descongestionante (44.9%) (Cuadro 13.18). El 37.3 por ciento de los casos recibió antibióticos y al 17.1 por ciento le colocaron gotas de manzanilla en la nariz, que es un tratamiento casero específico. Sólo el 1.6 por ciento del total de niños con infección respiratoria llegó a ser hospitalizado, cifra que resulta baja para quienes reportaron síntomas asociados a neumonía grave (4.0 por ciento). El uso de antibióticos es mayor para niños del área urbana (40.0%) que para los de la rural (33.5%). Según edad, su mayor uso se da entre niños que tienen 24 a 35 meses de edad (44.0%). Con respecto a la clasificación de la infección respiratoria, el uso de antibióticos se incrementa del 24.2 por ciento para los que tuvieron sólo tos o resfriado al 44.7 por ciento para quienes tuvieron síntomas asociados con neumonía grave. En el Cuadro 13.19 se observa que el 48.4 por ciento de las consultas hechas por las madres fue atendida en un establecimiento del MSP, seguido por la de médicos privados (30.1%). Como es de esperarse, la atención por médicos privados aumenta con el nivel de instrucción de la madre, del 14.4 por ciento en niños cuyas madres no tienen educación formal al 56.8 por ciento de aquellas con instrucción superior. Se observa un comportamiento similar según nivel económico. Se aprecia que el 12.5 por ciento consultó en farmacias particulares, lo que se puede asociar con la automedicación. Con respecto a la gravedad de la infección, el MSP atiende a la mayoría de los casos de neumonía y la participación de los médicos privados disminuye en la medida que aumenta la gravedad de la enfermedad. Vale mencionar que el 16.4 por ciento de los casos de neumonía grave se atendió en una farmacia. De los niños que no recibieron tratamiento para su infección respiratoria (10.6%), la razón mencionada con mayor frecuencia fue “no fue necesario/no era grave”, reportada para el 43.7 por ciento de los casos (datos no presentados). Otras razones expresadas con menor frecuencia fueron: “falta de dinero” (33.6%), “por descuido” (8.1%), “no tenía remedios para darle” (3.6%) y “no tuvo tiempo” (3.0%). � Gráfico 13.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 271 El Carné de Salud Infantil es un instrumento en el cual se registran las acciones realizadas sobre el niño, el cual queda en posesión de la madre. Los datos básicos como peso, talla y perímetro cefálico al nacer son registrados en el mismo, así como la historia de vacunaciones, suplementación de micronutrientes, la curva de crecimiento y las actividades clave del desarrollo psicomotor. Por tanto, es importante para la vigilancia del crecimiento y desarrollo del menor de cinco años y, especialmente del menor de dos años. Cabe mencionar que la versión del carné que fue publicado en el 2004 también tiene instrucciones sobre cómo alimentar al niño a diferentes edades. En los Cuadros 13.20 y 13.21 se puede ver que sólo el 63.7 por ciento de las madres de niños menores de 5 años tenía o podía mostrar el carné al momento de la entrevista. El porcentaje de posesión es ligeramente mayor en el área urbana (65.6%) que en la rural (61.6%). Las provincias de Manabí, Carchi, Imbabura y El Oro son las que muestran los mayores porcentajes de posesión (más del 70%), mientras que Chimborazo muestra el menor porcentaje (39.8 %). En general, la tenencia del carné disminuye a medida que aumenta la edad de la madre o del niño. Según el nivel de instrucción de la madre, el grupo sin educación formal presenta la menor proporción de posesión del carné (46.3%). Poseer el carné es muy importante, pero igualmente importante es usarlo para los propósitos con que fue diseñado e implementado. Para averiguar el uso del carné se investigó el registro de los datos en el mismo, y los resultados aparecen en los mismos Cuadros 13.20 y 13.21. De todos los niños, el peso al nacer sólo está registrado en el 38.0 por ciento, valor muy diferente al porcentaje de niños que fue pesado al nacer o en los primeros 7 días (80.6%). Esto indica que el dato obtenido al momento del nacimiento no es anotado en el carné y, desde luego, no es usado como punto de inicio para construir la curva de crecimiento y desarrollo saludable. A nivel urbano el registro es mayor (42.2%), aunque como se anotó antes, la toma de peso al nacer en el área urbana es del 91.8 por ciento. En las provincias de Los Ríos, Esmeraldas y Bolívar, el porcentaje de registro de este dato es muy bajo (menos de 25%). Los carné de niños de madres con instrucción superior o del quintil económico alto, muestran un registro de peso al nacer mayor que el resto de categorías, pero todavía es menor de 55 por ciento. Vale mencionar que el registro de peso al nacer es mayor entre niños menores de dos años, indicando una mejoría en el registro de peso en los años recientes. El resto de eventos claves en la vigilancia de la salud del niño que contienen los Cuadros 13.20 y 13.21 también muestran un registro bastante bajo. Con respecto al número de puntos en la curva de crecimiento, se encontró que el 47.8 por ciento de los carné no contenía ningún punto (datos no presentados). También se encontró que el número promedio de puntos en los carné fue de 2.7 puntos, cifra que aumenta de 1.5 puntos en los carné de niños de 0 a 5 meses de edad a sólo 2.9 puntos en los de niños de 36 a 59 meses (Cuadro 13.22). Se esperaría al menos 6 puntos si el crecimiento y desarrollo del niño fue evaluado en tres ocasiones durante los primeros dos años de vida. En general se puede afirmar que los datos presentados en esta sección parecen mostrar que el carné no está siendo usado para los propósitos que fue diseñado. Hasta ENDEMAIN 1999 se mantuvo como criterio que un niño tenía el esquema completo de vacunación con BCG y sarampión cuando le habían aplicado una dosis, y para polio y DPT cuando le habían aplicado 3 dosis. Para ENDEMAIN 2004 el criterio incluye la pentavalente en combinación o sustitución de la DPT, y la SRP o la SR en sustitución de la vacuna contra el sarampión. La BCG previene formas invasoras de tuberculosis, la polio oral protege contra la poliomielitis, la DPT contra la difteria-tétanos-tosferina, y la pentavalente además contra la hepatitis B y la haemophilus influenzae tipo B. La SRP (tripe viral) protege contra el sarampión, paperas y rubéola, mientras que la SR (dupla viral) protege contra el sarampión y rubéola. Según las normas del MSP, se debe aplicar la primera dosis de la BCG al nacimiento, o cuando el parto ocurre a nivel extra-hospitalario, en la primera visita a un establecimiento de salud. Con respecto a polio y DPT / pentavalente, se considera inmunización completa si el niño ha recibido 3 dosis cada una al cumplir su sexto mes de vida. La norma para la aplicación de la vacuna contra el sarampión era a los 9 meses cumplidos, pero ahora la aplicación de esta vacuna o la SRP o SR es al cumplir el primer año de edad. Para evaluar los niveles de inmunización en los niños menores de 5 años de edad, se obtuvo información del Carné de Salud Infantil sobre las vacunas aplicadas al niño, registrando por separado las dosis para las que existen fechas de aplicación en el carné. Si la madre no podía mostrar el carné o en el carné faltaba información, las entrevistadoras sondeaban para obtener la información sobre las vacunas que se habían administradas a los menores. 13.7 Inmunización de los niños(as) menores de 5 años ]]] 13.6 Tenencia y uso del Carné de Salud Infantil ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 272 SALUD DEL NIÑO (A) En el Cuadro 13.23 y Gráfico 13.6 se presenta la cobertura con inmunización completa para cada una de las 4 vacunas en los niños de 12 a 23 meses de edad, y como se mencionó, independientemente de que estuvieran documentadas en el carné o que la madre reportara que habían sido aplicadas. Con respecto a la BCG, los resultados de ENDEMAIN 2004 indican que del total de niños de 12 a 23 meses de edad, el 96.7 por ciento ha recibido al menos una dosis. Debido a tan alta cobertura, no se observan mayores diferencias por sexo del niño y área de residencia, pero se puede mencionar que la probabilidad de recibir la vacuna BCG aumenta ligeramente a medida que aumenta el nivel educativo o económico de la madre. Inmunización completa (todas las vacunas), de niños(as) de 12 a 23 meses de edad, según características seleccionadas de la madre Como ya se mencionó, se considera inmunización completa para DPT / pentavalente si el niño ha recibido 3 dosis. Las 3 dosis DPT / pentavalente pueden ser de pentavalente, DPT o combinadas. Los resultados que contiene el Cuadro 13.23 indican que del total de niños de 12 a 23 meses de edad, el 74.6 por ciento ha recibido las tres dosis. No se observa ninguna diferencia por sexo del niño, pero sí una diferencia de 15.2 puntos porcentuales entre el área urbana y la rural (81.6% contra 66.4%). Similar a lo comentado para BCG, la probabilidad de completar el esquema aumenta en la medida que se incrementa el nivel educativo o económico de la madre. Cabe mencionar que sólo el 52.1 por ciento de los niños de 12 a 23 meses de la población indígena tiene inmunización completa de DPT / pentavalente. Como la vacuna DPT / pentavalente, la vacuna contra la poliomielitis se administra en tres dosis, normalmente en forma simultánea con la DPT / pentavalente. En el Cuadro 13.23 se puede apreciar que el 71.8 por ciento de niños de 12 a 23 meses de edad ha recibido las tres dosis de la vacuna oral contra la poliomielitis, cifra que es casi similar a la DPT / pentavalente. El patrón de las coberturas de polio, de acuerdo a las características seleccionadas, sigue el observado para las coberturas de la DPT / pentavalente. Como también se mencionó anteriormente, la vacuna contra el sarampión, incluyendo la SRP y la SR, se aplica en una dosis. En el Cuadro 13.23 se muestran las coberturas de vacunación con SRP, SR o la del sarampión, donde se observa que al nivel nacional, sólo el 65.9 por ciento de los niños de 12 a 23 meses de edad ha recibido la dosis. No existen mayores diferencias en las coberturas con respecto al sexo del niño, pero similar a DPT y polio, hay una diferencia notable según área de residencia de casi 12 puntos porcentuales a favor del área urbana. Existe una asociación de mayor cobertura cuanto más escolaridad o nivel económico tiene la madre. Se observa que sólo el 38.0 por ciento de los niños de madres indígenas está vacunado contra el sarampión. � Gráfico 13.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 273 En el mismo Cuadro 13.23 se presenta una medida resumen de los niveles de cobertura de los esquemas completos de inmunización para las 4 vacunas en conjunto. Del total de niños de 12 a 23 meses, sólo el 53.5 por ciento tiene en conjunto los esquemas de vacunación completos de acuerdo a su edad. La relativamente baja cobertura de sarampión hace que este indicador también resulte bajo. La cobertura de las 4 vacunas no presenta mayor variación atendiendo al sexo del niño, pero hay diferencias notables según lugar de residencia. Esta medida resumen también presenta una tendencia asociada al nivel educativo de la madre, con una diferencia de 23.1 puntos porcentuales al comparar el grupo de madres que tienen educación primaria y el de madres con instrucción superior. Según nivel económico, la diferencia es de 19.7 puntos porcentuales entre el quintil más bajo y el más alto. Inmunización completa (todas las vacunas), por provincia. (Niños(as) de 12 a 59 meses de edad) En el Cuadro 13.24 se puede apreciar la tendencia de las coberturas de vacunación entre 1999 y 2004 para los niños de 12 a 23 meses de edad, basado en los datos del carné o de la información proporcionada por la madre. Durante este período, la cobertura de BCG bajó ligeramente del 97.3 por ciento en 1999 al 96.7 por ciento en 2004. A pesar de este descenso, la cobertura de la BCG es prácticamente universal. La cobertura de los biológicos contra la poliomielitis, difteria, tos ferina y tétanos, tuvieron descensos sustanciales en el período, 14.2 puntos porcentuales para polio y 10.2 puntos para DPT / pentavalente. También la protección contra el sarampión disminuyó sustancialmente, en 16.8 puntos porcentuales. La consecuencia de estos descensos en cobertura, es que el porcentaje de niños vacunados completamente con las cuatro vacunas bajó del 77.0 por ciento en 1999 al 53.5 por ciento en 2004, con un descenso de 23.5 puntos porcentuales. El descenso en la cobertura de polio y DPT / pentavalente fue mayor en el área rural, mientras que el descenso con respecto a sarampión / SRP / SR fue mayor en el área urbana. Según región, el descenso de polio fue mayor en la Sierra, mientras que el de DPT / pentavalente, y sarampión / SRP / SR fue mayor en la Costa. Es interesante notar que la cobertura de polio y DPT / pentavalente aumentó en la Amazonía durante el período, pero sarampión / SRP / SR bajó casi 16 puntos porcentuales. Para examinar la cobertura de las 4 vacunas a nivel provincial, fue necesario ampliar el número de niños en el denominador. Por eso, el denominador en el Cuadro 13.25 es niños de 12 a 59 meses de edad (Gráfico 13.7). Con respecto al porcentaje de niños que tiene las 4 vacunas en conjunto, se observa que la provincia de Carchí está en primer lugar con una cobertura del 89.1 por ciento, seguido por El Oro (77.2%) y Tungurahua (77.0%). Cinco provincias tienen coberturas menores de 60 por ciento, e incluyen Esmeraldas, Bolívar, Cotopaxi, Chimborazo y Los Ríos. Con relación a las vacunas individuales, la provincia de Pichincha tiene la mejor cobertura de BCG, mientras que Carchí tiene la mejor de polio, DPT / pentavalente y sarampión/SRP / SR. Al contrario, Bolívar y Azuay están en el último lugar con respecto a BCG, Bolívar con relación a polio y DPT/pentavalente, y Chimborazo con respecto a sarampión/SRP/ SR. � Gráfico 13.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 274 SALUD DEL NIÑO (A) En el Cuadro 13.26 se puede observar el estado de vacunación de los niños de 12 a 59 meses, cuyas madres mostraron el carné de inmunización, cuando cumplieron su primer año de vida. El cuadro tiene dos “totales”. El primero corresponde al nivel de cobertura independientemente de la edad, y el segundo corresponde al nivel de cobertura al cumplir un año de edad. Se aprecia que el sarampión / SRP / SR es sólo del 17.6 por ciento, y está 15.9 puntos porcentuales por debajo de la cobertura final (33.5 por ciento), que no es una sorpresa tomando en cuenta que su administración se inicia precisamente en esa edad. Para la BCG, la cobertura está sólo 4 puntos porcentuales por debajo de la cobertura final (96.9%). Esto indica que el proceso de administración de la BCG prácticamente se completa en el primer año de vida. Para polio y DPT / pentavalente la cobertura está a 18.5 y 17.9 puntos por debajo de la cobertura final (86.4% y 87.9%, respectivamente), señalando que algunos niños terminan su esquema de tres dosis hasta después del primer año de edad. Con respecto a niños que tienen las 4 vacunas en conjunto, se observa que la cobertura al cumplir un año es sólo del 11.6 por ciento, debido a la cobertura relativamente baja de las vacunas individuales, particularmente del sarampión / SRP / SR. Atendiendo a las características presentadas en el Cuadro 13.26, no se observan mayores diferencias en la cobertura de BCG. En cuanto a la polio y DPT / pentavalente, se observa mejor cobertura en áreas urbanas y en niños de mujeres con mayor nivel educativo o económico. Con respecto al sarampión / SRP / SR, se encuentra los más altos porcentajes en el área rural, en la Amazonía, en la población indígena, en los niños cuyas madres tienen instrucción primaria o secundaria, y en los niños de madres con nivel económico bajo o alto. En el Cuadro 13.27 se puede ver el proceso de cómo ocurre la administración de las dosis de las diferentes vacunas en niños de 12 a 59 meses de edad que han sido vacunados, basado en información válida que se encontró en el carné. Enfocando primero en la BCG, de 0 a 2 meses de edad, casi el 88 por ciento de los niños vacunados ha recibido al menos una dosis. Este proceso es muy eficiente y está prácticamente completo en los primeros cinco meses de vida, sólo un 7.6 por ciento es vacunado después de esa edad. En el mismo cuadro se puede observar el proceso de vacunación con polio y DPT / pentavalente entre niños vacunados, y por ser muy similares, se analizan en forma conjunta usando como referencia la vacuna contra la polio. En el primer semestre (0 a 5 meses) está vacunado sólo el 4.9 por ciento con la tercera dosis (4.8% para DPT y 4.5% para pentavalente). Según las normas del MSP, al final de este período todos los niños podrían estar vacunados, si se iniciara en la edad normada (dos meses cumplidos) y si cada dosis se aplicara en los intervalos establecidos (seis semanas). A los 6 a 8 meses cumplidos, un 57.2 por ciento adicional de niños completa la tercera dosis (59.1% para DPT y 53.8% para pentavalente). El proceso sigue durante el resto del primer año de vida, en el cual un 15.5 por ciento adicional ha recibido la tercera dosis de la vacuna contra la polio (14.3% para DPT y 26.4% para pentavalente). El resto se completa prácticamente durante el segundo año de vida. En resumen, parece que el proceso de vacunación con polio y DPT / pentavalente no se ajusta a lo normado, siendo más lento de lo esperado. En el mismo Cuadro se puede observar el proceso de vacunación contra el sarampión entre niños vacunados y no parece ser muy eficiente. Al cumplir el primer año de vida, sólo el 23.0 por ciento de niños ha recibido al menos una dosis de vacuna contra el sarampión (24.1% para SR y 10.9% para SRP). El porcentaje de niños vacunados aumenta rápidamente en el segundo año con un 50.5 por ciento adicional de niños vacunados hasta los 15 a 17 meses de edad (37.3% para SR y 68.4% para SRP). Al cumplir el segundo año de vida, el 87.0 por ciento de niños vacunados ha recibido al menos una dosis de vacuna contra el sarampión (76.8% para SR y 91.6% para SRP). En resumen, de acuerdo con la norma, todos los niños deben en un sistema eficiente, estar vacunados a cumplir un año de edad. Según los datos en el Cuadro 13.27, este no es el caso en el Ecuador, en el sentido que el 64.0 por ciento de niños con protección al sarampión está vacunado durante el segundo año de vida (52.7% para SR y 80.7% para SRP). Se ha postulado que algunos hombres piensan que el cuidado de niños cuando están enfermos es responsabilidad sólo de la mujer y que no es necesaria su participación. Otros controlan el acceso de los niños a atención médica y a las medicinas. Debido a que en el Ecuador existe poca información con respecto a la participación de los hombres en asuntos relacionados con la salud del niño, en la ENDEMAIN 2004 se incluyeron algunas preguntas al respecto. Para comenzar con la serie de preguntas, a las madres de los niños seleccionados aleatoriamente, se les preguntó si el padre que engendró al niño seleccionado vivía actualmente con ella y por ende con el niño. En el Cuadro 13.28 se puede ver que el 81.8 por ciento de los padres vive con sus hijos, cifra que es ligeramente mayor en el área rural (83.1%) que en la urbana (80.7%). Según edad de la madre, se observa que la presencia del padre en el hogar es menor para niños cuyas madres tienen de 15 a 24 años (73.1% a 77.9%). Con una sola excepción, no existen mayores diferencias en la presencia del padre con respecto a la edad del niño, aunque los datos surgieren que a mayor edad del niño, mayor es la probabilidad que el padre viva en otro lugar. 13.8 Participación del padre en asuntos relacionados con la salud del niño ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 275 Si el padre del niño seleccionado vivía en el hogar, se formuló a las madres tres preguntas: 1) Si el niño está enfermo, le ayuda el padre a cuidarle? 2) Si usted quiere llevar el niño a un establecimiento de salud, tiene que obtener el permiso del padre?, y 3) Si usted requiere comprar medicinas en una farmacia para darle al niño, necesita que el padre le de el dinero para comprarla?. Según el Cuadro 13.28, de acuerdo con lo informado por las madres, el 88.4 por ciento de los padres ayuda a cuidar al niño cuando está enfermo. Dicha participación del padre no presenta mayor variación según las características presentadas en el Cuadro, pero se incrementa con el nivel educativo o económico de la madre, del 81.2 por ciento de niños cuyas madres no tienen educación formal al 94.4 por ciento para las que registran instrucción superior, y del 84.9 por ciento de niños cuyas madres son del nivel económico bajo al 91.7 por ciento de madres con nivel alto. El 31.3 por ciento de las madres informó que tienen que obtener el permiso del padre para llevar al niño a un establecimiento de salud. Los porcentajes son mayores en madres que viven en el área rural (42.1%), en madres indígena (50.1%), en las de 45 a 49 años de edad (45.6%) y entre las sin instrucción formal (47.8%). Tres de cada cuatro madres informaron que necesitan que el padre de el dinero para comprar medicinas en una farmacia cuando el niño está enfermo. Otra vez se encuentran los mayores porcentajes en madres del área rural, en madres indígenas y en las sin o con poca educación formal. En general, la proporción que necesita la ayuda financiera del padre disminuye a medida que aumenta la edad de la madre. Como se indicó anteriormente, el 18.2 por ciento de los padres no vive con sus hijos. La ausencia del padre puede resultar en la no participación en la vida y bienestar de sus niños. A las madres de niños cuyos padres no viven con ellos, se les preguntó: “En los últimos 12 meses le ha dado el padre del niño dinero para mantenerlo”? y “En los últimos 12 meses cuántas veces le ha visitado el padre al niño”?. En el Cuadro 13.29 se puede ver que sólo el 39.2 por ciento de los padres ausentes ha dado dinero para mantener a su niño, cifra que desciende al 33.3 por ciento en el área rural, al 30.4 por ciento en niños cuyas madres son solteras y al 33.8 por ciento entre niños de 36 a 59 meses de edad. Los mayores porcentajes se encuentra en niños cuyas madres son casadas o unidas (50.9%) y cuyas madres tienen mayor instrucción (alrededor del 54%). Con relación al número de visitas hechas por el padre ausente en los últimos 12 meses, se observa que el 56.3 por ciento de los padres no hizo ninguna visita. La probabilidad de no realizar una visita aumenta en la medida que se incrementa la edad del niño, del 49.1 por ciento entre niños de 0 a 5 meses de edad al 61.7 por ciento entre aquellos de 36 a 59 meses, y llega al 72.5 por ciento en niños cuyas madres son casadas o unidas. No se observa ninguna diferencia según sexo del niño. Se aprecia que el 14.7 por ciento de los niños recibió 1 a 4 visitas en los últimos 12 meses, mientras que un porcentaje similar recibió 15 ó más visitas. Otro 4.6 por ciento recibió 5 a 9 ó de 10 a 14 visitas durante el transcurso del último año.Y 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 276 SALUD DEL NIÑO (A) 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 277 � Cuadro 13.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 278 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 279 � Cuadro 13.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 280 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 281 � Cuadro 13.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 282 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 283 � Cuadro 13.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 284 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 285 � Cuadro 13.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 286 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.10 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 287 � Cuadro 13.11 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 288 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 289 � Cuadro 13.13 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 290 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.14 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 291 � Cuadro 13.15 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 292 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 293 � Cuadro 13.17 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 294 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.18 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 295 � Cuadro 13.19 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 296 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.20 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 297 � Cuadro 13.21 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 298 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.22 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 299 � Cuadro 13.23 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 300 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.24 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 301 � Cuadro 13.25 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 302 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.26 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 303 � Cuadro 13.27 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 304 SALUD DEL NIÑO (A) � Cuadro 13.28 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 SALUD DEL NIÑO (A) 305 � Cuadro 13.29 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 306 SALUD DEL NIÑO (A) 14. Actividad sexual y salud reproductiva en mujeres de 15 a 24 años de edad (adolescentes y jóvenes) ] En el Ecuador, las mujeres de 15 a 24 años de edad, constituyen más de la tercera parte (38 por ciento) de la población clasificada como de edad fértil (mujeres de 15 a 49 años de edad). Ellas representan la próxima generación de madres, trabajadoras y líderes del país, que para cumplir con estos papeles de la mejor forma posible, necesitan la guía y apoyo de su familia, de su comunidad, y principalmente de la atención de un gobierno comprometido con su desarrollo. El impacto de la educación sexual en la mujer, se refleja en la fecundidad, en la salud de las madres y de los niños, en el conocimiento y uso de anticonceptivos, así como en la prevención y control de las infecciones de transmisión sexual. Son las madres más educadas las que tienen hijos más sanos y mejor alimentados y son aquellas las que terminan al frente de la familia en el caso de hogares en donde no existe la figura del padre. Aparte, existen una serie de factores que influyen en los y las jóvenes en el riesgo de iniciar su vida sexual a más temprana edad y de este modo se incrementa el período de exposición al riesgo de embarazos no deseados o matrimonios fuera del contexto socio-culturalmente aceptado, y además se generan expectativas poco realistas sobre el comportamiento sexual de los y las adolescentes y jóvenes del Ecuador. Por esta razón en la ENDEMAIN 2004, se plantea una vez más una serie de preguntas que permiten determinar las actitudes y el comportamiento sexual, la exposición al riesgo del embarazo a temprana edad, la vulnerabilidad ante las infecciones de transmisión sexual, y el uso de métodos anticonceptivos en mujeres de 15 a 24 años. Como se verá en los resultados, menos de la mitad de las adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años de edad del país estudian, se inician las relaciones sexuales cada vez más temprano y en condiciones de inseguridad, y se tienen embarazos que resultan en grandes consecuencias tanto para sus madres o padres adolescentescomo para sus hijos. Las mujeres con niveles educativos bajos son las más expuestas al embarazo, ya que presentan las mayores proporciones de mujeres sexualmente activas y es también en donde se observan los menores porcentajes de uso de anticonceptivos. En el Cuadro 14.1 se presenta un perfil de las mujeres entrevistadas de 15 a 24 años de edad, distribuidas de acuerdo a diferentes características seleccionadas. Se observa que el 50.7 por ciento reside en la Sierra, el 44.0 por ciento en la Costa y un menor porcentaje en las regiones Amazónica e Insular. El 81.0 por ciento declaró ser “mestiza”; el 8.7 por ciento “indígena” y el 6.4 por ciento “blanca”. Del total de mujeres de 15 a 24 años, la tercera parte están casadas o unidas (32.2%), y la proporción casada / unida es mayor en las de 20 a 24 años (51.4%) que en las de 15 a 19 años (16.2%). El 46.7 por ciento de las mujeres ya ha tenido experiencia sexual. Como se espera, esta proporción es mayor entre mujeres de 20 a 24 años de edad. El 34.5 por ciento de mujeres tiene al menos un hijo vivo, cifra que baja al 16.2 por ciento en las de 15 a 19 años, pero sube al 56.5 entre las de 20 a 24 años de edad. Menos de la mitad de las mujeres estudian actualmente (42.5%). La asistencia escolar entre mujeres de 15 a 19 años es mayor que en las de 20 a 24 años (57.3% contra 24.7%, respectivamente). Se observa que el 12.9 por ciento ha alcanzado el nivel superior, y el 71.1 por ciento tiene una educación mayor que la primaria. Se observa que sólo el 1.0 por ciento reportó ninguna educación formal. Según quintil económico, las mujeres tienen una distribución casi homogénea en los primeros tres quintiles (alrededor del 22%), pero la proporción baja en los quintiles 4 y 5 (18.1% y 15.7%, respectivamente). En relación con la situación de empleo, el 71.2 por ciento no tiene actualmente un trabajo remunerado, y la proporción de mujeres de 20 a 24 años que trabaja (37.9%) es más alta que en las de 15 a 19 años (21.2%). El Cuadro 14.2 muestra información sobre la menarquia o primer período menstrual, lo cual indica el inicio de la capacidad reproductiva de la mujer. La menarquia es el principal marcador psicológico y biológico de la transición de la infancia y a ser adulta. Los datos indican que la mayoría de las mujeres tuvo la menarquia entre los 12 y 13 años de edad (29.7% y 26.3%, respectivamente). La edad promedio a la menarquia es de 12.9 años. 14.1 Características sociodemográficas de las mujeres de 15 a 24 años de edad ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 307 Entre las mujeres que han menstruado, la mayoría conocía sobre la menstruación al momento en que este evento ocurrió (71.4%), y aquellas que la tuvieron entre los 14 y 15 años muestran un porcentaje de conocimiento más alto respecto de las que iniciaron su período a edades más tempranas (Cuadro 14.3). También se observa que la madre es la principal fuente de información sobre qué es la menstruación o regla (65.3%), seguida por los profesores (11.5%), las hermanas (6.4%) y otros parientes (5.5%). La educación es una variable clave en la explicación y la transformación de los conocimientos relacionados con la salud sexual y reproductiva. La educación sexual es todo un proceso fundamental mediante el cual se adquieren y transforman de manera formal e informal, conocimientos, actitudes y valores, respecto a la sexualidad en todas sus manifestaciones, que van desde los aspectos biológicos hasta los relacionados con la reproducción, el erotismo, la identidad y las representaciones sociales, ya que ejerce su influencia sobre el comportamiento, criterios, convicciones, motivaciones y actitudes de los individuos en la sociedad. Es un instrumento importante para lograr la conservación y el restablecimiento de la salud individual y de la población en general. Una adecuada educación y consejería en sexualidad acorde a la etapa de desarrollo de los (las) adolescentes y jóvenes contribuyen positivamente a la salud y al desarrollo de ellos(as), y permite la postergación de su vida sexual activa y precoz. En este contexto, a todas las mujeres de 15 a 24 años de edad, se les preguntó si habían recibido información sobre los diferentes temas de salud sexual y reproductiva; de esto se desprende que el 81.6 por ciento de mujeres de 15 a 24 años ha recibido alguna información sobre temas de sexualidad, cifra que varía de 91.4 por ciento en el área urbana al 67.6 por ciento en la rural. Los Cuadros 14.4 y 14.5 detallan los temas en el orden de importancia como fueron mencionados. Como se puede ver, la “menstruación” tiene la mayor proporción (81.5%), y los “métodos anticonceptivos” la más baja (66.9%), mientras que los otros temas, como “relaciones sexuales”, “embarazo y parto”, “ITS/VIH/SIDA”, “aparato reproductor femenino y masculino”, “cambios físicos en el cuerpo” se distribuyen entre 71.3 y 67.3 por ciento. En general, la probabilidad de recibir información sobre estos temas es mayor en el área urbana que en la rural (Gráfico 14.1). En la Sierra se percibe una menor proporción de adolescentes y jóvenes expuestas a los temas que en las demás regiones, siendo la Insular la que tiene para casi todos los temas, los mayores porcentajes, a pesar de que presenta un menor número de casos. Conocimiento sobre temas en sexualidad y salud reproductiva, por área de residencia � Gráfico 14.1 14.2 Educación en salud sexual y reproductiva ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 308 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) La población indígena presenta una menor probabilidad de recibir información, y se observan cifras bajas que llaman la atención como el “VIH/SIDA” (25.5%) y los “métodos anticonceptivos” (26.4%). También se puede ver que a menor edad hay mayor exposición u oportunidad para obtener información sobre salud sexual y reproductiva, y que la probabilidad de recibir un curso o charla es mayor a medida que se incrementa el nivel educativo o económico. El Cuadro 14.6 permite conocer la fuente que brindó información sobre los temas de educación sexual. En general, la escuela o colegio es la principal fuente de información sobre temas relacionados con educación sexual. Los temas que presentan mayor frecuencia en la escuela o colegio son “el aparato reproductor femenino y masculino” y “cambios físicos del cuerpo” (90.9% y 88.4%, respectivamente). En tercer lugar, es el tema sobre las “relaciones sexuales” (79.6%), seguido por “ITS/VIH/SIDA” (77.6%). En cambio a nivel familiar, los temas más mencionados son “la menstruación”, “embarazo y parto” y “relaciones sexuales” (27.1%, 17.3% y 12.9%, respectivamente). Es interesante notar que un porcentaje mayor de las entrevistadas mencionó “otra” como una fuente de información sobre los “métodos anticonceptivos” que un familiar (15.9% contra 9.6%). El Cuadro 14.7 muestra que del total de mujeres de 15 a 24 años de edad, el 46.7 por ciento ya ha tenido relaciones sexuales. Este comportamiento es muy similar en el área urbana y en la rural (alrededor de 47%). Las mujeres de la Amazonía declaran haber tenido relaciones sexuales en mayor proporción (55.4%) que en la Costa (51.3%), Sierra e Insular (41.8% y 49.1%, respectivamente). En las provincias de Los Ríos, Manabí y Esmeraldas, la proporción de mujeres que ha tenido relaciones sexuales es mayor que en las demás, mientras que se observa menor experiencia sexual en Chimborazo y Cañar. En el Cuadro 14.8 se observa que el 70.3 por ciento de mujeres de 20 a 24 años ya ha tenido relaciones sexuales, frente al 27.0 por ciento de las de 15 a 19 años, y como se esperaba, a medida que la edad aumenta el porcentaje de mujeres que ha tenido relaciones se incrementa, de 9.6 por ciento en mujeres de 15 años a 83.1 por ciento en las de 24 años de edad. En relación a los resultados de la encuesta de 1999, existe un incremento de 3 puntos porcentuales a nivel nacional entre las dos encuestas y se registra un incremento en las relaciones sexuales premaritales (30.0% contra 37.2%, respectivamente) (Gráfico 14.2Datos no presentados). También se observa que la población indígena declara en menor proporción haber tenido experiencia sexual (43.7%) frente a los demás grupos étnicos. El porcentaje de mujeres que ha tenido experiencia sexual se relaciona en forma inversa con el nivel educativo o económico, este último desciende del 55.0 por ciento entre las del quintil más pobre al 33.5 por ciento entre las del quintil más alto; y a mayor educación la proporción con experiencia sexual decrece (Cuadro 14.8). De las mujeres de 15 a 24 años que han tenido relaciones sexuales (46.7%), el 37.2 por ciento declaró que la primera relación sexual fue premarital y el 9.5 por ciento marital (Cuadro 14.7). Para esta clasificación se define como relación premarital aquella relación sexual de las mujeres que nunca han estado casadas o unidas y para las que están casadas o unidas, las que dijeron que la primera relación sexual ocurrió antes de la fecha de la primera unión marital. El 56.2 por ciento de mujeres de 20 a 24 años (Cuadro 14.8) declaró que su primera relación sexual fue premarital, y como se puede ver de acuerdo a la edad actual simple, la proporción de relaciones premaritales se va incrementando a medida que la edad aumenta. Se observa que las mujeres separadas, divorciadas o viudas evidencian en mayor proporción las relaciones premaritales que las actualmente casadas o unidas (77.8% contra 73.3%, respectivamente). 14.3 Experiencia sexual y tipo de relación sexual ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 309 Primera experiencia sexual, por tipo de relación, según quintil económico El 56.7 por ciento de las mujeres sin instrucción ha tenido relaciones sexuales premaritales, comparado con el 29.9 por ciento de las que tienen instrucción superior. Con respecto al nivel económico, las mujeres del nivel más pobre (42.2%), muestran un mayor riesgo de tener relaciones sexuales premaritales que las del nivel más alto (28.6%) (Gráfico 14.2). En general, la proporción de relaciones sexuales premaritales es mayor que la de relaciones maritales en todas las variables presentadas en el Cuadro 14.8. Del total de mujeres de 15 a 24 años, sólo el 27.3 por ciento dijo estar de acuerdo con las relaciones sexuales antes del matrimonio (datos no presentados). Sin embargo, en el Cuadro 14.9 se observa que la mayoría de las mujeres con experiencia sexual declaró haber tenido la primera relación sexual con su novio (68.7%). Un menor porcentaje reportó relaciones con amigos, familiares, o desconocidos. El resto de las mujeres dijeron haber tenido su primera relación sexual con su esposo (25.3%), lo cual se define como una relación marital. La proporción que declaró que la pareja era su novio, es menor en el área rural (60.6%), en la región Insular (64.0%) y en la población indígena (48.2%). La probabilidad de tener relaciones sexuales premaritales aumenta con el nivel educativo o económico, pero va disminuyendo cuando la edad a la primera relación sexual aumenta. Cabe aclarar que el 6.3 por ciento que se clasifica como premarital, a pesar de que las entrevistadas reportaron que fue con el esposo o compañero, corresponde a los casos en los cuales la fecha de la primera relación sexual fue anterior a la fecha de la primera unión. Con respecto a quien decidió tener relaciones, el 76.8 por ciento dijo que la pareja tomó la decisión en conjunto, el 13.9 por ciento que su pareja le convenció y un 2.7 por ciento manifestó haber sido obligado por su pareja (datos no presentados). La edad a la primera relación sexual es un factor determinante de la fecundidad de los individuos, en el sentido que a medida en que se retrasa el inicio de las relaciones sexuales, se reduce el tiempo de vida reproductiva y el riesgo de tener un embarazo no deseado, embarazos de alto riesgo, abortos en condiciones riesgosas, hijos de madres solteras, ITS/VIH/SIDA, y aún de mortalidad materna. Las cifras que muestra el Cuadro 14.10 indican que el 8.0 por ciento de mujeres de 15 a 24 años ha tenido relaciones sexuales antes de cumplir los 15 años, y esta cifra se va acumulando a 30.0 por ciento antes de los 18 años y llega a 46.2 por ciento antes de cumplir 25 años. En general, la proporción es más alta en la Amazonía (Gráfico 14.3). La población indígena muestra una menor proporción de iniciar las relaciones sexuales a edades más tempranas que los otros grupos étnicos. La edad a la primera relación sexual decrece a medida que aumentan los años de educación; es importante destacar que cuando es más bajo el nivel económico, las mujeres inician sus relaciones sexuales a más temprana edad. 14.3.1 Edad a la primera relación sexual ] � Gráfico 14.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 310 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) Primera relación sexual antes de cumplir 18 años, por provincia. (Mujeres de 15 a 24 años de edad) La edad mediana indica que la mitad de las mujeres entrevistadas de 15 a 24 años, tuvo la primera relación antes de esa edad y la otra mitad después de esa edad. Para el área rural la edad mediana es menor que la urbana con casi un año de diferencia (18.7 años contra 19.3 años, respectivamente). La región Amazónica presenta la edad mediana más baja, mientras que la Sierra presenta la más alta. Es evidente que entre las mujeres con mayor educación es más tardío el evento de experimentar la primera relación sexual a más temprana edad (Cuadro 14.10), (Gráfico 14.4). Mediana de edad (años) a la primera relación sexual, según nivel de instrucción � Gráfico 14.4 � Gráfico 14.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 311 Datos no presentados indican que la opinión de las mujeres de 15 a 24 años respecto a la edad ideal promedio para que una mujer o un hombre inicie las relaciones sexuales es de 20 y 19.5 años, respectivamente. El Cuadro 14.11 presenta información sobre la edad a la primera relación sexual de mujeres de 15 a 24 años que han tenido relaciones sexuales, respecto a la edad que tenía la pareja con quién tuvo la primera relación sexual. Entre las mujeres que han tenido su primera relación sexual antes de cumplir los 15 años, el 21.4 por ciento de sus parejas tenía 15 a 17 años, el 26.3 por ciento 18 a 19 años, y el 43.5 por ciento tenía 20 años o más. Las mujeres que tuvieron su primera relación a los 20 a 24 años, el 57.4 por ciento la tuvo con parejas de su misma edad y un 34.0 por ciento con parejas mayores que ellas. En general, la edad de la pareja es mayor que la de las mujeres y la edad promedio de ellas fue de 16.2 años, mientras que la de sus parejas fue de 21.2 años. Esto significa que las mujeres tuvieron su primera relación sexual con parejas que en promedio eran al menos 5 años mayores a ellas. Frente al grupo de mujeres sexualmente activas, se encuentra un gran desafío evitar embarazos no planificados. Una entrega oportuna de información de los distintos métodos anticonceptivos existentes, su eficacia, sus ventajas y desventajas, cómo obtenerlos y precauciones en su uso, ayudaría a evitarlos. El miedo a los efectos secundarios, o la falta de acceso a los anticonceptivos, disminuye la probabilidad de uso, además de la actividad sexual no frecuente o imprevista entre los/las jóvenes pueden representar un obstáculo para el uso constante de los anticonceptivos. De las mujeres de 15 a 24 años de edad con experiencia sexual, el 13.5 por ciento declaró haber usado un método anticonceptivo en su primera relación sexual (Cuadro 14.12). El uso de métodos anticonceptivos en la primera relación es menor en el área rural, en la población indígena y en mujeres con menor instrucción, pero se observa que el uso se incrementa en la medida que aumenta el nivel educativo o económico (Gráfico 14.5). El 7.1 por ciento de mujeres cuya relación sexual fue antes de los 15 años usó algún método, y el uso se incrementa gradualmente hasta el 18.0 por ciento para las que tenían 20 a 24 años de edad. De acuerdo a la clasificación de la primera relación sexual, el uso de métodos es mayor cuando la relación fue premarital que cuando ésta fue marital (14.5% contra 9.4%, respectivamente). Sin embargo, las mujeres que viven en Quito, Guayaquil y aquellas con nivel de instrucción superior declaran en mayor proporción el uso de métodos anticonceptivos, cuando la relación fue marital (32.9%), cifra notable que en este mismo grupo educativo es de 22 por ciento para sus relaciones premaritales. Datos no mostrados indican que el uso de anticonceptivos durante la primera relación sexual se incrementó del 4.8 por ciento en 1994 a 10.5 por ciento en 1999 y ha subido al 13.5 por ciento en el 2004. El incremento es más notable en las primeras relaciones clasificadas como premaritales con cifras que van del 3.9 por ciento en 1994 a 14.5 por ciento en el 2004. El método anticonceptivo más usado en la primera relación sexual fue el condón (6.7%), seguido por el retiro (3.1%) y las pastillas (1.4%). Los otros métodos que se mencionan, en una proporción menor, son la inyección, el ritmo, y los métodos vaginales. El uso del condón en la primera relación sexual es mayor en el área urbana, principalmente en Quito (15.3%). En la Amazonía (13.2%) es mayor que en las demás regiones. El uso del condón se incrementa a medida que el nivel educativo, el nivel económico y la edad a la primera relación aumentan (Cuadro 14.13). Cabe resaltar la influencia de la instrucción superior, cuyo uso anticonceptivo se discrimina así: condón (9.9%), pastillas (1%), inyección anticonceptiva (4%), retiro (3%) y ritmo (5.6%). También se debe mencionar que el uso en el grupo indígena es insignificante. 14.3.2 Uso de métodos anticonceptivos en la primera relación sexual ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 312 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) Uso de anticonceptivos en la primera relación sexual, según características seleccionadas En el Cuadro 14.14, se presentan las razones reportadas por las mujeres que no usaron métodos cuando su primera relación fue "premarital". Las dos razones más frecuentes fueron: "no esperaban tener relaciones en ese momento" y que no "conocía métodos" (51.1% y 27.7%, en ese orden). La falta de conocimiento de métodos, es mayor en el área rural (40.9%), principalmente en el área rural de la Sierra (40.7%), en la Amazonía (45.8%), en la población indígena (62.8%), en mujeres sin instrucción (48.3%), en las del nivel económico más bajo (39.8%), y cuando la edad a la primera relación sexual es menor a los quince años (36.1%). Según el nivel de instrucción y la edad a la primera relación, el desconocimiento de métodos presenta una tendencia opuesta a la proporción que no esperaba tener relaciones sexuales en ese momento y es más evidente en el nivel educativo y económico más alto. El Cuadro 14.15 presenta las razones para no usar métodos anticonceptivos para aquellas mujeres cuya primera relación sexual fue "marital". La razón mencionada con mayor frecuencia fue que "no conocía métodos" (38.6%). Las mujeres del área rural reportaron un mayor desconocimiento que de la urbana (46.0% contra 29.4%, respectivamente). El desconocimiento disminuye en cuanto la edad a la primera relación se incrementa, y el nivel económico de la mujer es más alto. La segunda razón mas mencionada fue "quería embarazarse" (18.2%); esta razón aumenta con la edad que las mujeres tenían en ese momento. Es de resaltar que un 50.3 por ciento de mujeres que en ese momento tenían menos de quince años no usaron métodos anticonceptivos por que "no conocían métodos" y, a pesar de su edad, un 10.8 por ciento dijo que no usó porque "quería embarazarse". Por otra parte, según el nivel de instrucción, el deseo de embarazo, agrupando ninguno / primario (52.7%) y las de secundaria / superior (24.5%) tiene altos valores. En la actualidad uno de los principales problemas que afecta a las y los jóvenes que comienzan su actividad sexual temprana, es el embarazo no planificado o no deseado, y las consecuencias de este, afectan tanto su salud como a su entorno familiar. Entre las causas para que estos embarazos ocurran se pueden mencionar: falta de educación sexual o información no oportuna, inicio precoz de la actividad sexual, causas familiares, factores socioculturales como recursos económicos bajos, baja escolaridad, falta de madurez, falta de compromiso con sus responsabilidades, falta de conocimiento y no uso de métodos anticonceptivos. Según los datos en el Cuadro 14.16, el 38.9 por ciento de todas las mujeres de 15 a 24 años de edad ha tenido al menos un embarazo. Esta proporción está constituida por el 22.0 por ciento que se clasifica el primer embarazo como marital y el 16.9 por ciento como premarital. La proporción de mujeres alguna vez embarazada es más alta en el área rural, principalmente en la Costa (50.2%). Los diferenciales entre las provincias varían indistintamente, en 14.4 Circunstancias en que tuvo el primer embarazo ]]] � Gráfico 14.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 313 las de la Sierra se destaca Imbabura (46.8%) y entre las de la Costa, Los Ríos (50.8%). Según tipo de embarazo, el comportamiento no es homogéneo, pues mientras en algunas provincias prevalece el embarazo marital en otras es mayor el embarazo premarital. En la misma provincia de Los Ríos, el embarazo marital es 40.5 por ciento y el premarital 10.2 por ciento. En el Cuadro 14.17, se puede observar que la proporción de mujeres de 15 a 24 años de edad con al menos un embarazo varía del 20.2 por ciento en las de 15 a 19 años al 61.5 por ciento entre las de 20 a 24 años. Según la edad actual simple (Gráfico 14.6), el comportamiento es como se espera, el valor se incrementa del 5.9 por ciento en mujeres de 15 años, al 39.7 por ciento en las de 19 años, y alcanza el 73.9 por ciento en las de 24 años de edad. La mayor parte de mujeres casadas o unidas y las mujeres alguna vez unidas ya ha experimentado un embarazo (93.0% y 91.8%, en ese orden) y aún las mujeres solteras declaran haber estado alguna vez embarazada el 8.4 por ciento. Primer embarazo, por clasificación del embarazo, según edad actual La relación entre el nivel educativo o económico es inverso frente al riesgo de experimentar un embarazo, pues a menor nivel de instrucción mayor el riesgo, el valor desciende del 67.8 por ciento en mujeres sin instrucción formal al 24.0 por ciento en las del nivel superior. Con respecto al nivel económico, el porcentaje baja del 48.5 por ciento en las del quintil más bajo al 21.9 por ciento entre las del quintil más alto. La mayoría de mujeres declaró que su primer embarazo lo tuvo con su esposo o compañero, lo que determina que los embarazos maritales son más frecuentes que los premaritales. La proporción de embarazos premaritales varía del 9.3 por ciento en mujeres de 15 a 19 años al 26.1 por ciento en las de 20 a 24 años. Las mujeres indígenas declaran en menor proporción haber tenido un embarazo premarital que las mestizas o blancas. La frecuencia de embarazos premaritales es mayor en mujeres separadas, viudas o divorciadas (44.3%) frente a las actualmente casadas o unidas (30.6%). Se observa que la proporción de embarazos premaritales decrece a medida que el nivel socioeconómico aumenta (del 19.5% al 11.0%). Con excepción de las mujeres de 15 años, las madres solteras, las mujeres con instrucción superior y las de nivel económico más alto, en el resto de categorías la proporción de mujeres con embarazo marital es mayor que la proporción de embarazos premaritales. (Cuadro 14.17). A las mujeres de 15 a 24 años de edad que reportaron haber tenido al menos un embarazo, se les preguntó si ellas pensaban que podían salir embarazadas cuando quedaron embarazadas por primera vez, y a las que respondieron "no", se les preguntó la razón de no creer. Del total de mujeres alguna vez embarazadas, el 37.2 por ciento dijo que no pensó salir embarazada en ese momento (Cuadro 14.18). La proporción varía del 24.2 por ciento cuando el embarazo fue marital al 54.1 por ciento cuando su primer embarazo fue clasificado como premarital. Cuando el primer embarazo ocurrió antes de que ellas tuvieran 15 años, más de la mitad pensó que no iba a quedar embarazada en ese momento (52.8%), esto hace evidente que en esta edad la proporción de embarazos premaritales es mayor que los maritales (65.3% y 37.8%, en ese orden). No se percibe mayor diferencia según área � Gráfico 14.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 314 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) de residencia, ni una tendencia muy definida en el nivel de instrucción o por nivel económico. Pero la variación de embarazos premaritales es más evidente cuando las mujeres declaran no haber recibido información sobre temas de salud sexual y reproductiva. El Cuadro 14.19 presenta las razones por la cuales la mujer creía que no podía salir embarazada cuando esto le ocurrió. Se puede ver que el 34.7 por ciento reportó por que "era su primera vez" a tener relaciones sexuales, seguido por "no tener relaciones frecuentes" (18.8%), "no estar en su período fértil" (16.1%), y "creía no tener la edad" para quedar embarazada (8.8%). Datos no presentados indican que un 63.3 por ciento de mujeres de 15 a 24 años opina que si pueden quedar embarazadas en la primera relación sexual, sin embargo de estar conscientes de ello, una de las principales razones por las que ellas creían no salir embarazadas es que "era su primera vez". Esta razón es más común entre mujeres cuyo primer embarazo ocurrió a menor edad, pues a medida que la edad aumenta esta proporción disminuye (del 41.8% al 23.5%) (Cuadro 14.19). Esta creencia alcanza un 37.5 por ciento cuando el embarazo fue premarital, y es más acentuada en las mujeres indígenas (48.9%) que en las mestizas o blancas (34.9% y 37.2%, en ese orden). Las mujeres con menor nivel de instrucción (40.9%) y aún aquellas que recibieron información sobre el embarazo (35.9%), creían en mayor proporción que no quedarían embarazadas por ser la primera vez. No pensaban quedar embarazadas por "no tener relaciones frecuentes" dijeron un 18.8 por ciento de las mujeres y esta razón no tiene mayor variación entre las características presentadas. Sin embargo, entre las mujeres que creían "no estar en su período fértil", la relación es inversa según la edad a la que tuvieron su primer embarazo. Por ejemplo, las del grupo de 20 a 24 años es mayor (24.7%) que las que lo tuvieron cuando eran menores de 15 años (3.8%). Esto ocurre también en las mujeres con instrucción superior, aún cuando habían recibido alguna información sobre la menstruación y sobre el embarazo. También es importante mencionar que el porcentaje que creyó que no quedaría embarazada porque "su pareja le dijo que no quedaría embarazada", es mayor en el área rural (11.6%), en la población indígena (12.6%) y cuando el nivel de instrucción es menor (9.9%). La probabilidad de responder que "no tenía la edad" es mayor entre mujeres que quedaron embarazadas antes de cumplir los 15 años (17.5%) y entre mujeres con menor educación (13.8%). A las mujeres de 15 a 24 años que han estado embarazadas alguna vez, se les preguntó si cuando ocurrió su primer embarazo, ellas querían tener ese hijo entonces, quería esperar más tiempo o no lo querían. En el Cuadro 14.20 se puede ver que el 66.3 por ciento de mujeres dijo que lo querían en ese momento, y la proporción de mujeres que dijo que querían esperar, más aquellas que no lo querían en ese momento (embarazo no planeado o no deseado), suman un 33.6 por ciento. Más de la mitad de mujeres que se quedaron embarazadas antes de los 15 años dijeron que querían tener ese embarazo y de las que se embarazaron entre los 15 y 17 años el 65.9 por ciento respondieron que lo deseaban. Cuando el embarazo fue marital la mayoría de mujeres lo querían (81.4%). Cuando el embarazo fue premarital, un número considerable de mujeres manifestó su deseo de que no lo querían en ese momento (53.3%). Entre las mujeres que pensaban que podrían salir embarazadas, el 77.2 por ciento si lo quería, y sin embargo de haberlo pensado, un 22.7 por ciento no lo deseaban. Las mujeres con menor nivel educativo o económico manifestaron en mayor proporción su deseo de querer un embarazo en ese momento (74.9% y 70.4%, respectivamente). El Cuadro 14.21, evidencia la relación entre la edad al primer embarazo y la edad de las parejas que las embarazaron. Es evidente que la mayoría de las parejas con las que las mujeres tuvieron su primer embarazo son mayores que ellas. De las que tuvieron su primer embarazo antes de cumplir los 15 años, el 46.7 por ciento de sus parejas era menor de 20 años de edad, mientras que el 33.7 por ciento era mayor de 20 años. La edad promedio de las mujeres en su primer embarazo fue de 17.6 años, y el de sus parejas 21.9, es decir las mujeres tuvieron su primer embarazo con parejas que en promedio eran 4 ó 5 años mayores a ellas. El Cuadro 14.22, muestra que el 56.6 por ciento de mujeres tuvo su primer embarazo con su esposo o compañero, mientras el 39.4 por ciento dijo que su relación de pareja en el momento de saber de su primer embarazo era su novio, y esta proporción es mayor cuando la edad al primer embarazo es menor de 15 años (50.4%) y cuando las mujeres tienen un mayor nivel de instrucción (53.4%). Dada la importancia y el impacto de los embarazos premaritales en las mujeres jóvenes, es necesario ver con quién vivían las mujeres de 15 a 24 años cuando esto les ocurrió. En el Cuadro 14.23, se puede observar que la mayoría de las mujeres cuyo primer embarazo fue premarital vivía con sus padres (78.7%), proporción que es más evidente 14.5 Planeación del primer embarazo ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 315 entre las mujeres cuya edad al primer embarazo era entre 20-24 años (85.1%), en las mujeres con nivel de instrucción secundaria o superior (80.4%) y en las de nivel económico medio (84.3%). Cómo reacciona la familia frente a un primer embarazo premarital?. En el Cuadro 14.24 se observa que las tres reacciones más mencionadas fueron: "aceptaron el embarazo en forma normal" (48.3%), "querían casamiento o le obligaron a casarse" (12.0%) e "indiferencia" (9.8%). En las mujeres cuyo embarazo ocurrió cuando tenían menos de 15 años, es menor la aceptación de un embarazo como normal (38.7%), frente a las mujeres que lo tuvieron cuando tenían entre 20 a 24 años de edad (64.8%). La reacción de "enojo" (10.6%) se impone frente a la "indiferencia" cuando las mujeres tenían menor edad, y al 9.4 por ciento de las mujeres que tenían entre 18 a 19 años las "botaron de su casa" cuando esto les ocurrió. También vale mencionar que en el grupo de mujeres que tenían 20 a 24 años el 9.8 por ciento dijo que su familia "no lo supo". En el Cuadro 14.25 se puede observar la reacción de la pareja frente a un embarazo premarital. Las tres reacciones más mencionadas fueron: se puso "contento" (38.7%), se mostró "preocupado" (26.0%), y "enojado" (10.4%). Como se puede ver, las reacciones son más positivas en el área urbana que en la rural, pues allí un 17.7 por ciento de las parejas "se enojó", un 7.9 por ciento mostró "indiferencia" y un 5.5 inclusive dijo que "lo tuviera sola". Las parejas cuya edad al enfrentar el primer embarazo de su pareja era menor de 18 años, el 41.7 por ciento se puso "contento" y el 30.2 "se preocupó", pero a medida que la edad aumenta la reacción de preocupación disminuye y la de "enojo" y "que lo tuviera sola" aumentan. Contrario a la reacción de la familia que menciona en segundo lugar que "la obligarían a casarse", en el caso de la pareja sólo un 3.2 por ciento les dijo que "se casaría / uniría". La mayor parte de los embarazos terminaron con un nacido vivo (85.5%), un 5.8 por ciento en aborto, y un 0.7 por ciento en nacido muerto. El 7.9 por ciento aún estaba embarazada al momento de la entrevista (Cuadro 14.26). La pérdida o aborto de los embarazos es más evidente en mujeres cuyo primer embarazo ocurrió cuando tenían menos de 15 años, en las de nivel de instrucción superior y en las de nivel económico más alto. Después del primer embarazo, el 70.3 por ciento de mujeres vivió con su esposo o compañero, el 22.7 por ciento con sus padres y en menor proporción con parientes, amigos o solas (Cuadro 14.27). En la Costa, principalmente en el área rural, se percibe una mayor proporción en la convivencia con la pareja después del primer embarazo (77.6%). Cuando la edad al primer embarazo es menor, principalmente si fueron menores de 15 años (28.5%), y cuando el embarazo fue premarital (47.7%), se observa mayor atención de los padres para acoger a sus hijas en su hogar. Si la mujer es de un nivel económico más bajo se queda con sus padres (25.7%), y aún las de mayor nivel de instrucción también lo hacen (31.4%). El matrimonio a temprana edad, y la maternidad precoz en particular, o no planeada, pueden producir un impacto profundo y prolongado en el bienestar de la mujer, en su educación y en su capacidad para contribuir a la comunidad. No obstante, son complejos los factores físicos, familiares y culturales, que determinan cuáles mujeres se casarán y cuándo, quiénes iniciarán relaciones sexuales antes del matrimonio, quiénes comenzarán a procrear durante la adolescencia, y quiénes tendrán hijos fuera del matrimonio. En esta sección se presentan las consecuencias educativas y laborales como producto del primer embarazo en las mujeres de 15 a 24 años que han tenido al menos un embarazo. El Cuadro 14.28 nos permite visualizar la condición de estudio y/o trabajo de la mujer cuando se quedó embarazada por primera vez. El 45.3 por ciento "no estudiaba, ni trabajaba", el 23.5 por ciento "sólo estudiaba" y el 25.9 por ciento "sólo trabajaba". Otro 5.3 por ciento "estudiaba y trabajaba". La edad de las mujeres que se analizan (15 a 24 años), está estrechamente ligada a la edad escolar (edades menores) y con el inicio de la actividad económica (edades mayores), sin embargo de esto, en casi todas las variables la proporción de mujeres que no estaban "ni estudiando, ni trabajando" se impone frente a las otras categorías. (Gráfico 14.7). 14.6 Problemas educativos y laborales a consecuencia del primer embarazo ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 316 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) Condición de estudio o trabajo al tiempo de tener el primer embarazo (Mujeres de 15 a 24 años de edad con al menos un embarazo) La condición de "sólo estudiaba", es más alta en el área urbana, en la Amazonía, entre las menores de 17 años y en la categoría premarital (35.6%). Cuando "sólo trabajaba" tiene valores más elevados en el área rural (31.9%), en la Sierra (36.9%) principalmente en su área rural (45.4%); en las que tienen 20-24 años y en las del grupo indígena. De acuerdo al nivel de estudios que la mujer tenía en su primer embarazo, en el Cuadro 14.29 se observa que la gran mayoría de mujeres no era estudiante en el momento de quedar embarazadas (71.2%), cifra que aumenta a alrededor del 85 por ciento en áreas rurales de la Sierra y Costa. El 1.3 por ciento de los embarazos ocurrió en mujeres que tenían algún año aprobado en el nivel primario, el 22.1 por ciento en secundaria y el 5.4 por ciento en el nivel superior. En el nivel secundario sobresale con mayor frecuencia el área urbana (27.9%), las ciudades de Quito y Guayaquil (29.3% y 32.7%, respectivamente), la Amazonía (41.5%), en mujeres cuyo primer embarazo ocurrió cuando tenían entre 15 a 17 años (30.3%) y cuando el embarazo fue clasificado como premarital (34.6%). Cuando estudiaban en el nivel superior, los porcentajes más altos son en Quito (10.7%), en otras ciudades de la Sierra (13.2%) y en las que tenían 20 a 24 años de edad (14.9%). Entre las mujeres que eran estudiantes cuando supieron de su primer embarazo, el 57.8 por ciento interrumpieron sus estudios (Cuadro 14.30). Este porcentaje está compuesto por el 16.5 por ciento que interrumpió sus estudios y volvió a estudiar, y el 41.3 por ciento que ya no volvió a estudiar después de terminado su embarazo, con una mayor proporción en el área rural que en la urbana (65.2% contra 55.4%, respectivamente). En cambio, entre las mujeres que estaban trabajando cuando supieron de su embarazo, el 33.2 por ciento dejó de trabajar, proporción que es mayor en el área urbana que en la rural (37.8% contra 28.2%). De las mujeres que dejaron de trabajar, el 12.6 por ciento volvió a trabajar y el 20.6 por ciento no regresó a trabajar cuando terminó su primer embarazo (Gráfico 14.8). La probabilidad de no volver a estudiar o de no volver a trabajar es mayor cuando el embarazo es marital. La razón más frecuente tanto para las mujeres que no volvieron a estudiar, cuanto para las que no volvieron a trabajar fue que "no tenía con quién dejar al niño" (55.0% y 75.0%, respectivamente). Otras razones mencionadas fueron "no le quedaba tiempo" y "oposición del esposo", en alrededor del 9 por ciento (datos no presentados). � Gráfico 14.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 317 Consecuencias educativas y laborales a causa del primer embarazo De las mujeres de 15 a 24 años sexualmente activas, el 77.4 por ciento reportó haber tenido relaciones sexuales en los últimos tres meses previos a la entrevista, lo cual se clasifica como "actividad sexual reciente" (Cuadro 14.31). El porcentaje es mayor en el área urbana (80.4%) y en la Costa (83.2%). Como se espera, el porcentaje de mujeres que tuvo relaciones en los últimos tres meses es mayor en mujeres actualmente casadas o unidas (91.5%), seguido por las solteras (47.6%) y las separadas, divorciadas o viudas (42.2%). Las mujeres cuya edad actual está entre 20 a 24 años reportaron mayor actividad que las menores de 20 años (78.8% contra 74.3%, respectivamente). No se observa mayor diferencia en el comportamiento sexual reciente según el nivel de instrucción o económico de las mujeres. A estas mismas mujeres se les preguntó sobre el uso del condón en su última relación sexual. En el Cuadro 14.32 se observa que el 9.1 por ciento de ellas usó condón en su última relación sexual, cifra que es mayor en el área urbana (12.1%) que en la rural (4.5%). Se nota que el uso del condón es mayor en mujeres solteras (22.8%) y en las separadas, divorciadas o viudas (20.7%) que en las actualmente casadas/unidas (5.1%) y es más frecuente en mujeres con mayor nivel de educación o económico. La razón principal para usar condones en la última relación sexual fue para evitar el embarazo. A las mujeres de 15 a 24 años, que respondieron no usar el condón en su última relación sexual (Cuadro 14.33), se les preguntó la razón para no hacerlo: el 41. 7 por ciento manifestó "usar o haber usado otro método"; "nunca ha usado el condón" manifestó el 17.8 por ciento, más alto en el área rural (27.6%) y entre las solteras (24.5%); "a su pareja no le gusta" contestó el 9.5 por ciento, cuyo valor es más alto entre separadas, divorciadas y viudas. Con valores inferiores al 5 por ciento están razones con otros motivos.Y 14.7 Actividad sexual reciente y uso de condón en la última relación sexual ]]] � Gráfico 14.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 318 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 319 � Cuadro 14.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 320 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.2 � Cuadro 14.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 321 � Cuadro 14.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 322 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.5 � Cuadro 14.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 323 � Cuadro 14.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 324 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 325 � Cuadro 14.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 326 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.10 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 327 � Cuadro 14.11 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 328 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 329 � Cuadro 14.13 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 330 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.14 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 331 � Cuadro 14.15 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 332 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 333 � Cuadro 14.17 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 334 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.18 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 335 � Cuadro 14.19 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 336 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.20 � Cuadro 14.21 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 337 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 338 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.22 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 339 � Cuadro 14.23 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 340 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.24 � Cuadro 14.25 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 341 � Cuadro 14.26 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 342 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.27 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 343 � Cuadro 14.28 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 344 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.29 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 345 � Cuadro 14.30 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 346 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.31 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 ACTIVIDAD SEXUAL Y SALUD REPRODUCTIVA EN MUJERES 347 � Cuadro 14.32 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 348 DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD (ADOLESCENTES Y JÓVENES ) � Cuadro 14.33 15. Violencia contra la mujer ] Las normas y desigualdades por género pueden afectar muchos aspectos de la salud de la mujer y de su familia. Las convenciones internacionales reconocen los derechos reproductivos como parte fundamental del ejercicio de los derechos humanos. El Programa de Acción de El Cairo retoma el derecho básico de todas las parejas y todas las personas a decidir libre y responsablemente el número, el espaciamiento y el momento para tener sus hijos(as) y poseer la información y los medios para hacerlo, así como el derecho a tomar decisiones concernientes a la reproducción sin sufrir discriminación, coacciones, ni violencia. Por su parte, la Plataforma de Acción de Beijing reafirma y extiende este derecho al respeto por la integridad de la persona, y que para ejercerlo se requiere del respeto mutuo entre mujeres y hombres, el consentimiento y la responsabilidad compartida para el comportamiento sexual y sus consecuencias (Federación Internacional de Planificación de la Familia, Visión 2000. "Después de El Cairo y Beijing: impulso para avanzar". Londres, 1996). En la encuesta EDEMAIN-2004 se incluyó preguntas sobre las relaciones de pareja en tres aspectos: 1) la medida en que las parejas participan en la toma de decisiones con respecto a algunos aspectos de la familia y el hogar; 2) características de la relación entre las parejas; y 3) opiniones sobre situaciones en que la violencia física por parte del esposo o compañero puede ser justificada. En relación a la toma de decisiones en algunos aspectos de la familia y el hogar, el Cuadro 15.1 indica que para las mujeres actualmente casadas o unidas, la mayoría responden que los dos miembros de la pareja toman decisiones conjuntamente. En particular, la mayoría de mujeres actualmente casadas o unidas respondieron que los dos toman decisiones conjuntamente para visitas familiares (79%), uso de anticonceptivos (69.6%), cómo gastar el ingreso de la familia (68.6%), y cómo disciplinar a los hijos (68.1%). En cuanto a decisiones tomadas más por la mujer sola, el 29 por ciento relató que son ellas las que deciden cuando un hijo necesita ir al medico, y el 24 por ciento sobre el trabajar o estudiar fuera de la casa. En relación a decisiones tomadas más por el hombre solo, el 19 por ciento de mujeres relató que es el hombre quien toma decisiones sobre cómo gastar el ingreso de la familia y 22 por ciento de mujeres relato que es el hombre que tomen decisiones sobre si ella trabaja o estudia fuera del hogar. En el caso de mujeres separadas, divorciadas o viudas, es evidente que la frecuencia de la toma de decisiones por las dos personas en conjunto en sus relaciones previas fue menor. Las mujeres anteriormente casadas o unidas, por su lado, reportan más frecuencia de toma de decisiones por ellas solas, en comparación a mujeres actualmente casadas o unidas. Así mismo, relataron con más frecuencia que fueron los hombres que tomaban decisiones, particularmente sobre gasto de ingreso familiar, trabajar o estudiar fuera de la casa, y sobre visitas familiares. Para entender mejor la calidad de la relación entre las parejas, la ENDEMAIN incluyó una pregunta sobre cuatro aspectos de la vida conyugal (Cuadro 15.2). Casi tres cuartas partes de mujeres actualmente casadas o unidas respondieron que su esposo o compañero siempre le consulta su opinión (69%), que él es siempre cariñoso con ella (76%), y que él siempre respeta los derechos de ella (75%). En referencia a la fidelidad de su pareja, 60 por ciento de las mujeres relataron que nunca habían sospechado que su pareja era infiel, mientras el 25 por ciento respondió que a veces había sospechado, y 11 por ciento siempre sospechaban que su pareja era infiel. Entre las mujeres anteriormente casadas o unidas, una mayor proporción relató que su esposo o compañero consultaba su opinión solo a veces o nunca, era cariñoso con ella solo a veces o nunca, y que respetaba sus derechos a veces o nunca. En comparación con mujeres actualmente en unión, las previamente casadas o unidas indicaron con más frecuencia que sospechaban que su esposo era infiel (49% siempre sospechaban). La tercera pregunta dirigida sobre relaciones de género enfocó la opinión de las mujeres sobre situaciones en que un esposo tiene razón en pegar o maltratar a su esposa o compañera (Cuadro 15.3). En general, la mayoría de mujeres respondieron que el esposo o compañero no tiene razón, pero hubo variaciones notables con respecto a algunas situaciones. Sólo el 6 por ciento de las entrevistadas pensaban que existe razón a usar fuerza física en el caso que la mujer se niegue a tener relaciones sexuales con su compañero, pero casi el 28 por ciento pensaba que tiene razón en el caso de sospecha de que ella anduviera con otro hombre. Por lugar de residencia de la mujer, 15.1 Indicadores de autodeterminación y participación de la mujer en la toma de decisiones ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 349 existen variaciones significativas. Por ejemplo, mientras 22 por ciento de residentes urbanas piensan que el hombre tiene derecho de pegar a su esposa en el caso de sospecha de infidelidad, en el área rural esta opinión es compartida por el 37 por ciento de las mujeres. La violencia física o sexual contra las mujeres es un problema relevante de salud pública que puede afectar muchos aspectos de la salud física y psicológica (OMS, Informe Mundial Sobre la Violencia y la Salud, 2002). La violencia intrafamiliar, también llamada "maltrato de la pareja" o "maltrato de la esposa", es una faceta del problema global de violencia contra la mujer. En general, la violencia intrafamiliar es asociada con un desequilibrio en el poder que tiene una persona por parte de otra. En la mayoría de las veces, la violencia está dirigida contra la mujer por parte del hombre (Federación Internacional de Planificación de la Familia, Región del Hemisferio Occidental. Violencia Doméstica: estrategias para el tratamiento y la prevención. New York, 1994). Sin embargo, la violencia, sea contra la mujer o contra otros miembros de la familia, afecta a cada miembro de la misma. Los patrones de comportamiento violento frecuentemente pasan de generación en generación. El hecho de haber visto durante la niñez o la adolescencia maltrato entre el padre y la madre de familia, ha sido identificado como uno de los mayores factores de riesgo para el maltrato en las edades adultas (Straus MA, Gelles RJ. Physical Violence in American Families: Risk Factors and Adaptations to Violence in 8,145 Families. New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1990.). Del total de mujeres ecuatorianas de 15 a 49 años de edad, un 42 por ciento había observado alguna forma de violencia entre sus padres; el 35.9 por ciento observó maltratos físicos entre sus padres cuando ellas eran menores de 15 años de edad, y un 39.6 por ciento fue testigo de violencia psicológica (Cuadros 15.4 y 15.5). Estas cifras varían poco según área de residencia (Cuadro 15.4), pero existen variaciones según región, dominio y provincia, con tasas más altas en las regiones de la Sierra (Quito) y en Amazonía y en la provincia de Chimborazo, Pichincha, Tungurahua e Imbabura, en donde más de la mitad de mujeres observaron algún tipo de violencia entre sus padres. Según características de las mujeres también existen variaciones significativas (Cuadro 15.5), particularmente con tasas más altas entre mujeres indígenas en comparación con otros grupos étnicos y entre mujeres con bajos niveles de educación formal, en comparación a mujeres con más altos niveles. También se preguntó a las mujeres encuestadas si habían recibido algún maltrato físico o psicológico por parte de alguna persona antes de cumplir 15 años de edad. A nivel total, el 31 por ciento declaró haber recibido algún tipo de maltrato, 28 por ciento maltrato físico y 25 por ciento maltrato psicológico (Cuadro 15.6). No se observa variaciones importantes por área de residencia; sin embargo, existen algunas diferencias según dominio de estudio y provincia, con proporciones mayores de maltrato físico y psicológico en la niñez reportada por mujeres de la Sierra (Quito) y Amazonía, y en las provincias de Imbabura, Bolívar y Chimborazo. Según características de las mujeres también se aprecian variaciones significativas (Cuadro 15.7 y Gráfico 15.1), particularmente con tasas más altas entre mujeres indígenas que de otros grupos étnicos (41% de indígenas y 27% de mestizas relataron maltratos físicos) y entre mujeres de baja escolaridad con aquellas de mayores niveles de instrucción. Notable también es la diferencia según la experiencia de haber observado violencia entre los padres durante la niñez. Entre mujeres que había observado violencia física entre sus padres, un 50 por ciento fueron maltratadas físicamente antes de los 15 años de edad en comparación con las que no observaron violencia entre los padres. 15.2.1 Antecedentes en la niñez ] 15.2 Violencia en contra de la mujer ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 350 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER Maltrato físico o psicológico antes de cumplir 15 años (Mujeres de 15 a 49 años de edad) Las personas responsables del maltrato físico y/o psicológico a las mujeres durante su niñez fueron en su mayoría las madres y los padres, hermanos o hermanas (Cuadro 15.8). El Cuadro 15.9 muestra el porcentaje total de mujeres que relataron haber recibido maltrato físico o psicológico de sus padres o padrastros antes de los 15 años de edad, 24 por ciento violencia física y 21 por ciento violencia psicológica. Altos porcentajes de maltrato se registran en la Sierra (Quito y Zona Rural) y Amazonía, entre mujeres indígenas, las de mayor edad, y contra quienes tienen bajo nivel de instrucción. La violencia contra la pareja existe en todas las sociedades, culturas y niveles socioeconómicos. La violencia contra la pareja incluye agresiones físicas, como golpes, patadas, o golpizas, relaciones sexuales forzadas, maltratos psíquicos, tales como la intimidación y la humillación, y comportamientos controladores, como el aislamiento de una persona de su familia, amigos(as), o acceso a bienes económicos u otros tipos de asistencia (OMS, Informe Mundial Sobre la Violencia y la Salud, 2002). El diseño del módulo sobre violencia de pareja en la ENDEMAIN 2004 siguió las recomendaciones de un panel de expertos reunidos por la OMS en relación al diseño del cuestionario, específicamente en la utilización de múltiples métodos para medir la violencia y la inclusión de una variedad de tipos de violencia (OMS. "Violencia contra las mujeres: un panorama estadístico, desafíos y brechas en la recopilación de datos, y una metodología y enfoques para superarla"Informe preliminar, 2005.). Para la clasificación de la violencia verbal/psicológica, física, y sexual, se utilizaron en parte las recomendaciones del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), que sugiere definiciones estandarizadas para varios tipos de violencia de pareja. Las preguntas usadas para esta clasificación son las siguientes: X Violencia verbal o psicológica ¿Le hizo algo para humillarla? ¿Le gritó, insultó o llamó por apodos ofensivos? ¿Le amenazó con dañarse o dañar a alguien que sea importante para usted? X Violencia física (realizada o sólo amenazada) ¿La empujó, sacudió o le lanzó algún objeto? ¿La abofeteó o le torció el brazo? ¿La golpeó con puñete u otra cosa que podría herirla? ¿Le dio patadas, le ahorcó, o le dio una golpiza? ¿La amenazó con un cuchillo, arma, u otro objeto que podría herirla? 15.2.3 Violencia contra la pareja ] � Gráfico 15.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 351 X Violencia sexual (violación) ¿Le obligó a tener relaciones sexuales aunque usted no quiso? Es importante señalar que la definición de violencia física utilizada para la encuesta incluye amenazas con cuchillos o armas, aunque dichas amenazas pueden haber sido solo verbales y no conllevar tentativas o agresión física. Se ha seguido la definición de Reiss y Roth, que definen la violencia física de manera más amplia, como "Un comportamiento con intento de hacer daño físico a otra persona, incluyendo amenazas o tentativas de infligir daño físico". (Reiss AJ, Roth JA, eds. Understanding and Preventing Violence. Panel on the Understanding and Control of Violent Behavior, Committee on Law and Justice, National Research Council. Washington, DC, 1993.) Las preguntas sobre estos actos fueron dirigidas a mujeres que habían tenido al menos una relación de pareja. Es importante destacar que las mujeres alguna vez casadas o unidas manifestaron un riesgo mayor, y registran una prevalencia muy elevada, en comparación con las mujeres nunca casadas o unidas y que únicamente habían tenido enamorado o novio. Para estas mujeres, es importante reconocer que en su condición de solteras, en su mayoría son más jóvenes y por consiguiente no han estado expuestas al mismo período de riesgo de violencia, en comparación con las casadas o unidas alguna vez. Por esta razón, los resultados para estos dos grupos de mujeres se encuentran en Cuadros separados. Los resultados sobre violencia contra la mujer por parte de la(s) pareja(s) se analizan según dos períodos de tiempo: violencia de pareja en algún momento de la vida, y violencia reciente ocurrida durante los últimos 12 meses previos a la entrevista. Violencia de pareja en mujeres algunas vez casadas o unidas El Cuadro 15.10 y Gráfico 15.2 incluyen un resumen sobre los tres tipos de violencia de pareja reportada por las mujeres dentro de los dos períodos de tiempo descritos. Durante toda la vida, el 41 por ciento de las mujeres alguna vez casadas o unidas reportó que había recibido maltratos verbales o psicológicos, el 31 por ciento violencia física, y el 12 por ciento violencia sexual por parte de alguna pareja o ex-pareja (Grafico 15.2). Los porcentajes de mujeres que reportaron estos tres tipos de violencia en los últimos 12 meses, fueron: violencia verbal/psicológica 15 por ciento, violencia física 10 por ciento, y violencia sexual 4 por ciento. No se observan diferencias significativas según área de residencia. Entre mujeres nunca casadas o unidas que habían tenido al menos un enamoramiento o noviazgo, el 20 por ciento reportó violencia verbal/psicológica durante toda la vida, el 7 por ciento violencia física, y el 2 por ciento violencia sexual de pareja. Durante los últimos 12 meses, el 8 por ciento reconoció alguna violencia verbal o psicológica, 3 por ciento violencia física, y 1 por ciento violencia sexual. � Gráfico 15.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 352 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER En los Cuadros 15.11 a 15.13 se suma la prevalencia de los tres tipos de violencia durante toda la vida según lugar de residencia y características individuales de la mujer. Para mujeres alguna vez casadas o unidas, el Cuadro 15.11 indica algunas diferencias según lugar de residencia, con tasas más altas en mujeres de la Amazonía; en Quito y Guayaquil. Notable también es la prevalencia de violencia sexual en algunas provincias y regiones: Imbabura (18%), El Oro (16%) y Amazonía (17%). Con relación a características de mujeres alguna vez casadas o unidas, las tasas de violencia física de pareja de mujeres separadas, divorciadas, o viudas, son casi el doble que con respecto a las actualmente casadas o unidas y el triple con respecto a la violencia sexual (26% en mujeres separadas, divorciadas o viudas) (Cuadro 15.12). Para mujeres nunca casadas o unidas que habían tenido al menos un enamoramiento o noviazgo, se observan tasas elevadas en indígenas, y para violencia sexual, en mujeres ubicadas en bajo nivel educativo y en los quintiles económicos mas bajos (Cuadro 15.13). Considerando el año previo a la entrevista como el indicador principal de violencia reciente, en los Cuadros 15.14 y 15.15 se suma la prevalencia de los tres tipos de violencia según lugar de residencia y características seleccionadas de las mujeres. Para las alguna vez casadas o unidas, el Cuadro 15.14 indica que existen diferencias según lugar de residencia, con tasas más altas entre mujeres de la Amazonía. Además, la provincia de Bolívar registra tasas elevadas de los tres tipos de violencia. Mayores tasas de violencia de pareja en los últimos 12 meses se observa en mujeres indígenas, y las separadas, divorciadas o viudas (Cuadro 15.15). Mujeres entre 15 y 24 años de edad se destacaron por la prevalencia elevada de violencia física (15%) en comparación con mujeres mayores de edad. También, bajo nivel de instrucción formal y quintil socioeconómico está asociado con prevalencia elevada de los tres tipos de violencia (Gráfico 15.3). Violencia física de pareja, en mujeres alguna vez casadas o unidas en últimos 12 meses, según características seleccionadas En el Cuadro 15.16 se detallan los actos específicos de violencia verbal/psicológica y violencia física ocurridos en el último año. La violencia verbal/psicológica (15.3%) incluye, en orden de frecuencia, tres componentes: 1) gritos o insultos (13%), 2) el haber hecho algo para humillarla (10%), y 3) amenazas de dañarse o dañar a alguien que sea importante para ella (5%). Entre las mujeres casadas o unidas alguna vez no hubo mayor diferencia según lugar de residencia. Sólo destacan las cifras altas en la Amazonía. Tomando en cuenta las características individuales de las mujeres, se encuentra tendencias claras según estado civil actual (con mayor frecuencia los tres actos de violencia entre mujeres separadas, divorciadas y viudas), y además, tasas elevadas entre mujeres de 20 a 24 años de edad, las que no tienen instrucción formal, y las que se ubican en el quintil económico más bajo. � Gráfico 15.3 15.2.5 Violencia de pareja durante el último año ] 15.2.4 Violencia de pareja en el transcurso de toda la vida ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 353 En el Cuadro 15.17 se observa que para mujeres alguna vez casadas o unidas, la violencia física (10.3%) en el último año consistió, en orden de prevalencia, de: 1) la empujó, sacudió o le lanzó algún objeto (7.2%); 2) la abofeteó o le torció el brazo (6.4%); 3) la golpeó con puñete u otra cosa (5.3%); 4) le dio patadas, le ahorcó, o le dio una golpiza (4.2%); y 5) la amenazó con un cuchillo, arma, u otro objeto (1.9%). Este orden de magnitud fue consistente en casi todas regiones, dominios de estudio, y provincias, con tasas elevadas ya observadas en la Amazonía y Bolívar, las del grupo indígena, entre mujeres de 20 a 24 años, las sin instrucción formal, y las que están en el quintil económico más bajo. Por primera vez en una encuesta demográfica y de salud a nivel regional, el cuestionario incluyó una pregunta para determinar la relación específica entre la mujer y su agresor (Cuadro 15.18). Conforme a lo esperado, el marido o compañero actual fue nombrado como el responsable en alrededor de 85 por ciento de casos. Sin embargo, es notorio que los ex maridos o ex compañeros son identificados con frecuencia como agresores, y que, además, son identificados como responsables con mayor frecuencia para actos específicos de amenazas para dañar a la mujer (18%) o amenazas con cuchillo, arma, u otro objeto (19%). Es evidente que diferentes tipos de violencia ocurren a la vez, a la misma persona y a diferentes momentos en la vida. El Cuadro 15.19 muestra la frecuencia reportada de varios tipos de violencia. En toda la vida, el 14 por ciento de mujeres reportó sólo violencia verbal, 17 por ciento verbal y física, y 9 por ciento verbal, física y sexual. En total, el 46 por ciento de mujeres alguna vez casadas o unidas sufrieron por lo menos uno de los tres tipos de violencia. En el último año, el 6 por ciento de mujeres relató sólo violencia verbal, 6 por ciento violencia verbal y física, y 3 por ciento los tres tipos de violencia. En total, el 18 por ciento de mujeres sufrió alguno de los tres tipos de violencia durante el ultimo año. Para indagar sobre las condiciones o situaciones que propiciaron los actos de violencia de pareja reportados durante el último año, a todas las mujeres que mencionaron al menos un acto de violencia física o sexual de pareja se les preguntó: ¿en qué situaciones particulares esta[s] persona[s] le ha(n) agredido?, pudiendo mencionar más de una causa o situación. Las condiciones o situaciones citadas con mayor frecuencia fueron que la violencia ocurre cuando el hombre está borracho o drogado (52%), cuando él está celoso (52%), cuando hay problemas de trabajo (34%), o familiares (33%), o cuando en la familia falta dinero (31%) (Cuadro 15.20 y Gráfico 15.4). Con relación a las dos situaciones o condiciones más frecuentes se observa un contraste importante, según las características de las mujeres. Los celos de él hacia ella y cuando ella quiere salir fueron las condiciones que alcanzaron mayor mención entre mujeres más jóvenes, mientras el porcentaje de mujeres que reportó la influencia del alcohol o las drogas aumentó con la edad de la mujer, alcanzando el 66 por ciento entre las de 35 a 49 años de edad, en comparación con el 41 por ciento en las de 15 a 24 años. Las respuestas relacionadas con problemas del trabajo, de familia, y con la falta de dinero, fueron más comunes entre mujeres con baja instrucción formal, pero no hubo un patrón claro según quintil económico. Hubo alguna diferencia en la importancia relativa de las razones individuales según tipo de violencia de pareja. En general, mujeres violentadas física y sexualmente relataron todas las situaciones con mayor frecuencia en comparación a mujeres que relataron sólo violencia física o sólo violencia sexual. Situaciones particulares en que se produce la agresión física o sexual � Gráfico 15.4 15.2.6 Condicionantes y consecuencias de la violencia de pareja ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 354 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER Para indagar sobre las condiciones o situaciones que propiciaron los actos de violencia de pareja reportados durante el último año, a todas las mujeres que mencionaron al menos un acto de violencia física o sexual de pareja se les preguntó: ¿en qué situaciones particulares esta[s] persona[s] le ha(n) agredido?, pudiendo mencionar más de una causa o situación. Las condiciones o situaciones citadas con mayor frecuencia fueron que la violencia ocurre cuando el hombre está borracho o drogado (52%), cuando él está celoso (52%), cuando hay problemas de trabajo (34%), o familiares (33%), o cuando en la familia falta dinero (31%) (Cuadro 15.20 y Gráfico 15.4). Con relación a las dos situaciones o condiciones más frecuentes se observa un contraste importante, según las características de las mujeres. Los celos de él hacia ella y cuando ella quiere salir fueron las condiciones que alcanzaron mayor mención entre mujeres más jóvenes, mientras el porcentaje de mujeres que reportó la influencia del alcohol o las drogas aumentó con la edad de la mujer, alcanzando el 66 por ciento entre las de 35 a 49 años de edad, en comparación con el 41 por ciento en las de 15 a 24 años. Las respuestas relacionadas con problemas del trabajo, de familia, y con la falta de dinero, fueron más comunes entre mujeres con baja instrucción formal, pero no hubo un patrón claro según quintil económico. Hubo alguna diferencia en la importancia relativa de las razones individuales según tipo de violencia de pareja. En general, mujeres violentadas física y sexualmente relataron todas las situaciones con mayor frecuencia en comparación a mujeres que relataron sólo violencia física o sólo violencia sexual. A las mujeres que reportaron violencia en los últimos 12 meses se les preguntó si buscaron ayuda de alguna persona o institución; de todas ellas, el 46 por ciento respondió afirmativamente (Cuadro 15.22 y Gráfico 15.5). Esta proporción aumentó del 40 por ciento entre mujeres del área rural al 50 por ciento entre mujeres de residencia urbana. El haber buscado ayuda fue menos común entre mujeres indígenas (32%), las de mayor edad (36%), y las ubicadas en el quintil económico más bajo (36%). En contraste, el 54 por ciento de mujeres del quintil económico más rico buscaran alguna ayuda. Entre las mujeres que buscaron alguna ayuda, la mayoría obtuvieron de familiares o amigos (40%) y sólo el 7 por ciento de alguna organización o institución. Entre las instituciones más buscadas fueron las comisarías de la mujer (3.7%) y las estaciones de la policía (2.5%). Como los datos del Cuadro 15.22 lo evidencian, más que la mitad (54%) de las mujeres que relataron violencia física o sexual durante el último año no buscaron ninguna ayuda. El Cuadro 15.23 muestra las razones identificadas de no haber buscado ayuda, según tipo de violencia. Entre las mujeres con alguna experiencia de violencia física reciente, la mayoría respondió que creía que podía solucionar el problema sola (33%) o que no buscaron ayuda por tener vergüenza (23%). Con respecto a la edad de la mujer, las jóvenes respondían con mayor frecuencia que no sabían donde acudir, mientras las de entre 25 y 34 años de edad con mayor frecuencia relataron que no buscaron ayuda por vergüenza. Para mujeres con alguna incidencia de violación de pareja en el último año, la vergüenza fue la barrera más común (40%), seguido por miedo a represalia (22%). Entre otros factores de riesgo para la violencia de pareja están los relacionados con los antecedentes de violencia intrafamiliar reportados por la mujer en la niñez o adolescencia (Grafico 15.5). En el Cuadro 15.24 se observan diferencias significativas entre mujeres que observaron violencia en sus hogares antes de cumplir 15 años de edad, y entre las que recibieron alguna forma de maltrato antes de esa edad. Las mujeres que vivían en hogares violentos o que recibieron alguna forma de maltrato relataron los tres tipos de violencia en porcentajes significativamente mayores que las mujeres que vivían en hogares sin maltrato. 15.2.7 Búsqueda de atención o ayuda por violencia física o sexual de pareja ] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 355 Búsqueda de atención o ayuda por violencia física o sexual recibida en últimos 12 meses, según características seleccionadas La violencia sexual comprende una gran diversidad de actos, tales como relaciones sexuales forzadas por el esposo, compañero, u otro conocido, violación por parte de extraños, la solicitud de favores sexuales a cambio de trabajo o calificaciones escolares, abusos sexuales a menores, entre otros (OMS, Informe Mundial Sobre La Violencia y la Salud, Ginebra, 2003). La mayor parte de las agresiones sexuales tienen como víctimas a mujeres y niñas, y son perpetradas por hombres o niños. En la ENDEMAIN 2004 se aplicó una serie de preguntas sobre dos áreas de la violencia sexual: 1) la violación, definida como el forzamiento u obligación para tener relaciones sexuales con penetración, y 2) el abuso sexual sin penetración, que incluye el forzamiento u obligación a desvestirse, tocar las partes íntimas, o hacer otros actos sexuales sin llegar a la penetración. En el presente análisis se hace referencia a la primera área con el concepto de "sexo forzado" y a la segunda con el de "abuso sexual". En el Cuadro 15.25 se muestra que casi el 10 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad reportó que en el transcurso de su vida había experimentado alguna forma de violencia sexual, el 7 por ciento que fue forzado sexualmente (con penetración) y el 4 por ciento alguna situación de abuso sexual (sin penetración). El 1.3 por ciento de las mujeres reportó que había sido víctima de ambos tipos de violencia sexual. Las mujeres con residencia urbana reportaron los dos tipos de violencia con mayor frecuencia que las rurales, sobresaliendo la región Amazónica con frecuencia relativamente alta de violencia sexual. Las características individuales asociadas con violencia sexual son: el estar divorciada, separada o viuda, entre 35 y 39 años de edad, menores niveles de instrucción y quintil económico bajo (Cuadro 15.26 y Gráfico 15.6). 15.3 Violación y abuso sexual en la vida de la mujer ]]] � Gráfico 15.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 356 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER Sexo forzado (con penetración) o abuso sexual (sin penetración) durante toda la vida, según área y estado civil o conyugal actual de la mujer A las mujeres que reportaron sexo forzado o abuso sexual se les preguntó quién la había obligado a hacer estos actos. Como se muestra en el Cuadro 15.27, en la mayoría, de ambos casos de violencia sexual, los responsables resultaron ser conocidos, 86 por ciento en el sexo forzado y 81 por ciento en el abuso sexual. En cambio, sólo el 8 por ciento de las mujeres forzadas sexualmente y el 13 por ciento de las abusadas sexualmente reportó que el responsable era un desconocido. Entre las personas conocidas, hubo variación en la relación de la mujer con el hombre que cometió la violencia sexual según tipo de acto. Para el sexo forzado, abusadores nombrados con mayor frecuencia fueron los esposos o compañeros (27%), los ex esposos o ex compañeros (20%), los novios o ex novios (16%) y los vecinos, amigos u otros conocidos (14%). Para mujeres con experiencia de abuso sexual sin penetración, en cambio, la persona identificada con mayor frecuencia fue un vecino, amigo, u otro conocido sin parentesco familiar (25%), novios o ex novios (17%), y los primos, tíos o hermanos (14%). A las mujeres que reportaron haber sido forzadas o abusadas sexualmente o abusadas se les preguntó la edad que tenían la primera vez que les sucedió. El porcentaje de mujeres que reportó el primer abuso sexual (sin penetración) a una edad menor de los 15 años (42%) (Cuadro 15.28), fue mayor que el porcentaje que reportó el primer sexo forzado (con penetración) antes de esa edad (23%) (Cuadro 15.29). Para el 7 por ciento de las mujeres forzadas, la primera vez ocurrió cuando tenían menos de diez años de edad, y para el 16 por ciento cuando tenían de 10 a 14 años. En contraste, para el 18 por ciento de mujeres abusadas sexualmente, la primera vez ocurrió antes de los 10 años de edad, y para el 25 por ciento entre los 10 y 14 años. El porcentaje de mujeres que reportó el abuso sexual antes de los 10 años de edad resulta ser mayor en el área urbana con respecto a la rural (Cuadro 15.28). Las residentes de la Sierra informaron con mayor frecuencia que la primera experiencia de sexo forzado o abuso sexual ocurrió cuando tenían 10 años o menos, en comparación con mujeres residentes en la Costa. Son destacadas las cifras de sexo forzado con penetración en las solteras, menores de 10 años hasta 19 años cumplidos (rango de 15.6% hasta 43.8%). En tanto que ese abuso en separadas, divorciadas y viudas, es mayor desde 20 años hasta 30 años y más (del 18% al 22.8%). Y � Gráfico 15.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 357 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 358 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.1 � Cuadro 15.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 359 � Cuadro 15.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 360 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 361 � Cuadro 15.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 362 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 363 � Cuadro 15.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 364 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 365 � Cuadro 15.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 366 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.10 � Cuadro 15.11 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 367 � Cuadro 15.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 368 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.13 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 369 � Cuadro 15.14 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 370 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.15 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 371 � Cuadro 15.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 372 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.17 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 373 � Cuadro 15.18 � Cuadro 15.19 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 374 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.20 � Cuadro 15.21 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 375 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 376 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.22 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 377 � Cuadro 15.23 � Cuadro 15.24 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 378 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.25 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 379 � Cuadro 15.26 � Cuadro 15.27 Con penetración Sin penetración Sexo forzado 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 380 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER � Cuadro 15.28 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 381 � Cuadro 15.29 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 383 16. Infecciones de transmisión sexual y VIH/SIDA ] El primer caso de infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en Ecuador fue notificado en 1984, y desde esa fecha se ha observado un aumento constante y progresivo de casos, particularmente desde el año 2000. El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha registrado oficialmente un total acumulado al 2004 de 6.297 casos de personas con signos y síntomas del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o personas viviendo con el VIH, pero el número de casos no reportado podría aumentar el total de personas infectadas a 50.000. En 1994, la tasa de VIH/SIDA en hombres era mucho mayor que en mujeres, con una relación de siete hombres infectados por cada mujer, pero en el 2004 esa relación se ha reducido de dos a una. De los 1.006 casos de VIH/SIDA registrados en el Ecuador en el 2004, más del 76 por ciento corresponden a la región Costa, la gran mayoría de ellos en la provincia de Guayas (580 casos). Por su parte, la Sierra registró el 23 por ciento de los casos registrados en el país. Este capítulo cubre una amplia gama de temas relacionadas con el VIH/SIDA, incluyendo el conocimiento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) comunes en el país, los indicadores de conocimiento del VIH/SIDA y maneras para evitarlo, la percepción de su riesgo personal para adquirirlo, conocimiento y uso de la prueba del VIH, las actitudes de aceptación de las entrevistadas frente a las personas que viven con el VIH, y el uso de condones para evitar el VIH/SIDA. Se estima que existen más de 20 infecciones distintas que se transmiten por contacto sexual. Las ITS constituyen un problema en sí, pero también facilitan la transmisión del VIH, debido a que producen heridas (úlceras) en los órganos reproductivos que facilitan el paso del virus. Si la persona que tiene una ITS ulcerativa y se somete a tratamiento adecuado, sus probabilidades de transmitir el virus o de infectarse con él se reducen considerablemente. Vale mencionar que las ITS no ulcerativas también operan como cofactores de infección para el VIH, razón por la cual es recomendable ofrecer la prueba del VIH cuando se diagnostica una ITS. A todas las mujeres de 15 a 49 años de edad se les preguntó si habían oído hablar de las ITS más comunes en el Ecuador. El cuestionario contenía listadas once ITS (incluyendo el VIH/SIDA), y si no eran mencionadas espontáneamente, se preguntaba si habían oído hablar de cada una de ellas. Excluyendo el VIH/SIDA, los datos indican un alto desconocimiento de la mayoría de las otras ITS (Cuadros 16.1, 16.2 y Gráfico 16.1). La ITS más reconocida es la gonorrea (73.7%), seguida por la sífilis (52.3%), siendo las menos conocidas la candidiasis (11.3%) y la chlamydia (11.2%). Se encontró una diferencia significativa en el conocimiento de las ITS por área de residencia y provincia, observándose mayor reconocimiento de estas entre mujeres residentes en el área urbana y, con algunas excepciones, en las provincias de Guayas y El Oro. Usando como ejemplo la gonorrea y la sífilis, que han sido las dos ITS tradicionales, el porcentaje de mujeres que reconoce la gonorrea asciende del 55.2 por ciento entre mujeres que viven en el área rural al 85.5 por ciento de la urbana. Las mujeres que viven en la provincia de Manabí tienen mayor conocimiento de la gonorrea (87.0%) y mucho menor en Chimborazo (36.9%). Con respecto a la sífilis, el mayor porcentaje de conocimiento se encuentra en Manabí (62.8%) y el menor en Bolívar (26.4%). 16.1 Conocimiento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 384 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA Conocimiento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) (Mujeres de 15 a 49 años de edad) En general, el conocimiento de las ITS es bajo entre mujeres de 15 a 24 años de edad y en mujeres indígenas, lo que denota una falta de instrucción adecuada sobre sexualidad en el país (Cuadro 16.2). En el mismo cuadro se observa que en la medida que aumenta el nivel educativo o económico, también es mayor el conocimiento de las varias ITS. Por ejemplo, sólo el 38.8 por ciento de mujeres sin instrucción formal conoce la gonorrea, mientras que el 95.4 por ciento con instrucción superior conoce esta infección. Según nivel económico, el porcentaje que reconoce la gonorrea asciende del 53.1 por ciento en mujeres del nivel económico bajo al 90.5 por ciento entre las del nivel alto. Para algunas ITS, como sífilis, herpes genital y hepatitis B, las mujeres sin experiencia sexual tienen mayor conocimiento que las que si tienen experiencia sexual. Al nivel nacional, el 91.2 por ciento de las mujeres reconoce la existencia del SIDA, pero sólo el 62.5 por ciento de ellas lo mencionó en forma espontánea (Cuadros 16.3, 16.4 y Gráfico 16.2). El conocimiento espontáneo del SIDA es más alto entre mujeres que viven en el área urbana (73.1%), las mujeres solteras (67.0%) y las mujeres sin experiencia sexual (67.9%). También se observa que el conocimiento espontáneo del SIDA está relacionado directamente con el nivel de instrucción, ascendiendo del 25.6 por ciento en mujeres sin educación formal al 82.9 por ciento entre aquellas con instrucción superior. De igual forma, el conocimiento espontáneo aumenta en la medida que es mayor el nivel económico (Gráfico 16.3). 16.2 Indicadores de conocimiento del VIH/SIDA ]]] � Gráfico 16.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 385 Conocimiento espontáneo del VIH/SIDA, por provincia. (Mujeres de 15 a 49 años de edad) Con respecto a otros indicadores del conocimiento del VIH/SIDA, se observa en los Cuadros 16.5 y 16.6, que sólo el 75.1 por ciento de las mujeres sabe que una persona puede estar contagiada con el VIH y no presentar signos o síntomas de la enfermedad. Por otro lado, únicamente poco más del 82 por ciento de las mujeres sabe que no existe curación para el SIDA. El conocimiento sobre estos dos aspectos es mayor en el área urbana, en las provincias de Tungurahua, Guayas y Pichincha (primer aspecto), y en Cañar y Tungurahua (segundo aspecto). El conocimiento de estos dos aspectos está directamente relacionado con el nivel educativo o económico, Un menor conocimiento se aprecia en el área rural, y en las provincias de Carchi, Cañar y Azuay (primer aspecto), y en Bolívar y Manabí (segundo aspecto). Conocimiento espontáneo del VIH/SIDA, según características seleccionadas 78 70 68 59 42 66 24 46 73 62País Urbana Rural Indígena Mestizo 1 2 3 4 5 Ár ea G. Ét ni co Qu in til ec on óm ico Porcentaje � Gráfico 16.3 � Gráfico 16.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 386 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA En los Cuadros 16.7 y 16.8 se presentan los porcentajes de mujeres que espontáneamente mencionaron varias maneras para evitar el SIDA. El 22.5 por ciento de mujeres no mencionó alguna forma de prevención y sólo el 40.3 por ciento mencionó dos o más formas para evitar el contagio. El conocimiento de dos o más formas es mayor en el área urbana que en la rural (46.3% contra 28.9%). Los mayores porcentajes de mujeres que mencionaron espontáneamente dos o más formas de prevención se encuentran en las provincias de El Oro (52.0%), Guayas (48.3%) y Pichincha (47.2%), siendo menor en el caso de Bolívar (19.5%). Como es de esperarse, la probabilidad de conocer dos o más maneras se incrementa de acuerdo con el nivel educativo o económico, variando del 27.1 por ciento en mujeres sin instrucción formal al 58.6 por ciento en aquellas con instrucción superior, y del 26.7 por ciento en las de nivel económico bajo al 52.3 por ciento entre las del nivel alto (Cuadro 16.8). Según grupo étnico, el conocimiento de dos o más formas de prevención es sólo del 18.1 por ciento entre mujeres indígenas, mientras que en mujeres separadas, divorciadas y viudas este indicador es del 43.1 por ciento. Las tres principales formas de prevención más frecuentemente mencionadas espontáneamente fueron el uso de condones (51.9%), seguido por la monogamia (31.4%) y la abstinencia (17.1%) (Cuadros 16.9, 16.10 y Gráfico 16.4). Como se observa en los cuadros, sólo el 8.5 por ciento de las mujeres mencionó espontáneamente las tres formas en conjunto. Se puede apreciar que el mayor conocimiento de estas formas en conjunto se encuentra en Pichincha (15.3%) y Guayas (10.8%), y en sus capitales provinciales. Al contrario, el menor conocimiento se registra en Tungurahua, Bolívar, Chimborazo, Los Ríos y El Oro (menos del 2%). En el Cuadro 16.10 se observa que el conocimiento de las tres formas de prevención del VIH en conjunto, no varía mucho según edad actual y se incrementa con el nivel educativo o económico, alcanzando el 11.1 por ciento en mujeres con instrucción superior y el 11.6 por ciento entre las del nivel económico alto. En cuanto a la monogamia, en la medida que aumenta la edad, y el nivel educativo o económico, también es mayor el conocimiento de esta forma de prevención. De acuerdo a la edad, es notorio que las mujeres de 15 a 24 años de edad reconocen menos la importancia de la fidelidad que las otras mujeres. También se debe destacar que el porcentaje que mencionó el uso de condones aumenta en la medida que se incrementa el nivel educativo o económico, y es más alto entre las mujeres separadas, divorciadas o viudas (56.6%). Conocimiento espontáneo de las tres formas de prevención primaria de la transmisión sexual del VIH, según área de residencia Otro indicador del conocimiento del VIH/SIDA es en el porcentaje de mujeres que cree que el VIH puede ser transmitido por vías no documentadas. En los Cuadros 16.11 y 16.12 se puede observar que el 48.5 por ciento de mujeres cree que la picada de un mosquito o zancudo es una mecanismo de transmisión del VIH, cifra que asciende del 32.4 por ciento en la provincia de Azuay al 64.0 por ciento en Manabí. En forma similar, el 33.9 por ciento de las mujeres cree que puede infectarse al usar cubiertos usados por alguien que tiene el SIDA. La provincia de Chimborazo muestra la menor creencia en esta vía no documentada (27.3%), mientras que Bolívar muestra la mayor creencia (52.7%). Otras vías identificadas por las mujeres como medio de contagio del VIH que no están � Gráfico 16.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 387 documentadas, fueron: trabajando con una persona con SIDA (12.2%), besando en la frente (8.7%) y al dar la mano (7.4%), condiciones que son más altas en áreas rurales de la Sierra y Costa. Un porcentaje alto de mujeres sin educación formal y de la población indígena carece de información correcta sobre la transmisión del VIH (Cuadro 16.12). Por ejemplo, el 62.1 por ciento de mujeres sin educación formal cree que la picada de un mosquito o zancudo es un mecanismo de la transmisión del virus, mientras que el 49.5 por ciento cree que puede infectarse al usar cubiertos usados por alguien que tiene el SIDA. Más del 20 por ciento de mujeres indígenas cree que trabajando con una persona con SIDA, besando en la frente y dando la mano son mecanismos de transmisión del VIH. En los Cuadros 16.13 y 16.14, se muestra que al nivel nacional, el 65.9 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad ha oído hablar de la prueba del VIH, el 44.2 por ciento sabe donde la hacen y el 13.6 por ciento se ha realizado la prueba. El porcentaje que ha oído hablar de la prueba es más alto en el área urbana (75.7%) que en la rural (47.4%), con una diferencia de casi 30 puntos porcentuales. A nivel provincial, se observa que las residentes en Guayas tienen mayor conocimiento de la existencia de la prueba (77.8%), siendo mucho menor en Bolívar y Carchi (38.9% y 41.7%, respectivamente). De acuerdo a las características que contiene el Cuadro 16.14, el porcentaje resulta mayor entre mujeres del grupo étnico blanco (73.3%) y entre las que tienen 20 a 24 ó 35 a 39 años de edad (alrededor del 68%). Se observa que la cifra se incrementa con el nivel de instrucción, pasando del 41.6 por ciento en las que no tienen educación formal al 89.7 por ciento entre las que tienen instrucción superior. Similar incremento se observa con respecto al nivel económico, del 45.0 por ciento entre las del nivel bajo al 83.2 por ciento entre aquellas del nivel alto (Gráfico 16.5). El porcentaje que conoce donde hacen la prueba del VIH es más alto en el área urbana (53.4%) que en la rural (26.7%), con una diferencia de 27 puntos porcentuales (Cuadro 16.13). A nivel provincial, se observa que las mujeres que viven en Pichincha y Tungurahua tienen mayor conocimiento de algún lugar en donde hacen la prueba (52%), bastante diferente al bajo conocimiento que se registra en Bolívar, Cañar, Amazonía y Carchi (menos del 30%). De acuerdo con las características que contiene el Cuadro 16.14, el conocimiento de al menos un lugar donde hacen la prueba, resulta mayor entre mujeres de la población blanca (52.6%) y las que tienen de 35 a 39 años de edad (48.4%). Esta cifra se incrementa con el nivel educativo o económico (Gráfico 16.5). Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA, el 13.6 por ciento se ha realizado la prueba o examen del VIH. El porcentaje de mujeres del área urbana que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad es casi tres veces mayor que el porcentaje del área rural (17.2% contra 6.7%). Según provincias, esta cifra asciende de un 3.3 por ciento en Bolívar al 1.8 por ciento en Tungurahua y Pichincha. Llama la atención que en la Costa, región donde el MSP registra la mayor cantidad de casos, sólo el 14.3 por ciento de las mujeres se ha realizado la prueba en alguna oportunidad. Conocimiento sobre la prueba del VIH, sabe dónde la hacen y se ha hecho la prueba, según quintil económico � Gráfico 16.5 16.3 Conocimiento y uso de la prueba del VIH ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 388 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA El porcentaje de mujeres que se ha hecho la prueba varía del 8.2 por ciento entre mujeres de 15 a 19 años a casi el 18 por ciento en aquellas de 20 a 29 años de edad. Esta proporción asciende del 8.4 por ciento entre mujeres sin educación formal al 32.3 por ciento en aquellas con instrucción superior. Se observa un patrón similar según nivel económico (Gráfico 16.5). En resumen, el uso de la prueba del VIH en alguna oportunidad es bajo en las mujeres en edad fértil del Ecuador, particularmente en la Costa. La región Insular tiene el valor más alto (51%). Se destaca que las mujeres indígenas tienen valores muy bajos en conocimiento, lugar donde realizan, y prueba efectuada (34%, 15.2% y 3.7%, en ese orden). En los Cuadros 16.15 y 16.16 se muestra que, del total de mujeres que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad, el 33.0 por ciento se hizo la última prueba en un establecimiento del MSP, el 22.3 por ciento en una clínica privada y el 20.4 por ciento en las facilidades de la Cruz Roja. En general, el uso del sector privado aumenta en la medida que es mayor el nivel educativo o económico de las entrevistadas. A las mujeres de 15 a 49 años de edad que se han hecho la prueba del VIH en alguna oportunidad se les preguntó: “¿Ese examen se lo hizo por su propia voluntad o porque tenía que mostrar el resultado en algún lugar”?. Los resultados indican que el 21.2 por ciento de ellas informó haberse hecho la última prueba en forma voluntaria (Cuadros 16.17 y 16.18). El porcentaje que se hizo la prueba del VIH porque tenía que presentar el resultado en algún lugar es del 78.8 por ciento, cifra que no varía mucho según las características de análisis presentadas. La probabilidad de hacerse la prueba en forma voluntaria es mayor entre mujeres separadas, divorciadas o viudas (29.6%) y entre las del nivel económico alto (26.1%). Las mujeres que se hicieron la prueba por requerimiento son: las más jóvenes, las solteras y las de menores niveles de instrucción o económicos. De las mujeres de 15 a 49 años de edad que se han hecho la prueba del VIH en alguna oportunidad, el 30.1 por ciento se hizo la última prueba durante los 11 meses previos a la entrevista, mientras que otro 21.8 por ciento durante los 12 a 23 meses previos a la misma (Cuadros 16.19 y 16.20). Leyendo los totales de derecha a izquierda, se puede apreciar que el uso de la prueba se ha incrementado, siendo mayor en los años recientes, particularmente durante el último año previo a la encuesta. La probabilidad de realizar la prueba durante el último año es mayor en la Costa, entre la población blanca, en las de 15 a 19 años de edad, las que tienen alguna instrucción secundaria y entre las del segundo quintil económico. Según las normas y protocolos de salud, toda persona que solicite la prueba para detección del VIH, debe recibir consejería pre-prueba, y tanto los casos que resulten positivos como negativos a la prueba, deben recibir la consejería post-prueba. Para indagar sobre el cumplimiento a estas normas y protocolos, a todas las mujeres que reportaron haberse hecho la prueba al menos una vez en la vida, se les preguntó si habían recibido alguna forma de consejería antes y después del examen. El 56.3 por ciento de las mujeres reportó haber recibido algún tipo de consejería antes del último examen y de las mujeres que recibieron el resultado respectivo, el 41.4 por ciento indicó que había recibido consejería antes de conocer los resultados (Cuadros 16.21 y 16.22). La probabilidad de recibir consejería pre-prueba varía del 42.9 por ciento en “otros” establecimientos de salud al 72.7 por ciento en el IESS. Se observa que el 58.5 por ciento de mujeres que usaron las facilidades del MSP recibió consejería pre-prueba, cifra que baja al 49.0 por ciento entre mujeres que fueron atendidas en la Cruz Roja. El 90.5 por ciento de mujeres que se hicieron la prueba, recibió el resultado de la última prueba, cifra que sube al 98.8 por ciento entre mujeres que utilizaron los establecimientos de FFAA/Policía. Se observa que sólo el 59.9 por ciento de aquellas que utilizaron los servicios del IESS recibió los resultados de la última prueba. La probabilidad de recibir consejería antes de conocer los resultados varía del 31.3 por ciento en la Cruz Roja al 52.4 por ciento en clínicas de ONG’s. Es notorio que sólo el 43.2 por ciento de las mujeres que usaron las facilidades del MSP recibió consejería antes de conocer los resultados. A las mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen la prueba del VIH y saben donde la hacen, pero que nunca se la han hecho, se les preguntó la razón principal para ello. La razón mencionada con mayor frecuencia es que “no lo ha considerado necesario” (82.2%), cifra que asciende al 86.0 por ciento entre mujeres de la Sierra (Cuadro 16.23). Otro 4.0 por ciento mencionó que “no le han indicado o recomendado la prueba”, mientras que el 2.9 por ciento citó razones económicas. De las mujeres que han oído hablar de la prueba del VIH y nunca se la han hecho, el 90.3 por ciento informó estar dispuesta a realizársela si el precio de la prueba fuera conveniente (Cuadro 16.24). La proporción que se haría la prueba si se la ofrecieran a un precio que pudiera pagar no presenta mayor variación según las características presentadas en el cuadro. 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 389 A las mujeres que no estarían interesadas en realizarse la prueba si fuera accesible económicamente, se les preguntó la razón principal para no hacérsela. La mayoría (74.3%) dijo que “no la necesita” (Cuadro 16.25). Las otras razones que fueron especificadas con baja frecuencia, incluyen el 12.0 por ciento por “temor al resultado”, 3.9 por ciento por “temor a contagiarse” y el 3.3 por ciento por “temor a falta de confidencialidad”. Otro 1.0 por ciento citó “oposición de la pareja”. En la encuesta se hizo una serie de preguntas a las entrevistadas que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA para indagar sobre las actitudes de aceptación frente a las personas que viven con el VIH, conocido también como indicador de estigma y discriminación. Las preguntas que se les hizo fueron las siguientes: a) Si un pariente suyo se enfermara de SIDA, ¿Estaría usted dispuesta a recibirlo y cuidarlo en su casa?, b) Si usted supiera que un vendedor de verduras o alimentos tiene SIDA, ¿Le compraría usted a él?, c) Si una profesora se encuentra infectada por el VIH, pero no se ve enferma, ¿Se le podría permitir que siga dando clases?, d) Si una persona de su familia se infectara con el virus del SIDA, ¿Preferiría usted que eso se mantuviera en secreto?, y e) Si un niño está infectado con el virus del SIDA, ¿Piensa que se le debe dejar que vaya a la misma escuela o colegio donde van los niños y niñas de su familia?. En los Cuadros 16.26 y 16.27 se presentan los resultados. El 71.1 por ciento de las mujeres estaría dispuesta a recibir y cuidar en su casa un pariente enfermo de SIDA, pero sólo el 52.5 por ciento reporta que tiene preferencia en mantenerlo en secreto. La aceptación de recibir o cuidar a un familiar con SIDA varía del 65.5 por ciento en el área rural al 74.1 por ciento en la urbana, pero la preferencia de mantenerlo en secreto varía del 49.8 por ciento en el área urbana al 57.6 por ciento en la rural. Según provincias, los mayores porcentajes que estarían dispuestas a recibir y cuidar en su casa a un pariente enferma con el SIDA, se encuentra en Imbabura, Pichincha y Esmeraldas (alrededor del 74%), mientras que las mayores proporciones que tienen preferencia de mantenerlo en secreto se encuentran en Manabí (63.4%) y Loja (59.0%). En general, el porcentaje de mujeres que estaría dispuesta a recibir y cuidar en su casa a un pariente enfermo de SIDA aumenta con el nivel educativo o económico, pero disminuye con respecto a la edad de la informante (Cuadro 16.27). La proporción que tiene la preferencia de mantener en secreto el hecho de que un familiar esté viviendo con el VIH/SIDA, es menor entre mujeres de 15 a 29 años de edad, y desciende del 61.8 por ciento entre mujeres con baja instrucción primaria al 46.7 por ciento entre aquellas con instrucción superior. En forma similar se observa que desciende del 58.3 por ciento entre las que pertenecen al quintil económico más bajo al 50.1 por ciento entre aquellas del quintil más alto. En los Cuadros 16.26 y 16.27 también se observa que el 58.1 por ciento de las mujeres aceptaría que una profesora infectada por el VIH, aunque no se vea enferma, siga dando clases, y el 48.3 por ciento estaría dispuesta a comprar verduras o alimentos a un vendedor con SIDA. La primera proporción baja del 65.4 por ciento entre mujeres del área urbana al 44.1 por ciento en la rural, y la segunda, del 54.0 al 37.7 por ciento, respectivamente. Según provincias, los porcentajes más altos que aceptarían que siga dando clases una profesora infectada por el VIH, aunque no se vea enferma, se encuentran en Pichincha y Tungurahua (69.6% y 68.1%, en ese orden), y los menores en Los Ríos, Amazonía y Manabí (41.2%, 44.6% y 48.3%, respectivamente). Por su parte, la mayor disposición a comprar verduras o alimentos a un vendedor con SIDA se encuentra en Pichincha, Guayas y Tungurahua (más de 50%). También se observa que el 54.6 por ciento de mujeres informó que sería aceptable que niños o niñas infectados con el virus del SIDA asistan a la misma escuela o colegio donde van los niños y niñas de su familia. Esta cifra varía del 40.8 por ciento en el área rural al 61.9 por ciento en la urbana. Según provincias, los porcentajes más altos de aceptación se encuentra en Pichincha (65.9%) y en Tungurahua (62.9%), y los menores en Bolívar (41.2%) y la Amazonía (41.4%). La discriminación de una profesora infectada por el VIH, aunque no se vea enferma, es mayor en mujeres solteras y entre las que tienen 15 a 24 años de edad, y asciende con el nivel educativo o económico (Cuadro 16.27). Por su parte, la discriminación hacia un vendedor de verduras o alimentos es bajo (30.8%) entre la población indígena y asciende con el nivel educativo o económico. La proporción que aceptaría niños o niñas infectados con el VIH en la misma escuela o colegio donde van los niños o niñas de su familia, es mayor entre mujeres solteras y asciende con el nivel educativo o económico. El SIDA es una enfermedad incurable y mortal que afecta a hombres, mujeres y niños(as) de cualquier clase social en todos los países del mundo. La percepción del riesgo de adquirir el VIH/SIDA, puede ser determinante en el comportamiento sexual y las medidas que las mujeres y los hombres adopten para protegerse. 16.5 Percepción personal del riesgo de adquirir el VIH/SIDA ]]] 16.4 Actitudes de aceptación frente a las personas que viven con el VIH/SIDA ]]] 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 390 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA Percepción de riesgo de infectarse del VIH/SIDA, por provincia. (Mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA) A todas las mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA, se les preguntó: “¿Cree que usted tiene algún riesgo o peligro de infectarse del VIH/SIDA?”. Como se observa en los Cuadros 16.28 y 16.29, el 59.5 por ciento de las mujeres considera que no tiene riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA y el 28.2 por ciento cree que tienen algún riesgo. Las mayores proporciones de mujeres que consideran que tienen riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA viven en el área urbana (29.2%), en las provincias de Loja (37.1%) y Tungurahua (36.2%) (Gráfico 16.6), son separadas, divorciadas o viudas (30.6%), tienen 45 a 49 años de edad (33.3%), tienen instrucción superior (31.2%) (Gráfico 16.7) y son clasificados en el nivel económico alto (30.6%). Cabe señalar que aproximadamente el 12.3 por ciento de mujeres no pudo dar una respuesta categórica y dijeron que no sabían si tenían o no algún riesgo. La probabilidad de no saber su riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA es mayor entre las mujeres de Chimborazo, Los Ríos y Cotopaxi. También es mayor entre mujeres con ninguna o poca escolaridad y entre las del nivel económico bajo. � Gráfico 16.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 391 Percepción de riesgo de infectarse del VIH/SIDA, según área y nivel de instrucción En los Cuadros 16.30 y 16.31 se muestran las razones por las cuales las mujeres perciben que tienen riesgo de adquirir el VIH/SIDA. El 15.7 por ciento declaró que “su pareja pasa mucho tiempo fuera” y el 15.0 por ciento mencionó que “su pareja tiene más parejas”. La primera razón es importante para las mujeres que viven en Bolívar y Los Ríos, y entre las que tienen poca o ninguna educación formal, mientras que la segunda es importante para las de Imbabura, Bolívar, Loja y Esmeraldas, y entre las que tienen bajos niveles de instrucción. En el caso particular de las mujeres casadas o unidas es conveniente mencionar que el 20.3 por ciento hizo alusión directa a la infidelidad al responder que “su pareja tiene más parejas” sexuales y que el 24.0 por ciento lo hizo en forma indirecta al responder que “su pareja pasa mucho tiempo fuera”. Acumulando estas dos cifras se puede mencionar que el 44.3 por ciento de mujeres considera que tiene algún riesgo de contraer el VIH por la infidelidad del cónyuge. El 15.8 por ciento considera que tiene riesgo porque “ha tenido transfusiones de sangre”, el 13.3 por ciento porque “no sabe como protegerse” y un 8.8 por ciento porque “usa medicina inyectable”. Se observa que el 7.1 por ciento tiene “miedo de infectarse en un sitio médico” y el 8.5 por ciento dio como razón el “no sabe con quien se junta”. Por el contrario, en los Cuadros 16.32 y 16.33 se incluyen las razones por las cuales las mujeres consideran que no tienen riesgo de adquirir el VIH/SIDA. El 29.8 por ciento declaró que “tiene una sola pareja”, el 23.6 por ciento que “no tiene pareja sexual” y el 23.1 por ciento que “conoce bien a su pareja”. El 11.7 por ciento dijo que “no tiene relaciones sexuales” y el 4.0 por ciento que “no tiene sexo con desconocidos”. La razón “tiene una sola pareja” fue la reportada con mayor frecuencia por mujeres casadas o unidas (47.4%), mientras que la razón “no tiene pareja sexual” fue la más mencionada por las mujeres separadas, viudas o divorciadas, y por las solteras (53.5% 51.9%, respectivamente). Otro 30.2 por ciento de las solteras dijo que “no tiene relaciones sexuales”. El uso de condones de manera continua y adecuada puede contribuir a reducir la velocidad de la expansión de la epidemia del VIH/SIDA entre la población sexualmente activa. Por esta razón, a las mujeres que estuvieron activas sexualmente durante el último año previo a la entrevista, se les preguntó si habían usado condones en su última relación sexual; el 6.1 por ciento respondió afirmativamente a esta pregunta (Cuadros 16.34, 16.35 y Gráfico 16.8). Las mujeres solteras presentan la proporción más alta de uso de condones (20.8%), seguida por mujeres separadas, viudas o divorciadas (11.2%). El uso del condón en la última relación sexual en el área urbana casi duplica a la rural (7.3% contra 3.8%). Sólo el 0.4 por ciento de mujeres sin educación formal usó el condón en la última relación sexual, alcanzando un máximo del 10.4 por ciento en mujeres con instrucción superior. En forma similar, se incrementa del 3.2 por ciento entre mujeres ubicadas en el nivel económico bajo al 9.1 por ciento entre las que pertenecen al nivel alto. Con respecto a la percepción personal del riesgo de infectarse del VIH/SIDA, llama la atención que el uso es reducido entre mujeres que perciben riesgo de contraer el VIH (5.7%). 16.6 Uso del condón en la última relación sexual ]]] � Gráfico 16.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 392 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA Mención del uso del condón como forma o manera de prevenir infectarse del VIH/SIDA, por provincia. (Mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA, tuvieron relaciones sexuales en el último año y usaron el condón) Al 6.1 por ciento de mujeres que usó el condón en su última relación sexual durante el año previo a la entrevista, se les leyó tres diferentes propósitos o razones para el uso del condón y se dejó la opción de mencionar una cuarta razón. De esta forma, cada entrevistada podía mencionar más de un propósito o razón. En el Cuadro 16.36 y Gráfico 16.9 se observa que el 93.2 por ciento había usado el condón para evitar el embarazo, el 31.7 por ciento para evitar el VIH/SIDA y el 35.0 por ciento para evitar otras ITS. El uso del condón con el propósito de protegerse de la infección de VIH/SIDA fue más frecuente entre mujeres solteras (59.2%), en mujeres separadas, divorciadas o viudas (56.9%), en las del nivel económico bajo (43.8%) y entre las que aprobaron la instrucción primaria o tienen estudios a nivel secundario (alrededor de 39%). Llama la atención que sólo el 36.2 por ciento de las mujeres que perciben que tienen algún riesgo de adquirir el VIH usó el condón para evitar el VIH/SIDA. Por el contrario, a las mujeres que no usaron el condón en la última relación sexual se les preguntó la razón por la cual no lo habían usado en esa ocasión. El 51.7 por ciento respondió que no lo usó porque “usa o usaba otro método” de planificación familiar (Cuadro 16.37), el 15.6 por ciento mencionó que “nunca ha usado condones”, el 8.8 por ciento dijo que “a su pareja no le gusta” usar condones y el 7.5 por ciento que “tiene una sola pareja”. Con raras excepciones, las tres razones más frecuentes para no usar el condón, según las características que se incluyen en el Cuadro 16.37, son: el uso de otro método de planificación familiar, el no usar condones y la oposición al uso de parte de la pareja. � Gráfico 16.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 393 Propósito del uso del condón en la última relación sexual A todas las mujeres de 15 a 49 años de edad que estuvieron activas sexualmente durante el último año previo a la entrevista y no usaron el condón en su última relación sexual, se les preguntó si estarían dispuestas a usar el condón si su pareja sexual se lo propusiera, e indistintamente de la respuesta obtenida, también se les preguntó cómo pensaban que reaccionarían sus parejas respectivas si fueran ellas las que propusieran el uso. Ambas preguntas pueden considerarse hipotéticas, en el sentido de que es probable que ciertas mujeres nunca hayan pensado en ello, aún estando casadas o en unión consensual. También es oportuno aclarar que al hablar de pareja sexual, no se refiere exclusivamente a la pareja conyugal. El 42.5 por ciento de las mujeres usaría los condones si su pareja lo propusiera (Cuadro 16.38). Las mayores proporciones de mujeres que estarían dispuestas a usar el condón bajo esta condición se encuentran entre las solteras (49.4%), las que tienen instrucción superior (56.5%), las del nivel económico alto (52.8%) y las que viven en el área urbana (45.8%). Llama la atención que sólo el 47.5 por ciento de las mujeres que perciben tener algún riesgo de contraer el VIH estaría dispuesta a usar el condón si la pareja sexual lo propone. Con respecto a la pregunta sobre la reacción que tendría la pareja sexual al ser la mujer la que pidiera o propusiera el uso del condón, el 33.4 por ciento respondió que su pareja aceptaría, en cambio el 33.6 por ciento considera que se molestaría (Cuadro 16.39); una proporción alta respondió que no sabía cuál sería la reacción (27.6%). Las mayores proporciones que perciben que la pareja aceptaría el uso de condones se encuentran entre los mismos grupos de mujeres que mencionaron con mayor frecuencia que ellas aceptarían el uso si la pareja lo propusiera: las solteras (45.0%), las que tienen instrucción superior (51.5%), las del nivel económico alto (47.1%) y las que viven en el área urbana (36.7%). Sólo el 33.2 por ciento de mujeres que perciben algún riesgo de contraer el VIH consideraba que la pareja aceptaría el uso de condones. El hecho de encontrar que la percepción que tienen las entrevistadas de la aceptación del uso del condón por parte de la pareja, generalmente es más baja que su disposición para aceptar el uso si la pareja lo propone, y que prácticamente una de cada tres mujeres no sabía determinar la reacción de su pareja sexual, puede indicar que las parejas no están hablando sobre temas trascendentes para garantizar la salud reproductiva. Y 16.7 Disposición al uso del condón en la pareja ]]] � Gráfico 16.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 394 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.1 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 395 � Cuadro 16.2 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 396 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.3 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 397 � Cuadro 16.4 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 398 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.5 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 399 � Cuadro 16.6 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 400 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.7 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 401 � Cuadro 16.8 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 402 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.9 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 403 � Cuadro 16.10 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 404 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.11 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 405 � Cuadro 16.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 406 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.13� Cuadro 16.12 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 407 � Cuadro 16.14 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 408 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.15 � Cuadro 16.16 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 409 � Cuadro 16.17 � Cuadro 16.18 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 410 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.19 � Cuadro 16.20 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 411 � Cuadro 16.21 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 412 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.22 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 413 � Cuadro 16.23 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 414 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.24 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 415 � Cuadro 16.25 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 416 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.26 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 417 � Cuadro 16.27 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 418 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.28 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 419 � Cuadro 16.29 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 420 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.30 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 421 � Cuadro 16.31 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 422 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.32 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 423 � Cuadro 16.33 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 424 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.34 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 425 � Cuadro 16.35 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 426 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.36 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 427 � Cuadro 16.37 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 428 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA � Cuadro 16.38 2004ENDEMAIN I N F O R M E F I N A L 80.6 91.8 67.4 45.3 50.1 39.6 21.7 20.6 23.0 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 25.5 42.3 45.7 38.3 17.3 16.3 18.6 63.7 65.6 61.6 53.5 57.8 48.5 67.4 70.6 63.56.3 4.8 7.9 30.7 6.3 4.8 7.9 30.7 35.4 INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Y VIH/SIDA 429 � Cuadro 16.39

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